Su salario no llega ni al mínimo vigente, tampoco tiene prestaciones laborales, pero la necesidad y su estado de salud llevaron a María Hernández, de 44 años, a atender un puesto de dulces regionales en las calles del municipio de Santa Lucía del Camino.
No es su negocio, aunque también le gustaría tener un puesto propio para tener cierta libertad y mejores condiciones, aunque sabe que es también una mayor responsabilidad y gasto. Por ahora, esta es su mejor opción.
En este municipio de los Valles Centrales de Oaxaca, muchas mujeres como ella laboran en la informalidad enfrentando múltiples carencias. María ha tenido que buscar y aceptar este trabajo por su reciente lesión en la espalda, que le impide seguir en la elaboración de tortillas.
Por 15 años, diariamente elaboraba tortillas y hacía todo lo relacionado con este trabajo, en un negocio que tampoco era el suyo y en el que de igual manera carecía de prestaciones laborales.
“Uno no tiene nada”, dice Hernández sobre empleos como los suyos, a los que llegan muchas mujeres en sus condiciones, especialmente porque no saben leer ni escribir, como ella.
Sin apoyo laboral
Por su lesión en la columna y debido a que no tenía prestaciones laborales, María tuvo que acudir con un médico y laboratorios particulares. “Casi 12 mil pesos gasté en 12 días y ahorita estoy yendo con traumatólogo y fisioterapeuta. Siguen los gastos, el doctor me dijo que ya no puedo hacer tortillas y que no puedo cargar más de 10 kilos”, contó desde su puesto cerca del mercado Las Flores.
De los 300 pesos de salario diario, María señala que también dependen sus dos hijos. Debido a que su esposo también está enfermo, el recurso ha sido insuficiente para mantener los estudios de uno de sus hijos, cuenta María, quien además de la jornada de 8 horas en el puesto de dulces tiene otra más por las labores del hogar.
En el estado de Oaxaca, otras mujeres como María enfrentan condiciones y carencias similares. Una de ellas es Lucía Ruiz Aragón, comerciante en vía pública en el centro de la capital oaxaqueña.

El gobierno, un obstáculo
La mujer de 58 años de edad señala que vender en la vía pública tampoco es fácil a causa de la represión del gobierno capitalino y la falta de apoyos para las mujeres. También porque ante la falta de seguridad social y de acceso a un servicio de salud tiene que pagar un médico particular.
Aunque podría acudir al servicio público, como al Hospital Civil, comenta que el servicio es deficiente ante la falta de medicamentos e insumos y porque no siempre se les atiende.
Francisca Ruiz, otra de las comerciantes del centro histórico, cuenta que aun cuando existen leyes y los derechos de las mujeres están en la Constitución, en la realidad estos no se garantizan. Quienes disfrutan de los derechos, dice, son generalmente las mujeres que están en una posición económica y social más alta dejando de lado a las de menos recursos.
Aun cuando tiene varios años como comerciante en vía pública, Francisca coincide con Lucía al señalar que las autoridades no consideran a quienes realmente necesitan trabajar y que han cumplido con sus permisos por varias administraciones.
De 24.3 millones de mujeres ocupadas en el mercado laboral, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) señala que más de la mitad (55.9 %) se encontraba en ocupación informal. Es decir, en el sector informal o en trabajos en los que no se les otorgan las prestaciones a las que tienen derecho.
Independientemente de la condición de sus relaciones laborales, el instituto también explicó que hasta el tercer trimestre del 2025 las entidades federativas con las tasas más altas de participación económica de las mujeres fueron Colima (56.6 %), Baja California Sur (55.8 %) y Ciudad de México (54.8 %).
En contraste, Chiapas (32.5 %), Veracruz (36.3 %) y Zacatecas (40.7 %), registraron las tasas más bajas. En Oaxaca, la participación fue del 45.5 por ciento, ligeramente por debajo del promedio nacional: 45.7 por ciento.







































