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Alcalde de San Pedro Huamelula se casa con una lagarta

Se siguió el ritual indígena que indica que se debe casar con la princesa lagarta de los mareños de San Mateo del Mar para recordar aquella unión de las etnias

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San Pedro Huamelula, Oax.

Víctor no se casó por amor, lo hizo por convicción al cumplir con un ritual indígena de la zona chontal del Istmo de Tehuantepec. Se casó con una princesa en forma de lagarta para unificar a dos pueblos en conflicto.

Así se recordó en San Pedro Huamelula la unión de las etnias huaves y chontales con la boda del príncipe chontal de la comunidad con la “niña princesa” de San Mateo del Mar. Hecho ocurrido, según los historiadores en el año de 1789.

Víctor Aguilar Ricardez, es el alcalde de San Pedro Huamelula y como cada año, siguió el ritual indígena que indica que se debe casar con la princesa lagarta de los mareños de San Mateo del Mar para recordar aquella unión de las etnias.

“En este momento yo juego un papel no de autoridad, sino como papel de un esposo, el esposo de una lagarta, que ellos, los mareños lo llaman la princesa”, dijo Víctor Aguilar mientras esperaba con ansias en el edificio del palacio municipal la llegada de la “novia”, y afirmó que según la creencia, el ritual traerá suerte a los pescadores y campesinos de la comunidad, asentada en la zona costera chontal del Istmo.

“La boda del ciudadano presidente municipal con la princesa, que es la lagarta, que así se le denomina, ya es meramente un festejo que representa la unidad, la convivencia entre los chontales, pero en otros tiempos, según la historia, según la leyenda, según las costumbres, esto se da en la pugna que existía en un tiempo entre los chontales y los huaves, dos naciones que siempre vivían en pugna hasta que surge el hijo del rey Chontal Fane Lantsiñilyu, “Tres Colibríes” y por el otro lado, la princesa, la hija del rey huave”, explicó el historiador Juan Espinosa, y actual regidor de Usos y Costumbres del municipio.

Pero según la leyenda, el noviazgo no fue del agrado de los jefes de las etnias, por lo que nada fue fácil para el príncipe chontal y la princesa huave. Pero “pudo más el amor” y finalmente los jefes aceptaron la unión.

“Entonces se enamoran pero de todos modos hubo problemas porque las dos partes no coincidían, pero estos vinieron a unificarlos. El rey chontal aceptó las condiciones y la boda se llevó a cabo donde nace el río, donde está el ojo de agua que se llama Arcoíris”, agregó Juan Espinosa

Según la historia la unión del príncipe y la princesa dejó la guerra atrás, y trajo la paz y un ambiente festivo. “Hubo una gran fiesta, con mucha comida, y tuvieron todos la libertad, pudieron platicar, y acordaron pactar la paz y compartir sus conocimientos”, dijo Espinosa.

Desde temprana hora, en el marco de las festividades a San Pedro Apóstol, en San Pedro Huamelula, con música de banda, un grupo de mareños pasea a la lagarta de casa en casa, donde es recibida con alegría.

Este año, la lagarta lleva el nombre de Ema Narváez, como el nombre de la esposa del alcalde Víctor Aguilar.

Más tarde, el reptil es vestido de traje de novia para casarse con el alcalde.

El ritual es encabezado por un líder indígena de los mareños quien le pregunta al alcalde si acepta como esposa a la “niña princesa”. Tras aceptar casarse, los “novios” bailan al sonido de la música de viento y tambora, sones de la región.

También se hace una representación de la conquista de los pueblos indígenas, con la llegada de los conquistadores llamados negritos y se desata una batalla que culmina con una negociación al casarse el alcalde con la lagarta que trae la comparsa de mareños del poblado de San Mateo del Mar.

Según la creencia, los huaves podían transformarse en cualquier animal y en aquella época, decidieron que la princesa se transformara en una lagarta y llegara a San Pedro Huamelula por mar.

Esta tradición ancestral se sigue conservando con el paso de los años, con la que los indígenas chontales piden por la paz, la buena cosecha y abundante producto de mar.

“Es para darle las gracias a Dios y hacer las peticiones por las lluvias, por la germinación de las semillas, por las cosechas, por la paz, por la salud, por el campo y por los animales”, indicó Juan Espinosa.

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