La muerte, el límite de la justicia por propia mano en San Martín Mexicápam, Oaxaca |
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La muerte, el límite de la justicia por propia mano en San Martín Mexicápam, Oaxaca

El joven de 20 años fue baleado el pasado 19 de junio cuando un hombre intentaba asaltarlo; la agresión, que le imposibilitó volver a caminar, no ha sido castigada

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“A veces siento que está bien y está mal, está bien que lo hayan hecho porque la policía no va a hacer nada”, asegura Marco Antonio, un joven de 20 años residente de San Martín Mexicápam al que la delincuencia, que ha convertido a esta zona en una de las más peligrosas de la capital, le cambió la vida. Sus palabras se refieren al linchamiento que ocurrió en esta agencia municipal el pasado 4 de diciembre, cuando un grupo de vecinos de la colonia Azucenas atrapó a un presunto ladrón, lo ató y lo golpeó causándole heridas que derivarían en su muerte.

Para Marco la acción de los vecinos es justificada, “porque uno lucha y trabaja duro para tener lo que tiene y que otra persona venga y te lo quite, guardas enojo, guardas coraje”. A él la delincuencia le arrebató más que una posesión, una joya o dinero, le arrebató la posibilidad de caminar, no obstante, advierte, hay un límite para la justicia por propia mano, “está mal llegar a matar, tal vez lastimarlo, darle una calentadita, pero ya llegar a ese nivel no”.

El pasado 19 de junio cuando volvía de su trabajo como mecánico, mientras caminaba en las cercanías del puente de Guadalupe, sobre avenida Montoya, un hombre intentó asaltarlo. Él se resistió. Forcejearon, el ladrón chifló, otro hombre sacó un arma y disparó. En ese momento Marco no sabía qué había pasado “sintió que su cuerpo lo chupó todo”, dice Sandra, su madre. Marco cayó y después todo lo que pasó lo relata con un “no sé, no sé”. Sin poderse mover esperó a que un vecino llamara a su madre: “Su hijo se está desangrando”, le avisaron.

“Me hablaron, me avisaron que él se había accidentado pero nunca imaginé que había sido un balazo, yo dije ‘a lo mejor se ha de haber peleado con alguien’, no sé, o algún ratero, él no toma, él no nada, cuando le pasó tenía 19 años, le pasó el 19 de junio, la verdad sí fue grave su problema porque ahorita él no siente lo que es de su pie para abajo, nada más siente la mitad del brazo, ahorita tiene más fuerza pero en los primeros días no tenía nada de movimiento”, relata Sandra, una mujer originaria de San Juan Juquila, Mixes, quien ha visto dificultado su trabajo porque ahora su tiempo lo dedica a cuidar a su hijo.

“Él venía de trabajar, se metió a la tienda, a veces compra sus dulces o algo así, él dice que nada más vio una persona y le dijo que sacara todo lo que traía, le dijo que no traía nada, de hecho él no gana mucho y no carga mucho dinero, nada más lo del camión. No pues te va a cargar tu madre, le dijo el ladrón. Él me platicó después porque la verdad yo no supe nada, cuando a mí me avisaron yo no me apuré a buscar a esas personas, sino a que a mi hijo lo atendiera el médico. Llegó la ambulancia, él tampoco supo lo que había pasado, me dijo, ‘me defendí y me agarré con él’.

“La verdad yo no encontraba qué le había pasado, de seguro lo atropelló un carro. Por más que quise moverlo no me dejaban los policías, pensé que lo picaron con un picahielos, después llegó la ambulancia y me dijeron que era un balazo”.

Sandra dice haber visto cómo San Martín se convirtió en una zona peligrosa, escuchaba cómo se metieron a robar aquí o allá, que habían intentado levantar a alguna estudiante, “pero pensaba que eran muchachitas despabiladas”. La delincuencia existía, pero existía para otros hasta entonces. Hasta entonces su hijo era un joven que había dejado la primaria para ganar dinero y ayudarle, era un joven que a sus 19 años había trabajado ya siete como mecánico, que sabía cómo funcionaban los motores de diesel y se preparaba para poner su propio taller.

