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Música para la paz en la Vicente Guerrero

En una agencia considerada violenta, niños y jóvenes eligen los instrumentos musicales para ofrecer un nuevo panorama a la comunidad

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Una tarde de viernes, varios padres de familia colocan sillas en el patio de la escuela de música de la agencia Vicente Guerrero para ver y escuchar el ensayo de sus hijos. Previo al concierto por la paz y la reconstrucción del tejido comunitario, decenas de menores ensayan una versión de La cucaracha, junto al músico Daniel Glineur, de Bélgica.

En el predio, yacen unos perros que parecen disfrutar de la melodía e incluso duermen a los pies de los ejecutantes.

La tarde parece tranquila; afuera, en la calle, pasan autos y mototaxis, mientras algunos infantes se despiden luego del ensayo con los instrumentos de aliento. Sin embargo, a unas cuadras de la escuela, aún hay piedras dispuestas a lo ancho de la calle, lo que recuerda los hechos de violencia del pasado 3 de julio en esta agencia de la Villa de Zaachila.

Tras los enfrentamientos, los menores dejaron de ir a la escuela por casi dos semanas. No obstante, hace días volvieron para ensayar y estar listos para el concierto por la paz realizado ayer.

BUSCAN LA PAZ

Ofrecer la paz y otro panorama a su comunidad es parte de los objetivos de la escuela ubicada en inmediaciones del basurero municipal de Oaxaca de Juárez. A 16 kilómetros de la capital, la institución -que comenzó en 2011 como un proyecto para la conformación de una banda de música- ha logrado la inclusión de 80 alumnos.

Bajo el nombre de Escuela de Iniciación Musical Santa Cecilia, padres, docentes y sus alumnos buscan incidir en la agencia que ha destacado por la violencia y la inseguridad.

Camerino López Manzano, director artístico, recuerda que el proyecto empezó en el 2011 y la idea era crear una banda de música y con ello las nuevas generaciones se alejaran de la violencia.

Para esa banda, ingresaron 20 niños, pero poco a poco se fueron interesando más, hasta que al cuarto año eran 60 y varias generaciones. Ante ello, se decidió crear una escuela.

Camerino refiere que el mayor impulso vino del párroco José Rentería, quien los alentó a desarrollar el proyecto mediante la asociación “Armonía, Juventud y Comunidad”, que trabaja en tres sectores: medicina natural, escuela de música y campamentos juveniles.

LA COLABORACIÓN, CLAVE EN EL PROYECTO

Así, en su primer año y sin instrumentos, comenzaron los ensayos, “pero se cruzó una estrella, una persona de Francia que se llama Isabelle de Boves, que nos vio en un piso de tierra, sin sillas, donde los percusionistas estaban golpeando con sus baquetas en las sillas y otros soplando una manguera”.

Fue entonces que Isabelle inició una campaña de donación de instrumentos para esta escuela, ubicada en inmediaciones del basurero abierto en 1980 y en torno al cual se asentaron varias familias que dieron lugar a una colonia y luego a la agencia que rebasa los 10 mil habitantes.

La escuela es un proyecto comunitario, destaca Camerino López, por lo que los recursos con los que opera provienen de las actividades organizadas por los padres de familia y los 60 pesos de cuota que cada semana pagan los alumnos.
Aunado a ello, los comités de tutores atienden las secciones.

Con alrededor de 200 instrumentos, cada estudiante recibe uno en préstamo para sus clases y recitales, como sucedió con los ensayos para el recital del domingo.

MÚSICA Y POSIBILIDADES EN LA VIDA

La escuela, refiere López, tiene a menores que vienen de familias con problemas o de bajos recursos o que ya no tienen a alguno de sus padres.

Y si bien sólo era un pasatiempo, de ella han salido varios estudiantes que siguen su formación en sitios como el Centro de Capacitación Musical y Desarrollo de la Cultura Mixe (Cecam). Para este año, se prevé que dos entren a la Facultad de Bellas Artes de la UABJO y uno más al Cecam.

Patricia García, encargada del taller de reparación de instrumentos de viento, es también parte de este proyecto musical. Ella fue a Francia para especializarse y ahora atiende un taller en la escuela. Originaria de la región Costa y clarinetista, Patricia ve en la escuela y la música una posibilidad para que los menores piensen que hay muchas formas de salir adelante.

Tal es el caso de Armando, de quien dice era un niño “bastante rebelde” y que está cambiando por la música. Pero que también es un menor con talento, según los comentarios de intérpretes de otras partes del país que han venido a dar clases.

Junto a Armando, estudian dos hijas de la señora Sheila Morales, quien externa que la escuela es una forma en que los niños pueden conocer la cultura, en vista de que varios provienen de bajos recursos y tienen muy pocas posibilidades para ir a conciertos, museos u otros lugares.

Mabel es otra de las estudiantes, quien asiste desde hace tres años; ella toca el violín y su interés en la música viene en parte alimentado por los programas en que veía tocar a las orquestas. La pequeña cuenta que hay un buen ambiente y se siente muy feliz.

UNA ESCUELA PIONERA

Margarita Barrientos, una de las docentes, reconoce la escuela es pionera en el estado en cuanto a la conformación de su orquesta de cámara. Además de que es un proyecto de integración y colaboración de padres y comunidad, y en el que la niñez se desenvuelve mejor y cultiva valores como la responsabilidad.

Actualmente, la escuela tiene a 80 alumnos inscritos en el ciclo y 11 más en el taller de verano, para el cual se tiene como docente al músico Daniel Glineur, de Bélgica. Durante este mes, el intérprete ha tenido una experiencia que califica como rica y de mucho esfuerzo.

Hasta ahora, de la institución han surgido ensambles, una banda y dos orquestas (una de cámara y otra sinfónica), que se han presentado en fiestas de la comunidad y otras poblaciones, así como en el auditorio Guelaguetza de la ciudad de Oaxaca. También en Puebla y algunos festivales de música.

Para el 19 de abril de 2018, la orquesta sinfónica y 80 coristas profesionales de Francia ofrecerán un recital en el auditorio Blas Galindo, de la Ciudad de México. Posteriormente, el 21, actuarán en el Teatro Macedonio Alcalá.

 

 

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