Las denuncias por presunta corrupción en la Comisión Federal de Electricidad (CFE) en Puerto Escondido vuelven a encender el malestar ciudadano, en una región donde el crecimiento turístico contrasta con servicios públicos cada vez más cuestionados.
Usuarios señalan cobros excesivos, fallas constantes en el suministro eléctrico y una preocupante falta de transparencia en la atención a quejas, lo que alimenta la percepción de que la empresa opera con impunidad.
A esto se suman acusaciones sobre posibles arreglos irregulares en contratos y en la instalación de infraestructura, donde los costos no siempre coinciden con la calidad del servicio ofrecido.
Mientras tanto, pequeños comercios y familias cargan con tarifas elevadas sin recibir respuestas claras, lo que evidencia un distanciamiento entre la CFE y la realidad que enfrentan los habitantes de la región de la Costa en Oaxaca.
En un destino clave para la economía de Oaxaca, la falta de rendición de cuentas no solo afecta a los usuarios, sino que también pone en riesgo la confianza en las instituciones públicas.
Si las autoridades no investigan a fondo estas denuncias, el mensaje que se envía es claro: la opacidad sigue siendo la regla, incluso en sectores estratégicos para el desarrollo regional.
AL ALZA COBROS DISCRECIONALES
En Puerto Escondido, los cobros excesivos de la CFE se han convertido en una queja recurrente que golpea directamente la economía de familias y pequeños negocios.
Usuarios denuncian recibos que llegan con aumentos injustificados, sin un consumo proporcional que los respalde, lo que genera incertidumbre y desconfianza hacia la paraestatal.
La situación se agrava con la falta de respuestas claras pues al acudir a las oficinas, muchos ciudadanos se enfrentan a trámites burocráticos, explicaciones ambiguas o simplemente a la negativa de revisar a fondo los medidores y facturaciones.
Esta opacidad alimenta la percepción de que no existen mecanismos efectivos de supervisión ni voluntad para corregir errores.
En una zona donde el calor obliga a un mayor consumo eléctrico, las tarifas elevadas deberían ser acompañadas de un servicio eficiente y transparente, algo que, según los usuarios, dista de la realidad.
La falta de sensibilidad institucional no solo afecta el bolsillo, sino que también deteriora la confianza en una empresa pública que debería priorizar el bienestar de la población.
Si no se atienden estas denuncias con seriedad, el problema podría escalar en inconformidad social, evidenciando una vez más la urgencia de rendición de cuentas y de un servicio eléctrico que realmente esté a la altura de las necesidades de Puerto Escondido. Finalmente llueven las quejas en contra del personal de la oficina central de la Comisión Federal de Electricidad en la costa, por malos tratos, despotismo e ineptitud. Por otra parte, brigadas de técnicos de la CFE se quejan amargamente de la reducción del presupuesto que no solo afecta sus salarios si no los recursos técnicos para dar un buen servicio a la Región.









