“Sí, ya me habían comentado, aquí en la colonia hay muchos asaltos, a veces agarran a las chamacas, pero yo siempre decía que eran las chamacas que estaban muy despabiladas, pero ahora que lo estoy viendo ya lo creí. Yo tengo rato de vivir acá, no había pasado eso, hasta que le pasó a mi hijo”, asegura.

“Cuando a él le pasó esto comenzaron a meterse en las casas, a robar, a mí me invitaron a que fuera a una junta, pero ese día yo no pude ir porque él tenía consulta, ya no fui, pero la colonia sí se está poniendo muy pesada”.

TRAS EL CRIMEN, CONTINUAR

Marco lleva más de seis meses en cama, siendo trasladado tres veces por semana a un centro de rehabilitación en Santa Cruz Amilpas, donde le han ayudado a recuperar poco a poco la movilidad de la parte superior de su cuerpo. En este intento ha visto las dificultades de otro de los males más graves de la sociedad mexicana, la falta de recursos económicos.

“Lo que me sale más caro es el transporte, allá, en la terapia, me cobran 40 pesos, el taxi me cobra 100 pesos, entonces de ida y venida son 200 pesos, a veces le dan dos terapias y a veces le dan una, lo estoy llevando tres veces a la semana.

-¿Ha recibido algún apoyo para el pago de las terapias?

-No.

-¿Ha acudido a alguna dependencia del gobierno?

-Me dijeron que fuera al DIF, él no tenía su credencial de elector, fui al DIF, anduve buscando apoyo pero me ponían muchos peros, que no sé qué, que necesito su credencial. Ya le saqué su credencial pero gasto más en pasajes, en ir y venir, mejor ya no lo busqué, me quedé así. Tenía una amiga que estaba acá, me vio, al principio eran medicamentos caros, ella subió el caso al face y sí me ayudaron algo cuando salió del hospital.

Él ahorita ya se puede parar, se puede agarrar, se va parando. La cama me la prestó una enfermera, como yo estoy sola y él es un poquito grueso y grande me cuesta trabajo, la enfermera me hizo el favor de prestármela. Igual me dijeron que buscara en el DIF, pero me pedían muchos papeles, ya no fui. La enfermera me dijo que la cama era de su mamá.

-¿Interpuso una denuncia por la agresión?

-Interpuse una denuncia y todo pero pues ya luego no le seguí porque es como le digo, no tenía para estar aquí y estar allá.
-¿Ha habido resultados?

-Venía un agente, dijo que iba a investigar y no sé qué pero dejó de venir, ya no me dijo ni qué pasó ni nada, hasta ahorita ya no le he movido. Fui y me dijeron si él lo reconoció, pero él de plano dice que no reconoció a la persona, se acuerda que eran dos personas, altos, gordos, pero de ahí ya no se acuerda más, no se acuerda él de su cara porque eso fue como a las ocho de la noche.

-¿Qué opina usted del linchamiento que ocurrió en San Martín en diciembre pasado?

– Yo opino que sí lo tiene ganado y merecido, yo pienso, tanto trabajo que hay, humildemente, ganar unos centavitos, trabajando bien, o es mejor pedir, pero eso de que hacen que se meten, a parte que se lleva uno el susto, ¿quién nos ayuda?, por decir mi hijo, ellos ya cumplieron con hacer el daño, ya me dejaron así. A lo mejor le andaré viendo la cara o me andará viendo la cara pero pues, para saber quién es. Aquí en la colonia dijeron que al que entraba le daban porque la justicia no hace nada, ya ha visto en la Central, aquí mismo roban y aquí mismo venden, luego no lo castigan, póngale que un ratito, unos 15 días, una semana y ya salió, por qué, porque no va a estar uno yendo a declarar, te dicen ‘queremos pruebas’, ¿no están viendo lo que hizo, qué más pruebas quieren?, esos sí se lo merecen, el que hace daño, se merecen que lo castiguen, la ley ahorita no hace nada, al menos aquí no hay seguridad.

 

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