El rostro de las Dictadoras |
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El rostro de las Dictadoras

Parte 1

El rostro de las Dictadoras | El Imparcial de Oaxaca
Foto: Internet

El sábado pasado deambulando por los pasillos de una librería de la ciudad, hallé un libro que compré y en una semana devoré. Lleva por título Dictadoras: las mujeres de los hombres más despiadados de la historia, su autora Rosa Montero desarrolla en 179 páginas esbozos biográficos, de las madres, esposas, hijas y amantes de los dictadores europeos más sangrientos del siglo XX; hablamos de Hitler, Stalin, Mussolini y Franco.
La lectura me hizo sumergirme en el contexto político, social y económico de la Europa gobernada por tiranos y hacerme la interrogante ¿Qué papel jugaba la mujer en ese contexto? Lo que el libro me llevó a responder analizando a las mujeres que compartieron estrechos vínculos con los dictadores.
Así que hoy no vamos a hablar de “la mujer de…” si no de las mujeres que supieron estar al lado, detrás y muchas veces delante de las decisiones de estos hombres a los que muchas muertes se deben. Empecemos hablando de Eva Braun, la única mujer que llevó a Adolfo Hitler a firmar el acta de matrimonio, la que como otras dio su vida por el Führer, autor del genocidio más grande del siglo XX.
Contrario a lo que muchos piensan la infancia de Hitler no estuvo marcada por la desgracia; fue un niño mimado y excesivamente protegido por su madre Klara Pölzl, su hermanastra Ángela Raubal y su tía Johanna Pölzl, quienes sin saberlo educaron a un niño malcriado y engreído que a los 17 años se frustraría tras quedar huérfano y no poder ingresar ni a la escuela de arquitectura ni a la de bellas artes dedicándose a la vida bohemia en Viena.
Hitler gozó siempre de la admiración de las mujeres que fue uno de sus pilares en su formación, al quedar huérfano se transformó en alguien a quien las mujeres seguían y apoyaron en su escala a la vida pública y política; sin embargo, el no disfrutaba de la misma forma la compañía de las damas con las que se vinculó a lo largo de su vida, razón por la que llegó a ser descrito como un hombre de gustos raros y poco comprendidos.
Sus biógrafos coinciden que durante su juventud Hitler sufrió una decepción amorosa que lo marcaría, pues se dedicó a escribir cartas de amor a Stefanie Rabatsch sin ser jamás correspondido, esto marcó en él ciertos ideales hacia la mujer que lo acompañaría toda su vida.
El amante del teatro, autor de discursos considerados orgasmos de palabras, llegó a expresar “¿Sabes que el público de un circo es exactamente igual que una mujer? Quien no comprende el carácter intrínsecamente femenino jamás podrá llegar a las masas”. Con esta idea hizo de su imagen la de un héroe y se exhibió siempre solo para ser considerado un soltero codiciado, lo cual logró, pues llegó a recibir cerca de 150 mil cartas de sus admiradoras.
A lo largo de su vida hubo algunas mujeres que lograron penetrar más allá de la imagen pública de este hombre como María Reiter, quien fue su amante y amiga por muchos años o Geli Raubal su sobrina, quien aseguran fue el gran amor del dictador, fueron amantes por mucho tiempo y ella aspiraba a casarse con el Führer; sin embargo, esto nunca sucedió y se tuvo que conformar con ser la señora de la casa, la misma casa en la que Hitler y su amor obsesivo la fueron destruyendo y atormentando hasta que después de una fuerte discusión la tarde del 18 de septiembre de 1931 decidió pegarse un tiro en el corazón con una pistola Walter 635 que le pertenecía al líder nazi, dicen que la noticia consternó tanto a Hitler que tuvieron que cuidarlo para que no siguiera el camino de su amada.
Entre otras damas que sin saberlo entraron a las redes de manipulación y tormento de Adolfo, llegamos a Eva Braun que conoce a Hitler en 1929, se hicieron amantes a los pocos meses del suicidio de Geli, ella era una rubia inocente que quedó flechada por la admiración que tenía al Führer, estuvo con él en los últimos años del tercer Reich, se convirtió en lo que Hitler temía y tomó las riendas de una relación a la que entregaría su vida, ella lo acompañó en los peores momentos y se suicidó con él a la caída del régimen, luchó siempre por un lugar en la sociedad nazi y desafiando a Adolfo en muchas ocasiones, siendo la que más se le agradece el no haber destruido la correspondencia que mantuvieron, pues gracias a estas epístolas podemos conocer el papel tan importante que la joven Eva jugó en la vida de Hitler.
Y ahora vámonos a España para hablar de la vivaz, avara, ambiciosa: la señora Carmen Polo, esposa de Francisco Franco, aquel hombre al que muchos subestimaron, en el que nadie creía y que gracias a su esposa y sus triunfos militares llegó a ser uno de los hombres más poderosos de Europa.
Carmen Polo, una mujer educada, hija de una familia acomodada de Oviedo, con la aspiración de moverse entre la élite social española conoció al general Franco en 1917, en un principio la familia Polo no veía con buenos ojos al militar, hasta que este comenzó a recibir medallas por su trayectoria, ella siempre lo defendió porque vio en él la oportunidad de realizar su anhelo social.
Franco no fue igual a los otros militares, se sabe que él no era asiduo de los burdeles y las cantinas como sus compañeros, por lo que pudo concentrarse en su carrera y crecer militarmente, llegó a ser la mano derecha del rey y después de mucho pudo matrimoniarse con Carmen, cuya boda fue una muestra de los excesos y los innecesarios lujos que pedía “la Señora”.
Ella lo acompañó, le dio valor y tomó las decisiones cuando Franco no se atrevía, así con una mujer vivaz que lo acompañó y lo mantuvo siempre firme, el Ex caudillo llegó a gobernar España estableciendo un gobierno totalitario del que sus detractores opinaban era gobernado por la propia Carmen, quien en comparación con otras esposas de dictadores, no tuvo que compartir el amor del dictador con otras mujeres y vivió entre sus lujos, sus joyas y su mano dura como la señora de Franco e indirectamente como la dictadora de España.