Tercera parte
Así fue como el matrimonio Frissell donó la casa, museo, hotel y restaurante, junto con todo lo que había en su interior: los miles de piezas de la Colección Frissell y las 600 extraordinarias piezas de Howard Leigh, a lo que hoy es la Universidad de las Américas Puebla.
Tuve la oportunidad de tratar al notario público que realizó la operación, la cual en realidad no fue una compraventa, sino una donación condicionada a que el inmueble sirviera siempre como museo y que las piezas arqueológicas nunca salieran de Mitla. No se trató de una compraventa, pues, como ya expliqué, existe otra escritura pública de la misma fecha en la que los dueños del Mexico City College —hoy Universidad de las Américas Puebla— devuelven el dinero recibido a los Frissell, cantidad que además fue simbólica: $45,000.00 (cuarenta y cinco mil pesos 00/100 M.N.).
Esa suma difícilmente alcanzaría para adquirir una sola de las obras de los destacados pintores que donaron piezas, y mucho menos para estimar el valor de las grandes piezas de las colecciones que ahí se resguardaban.
El notario me explicó que realizó una compraventa, a pesar de que le solicitaron elaborar un contrato de donación, debido a que en esa época la Secretaría de Hacienda imponía muchos requisitos a las donaciones, ya que estas estaban exentas del impuesto sobre la renta. Por ello, se elaboraron dos contratos: uno de compraventa con una entrega de dinero simulada y otro en el que los Frissell devolvieron ese dinero al Mexico City College.
Así, en el año 2001, ante la indignación de los habitantes de Mitla por el asalto al museo —y la exigencia a la UDLAP de devolver la casa y transparentar los hechos, ya que no hubo denuncia alguna—, la situación se agravó. Años después, el gobernador Murat, mediante la intervención de Gertz Manero, compró la casa a la UDLAP por un millón de pesos y la puso a nombre del Gobierno del Estado.
Este gobernador no escuchó a la gente de Mitla, quienes sostenían que la casa pertenece al pueblo y que únicamente debía devolverse legal y materialmente. Asimismo, exigían que la UDLAP transparentara el destino de las piezas de las colecciones Frissell y Howard.
Cabe preguntarse si el patronato de la UDLAP —la familia Jenkins— conoce el valor del patrimonio que estuvo en sus manos. Los dueños originales del Mexico City College, de apellido Pondsford, fallecieron y la institución se transformó y posteriormente se trasladó a Puebla. Cuando el síndico de Mitla acudió a la UDLA en la Ciudad de México, se contactó a Gertz Manero, quien entonces era secretario de Seguridad Pública con Fox y aún tenía relación con la universidad. La respuesta fue que no sabían nada, pues todo había sido trasladado a Puebla.
Actualmente, tengo entendido que el municipio tiene la casa en comodato, donde se alberga un museo de sitio muy limitado y carente de sus piezas originales. El INAH afirma que estas se encuentran resguardadas en el sótano del exconvento de Santo Domingo, donde han permanecido durante 25 años. Surge entonces la pregunta: ¿cuántas piezas siguen ahí?, ¿en qué estado de conservación se encuentran?, ¿existe riesgo de deterioro o incluso de saqueo, considerando su altísimo valor patrimonial y estético, además de haber sido curadas por el experto en arte prehispánico Howard Leigh?
Resulta preocupante que este patrimonio permanezca oculto o posiblemente perdido sin generar una reacción generalizada. El gobierno federal, representado por el INAH, parece olvidar que no es propietario de este patrimonio, sino que pertenece a los oaxaqueños y a todos los mexicanos.
¿Qué esperan las autoridades? ¿Por qué los gobiernos estatales no defienden con firmeza lo que les corresponde y se subordinan ante instancias federales? El federalismo implica que los tres órdenes de gobierno —municipal, estatal y federal— tienen igual valor ante la ley, cada uno con competencias propias, sin que uno deba imponerse sobre otro.
El poder reside en el pueblo. Sin embargo, la concentración de recursos en la federación ha generado dependencia económica, lo cual contradice el espíritu constitucional. Es importante recordar que los tres niveles de gobierno no son jerárquicos, sino complementarios.
Un ejemplo histórico es el caso de la Tumba 7 de Monte Albán. En 1942, el Estado de Oaxaca promovió una controversia constitucional para reclamar la administración de su patrimonio arqueológico. Aunque la Suprema Corte resolvió que dicha administración correspondía a la federación, los oaxaqueños lograron recuperar las joyas de la tumba, que regresaron a Oaxaca.
Así deberían actuar hoy los habitantes de Mitla, con el respaldo del gobernador, para exigir lo que por derecho les corresponde.
Si el museo requiere vigilancia y sistemas de seguridad, deben destinarse recursos públicos para ello. Un museo de tal relevancia podría ser autosuficiente mediante el cobro de cuotas de acceso, incluso superando en atractivo a otros recintos nacionales. También es fundamental inculcar en las nuevas generaciones el valor de este patrimonio para que lo defiendan y preserven.
No obstante, las nuevas generaciones parecen distraídas, mientras que los gobiernos locales priorizan su estabilidad política por encima del interés ciudadano.
Finalmente, también es necesario investigar quién destruyó la museografía —aún sin inaugurar— financiada con dos millones de pesos por American Express, así como esclarecer quién perpetró el asalto al museo la noche del 30 de noviembre del año 2000. Todo indica que se trató de un acto planeado, ejecutado de manera gradual hasta culminar en el saqueo total. Incluso se presume que el responsable estuvo presente en la inauguración y ordenó el cierre del museo al día siguiente, previo al asalto.


































