San Dionisio del Mar, en donde recientemente se llevaron a cabo elecciones con una gran tensión, no es la excepción. El Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana (IEEPCO), tienen una gran tarea para sacar adelante las elecciones en centenas de municipios que se rigen por el sistema de usos y costumbres, ahora denominados sistemas normativos internos. Y es que la violencia y la polarización siguen arraigadas en nuestras comunidades que, de acuerdo a dichos usos y costumbres, sus autoridades pueden ser electas en asamblea para un año, año y medio o más. Ahí se ubican algunos focos rojos, habida cuenta que ante la presencia de cacicazgos y cotos familiares, los procesos electorales terminan muchas veces con su aberrante cuota de sangre. La historia oaxaqueña ha estado llena de conflictos post electorales. He ahí uno de los factores de los bloqueos carreteros y la influencia de actores políticos o dirigentes sociales en cuestiones que sólo competen a las comunidades que se rigen por dicho principio. La tentación de pseudo líderes y falsos redentores sociales es inequívoca en algunos municipios en donde existen problemas. Nadie quiere dejar ir el suculento manjar que significa el presupuesto destinado a los municipios.
El gravísimo riesgo de la elección por sistemas normativos internos es, justamente, la intromisión de actores externos que nada tienen que ver con las comunidades o municipios en donde se eligen autoridades. Hay igualmente manipuleo de organizaciones sociales. En la Mixteca por ejemplo, hay decenas de organismos que intervienen para polarizar socialmente a los vecinos de tal o cual comunidad, haciendo que muchas veces las asambleas comunitarias sean verdaderas cenas de negros, en donde terminan a balazos. Hace unos días en la comunidad mixe de Mixistlán de la Reforma hubo decenas de heridos por un conflicto interno. Otro de los factores que inciden en los resultados es el religioso. Sectas de toda denominación han penetrado en territorios que antes eran cien por ciento católicos. La intolerancia religiosa hace el caldo de cultivo con la cerrazón política y el resultado es dramático. Elegir autoridades pues en más de 400 municipios de Oaxaca no es tarea sencilla. Requiere asimismo, de la buena voluntad de la ciudadanía para que dichas elecciones se lleven a cabo en apego a la civilidad, la tolerancia y el respeto a las diferencias políticas e ideológicas.
Linchamientos, asunto común
Llevar al ladrón, asesino, violador, etc., a la plaza pública para prenderles fuego o asesinarlos a golpes ya es común en nuestra cultura política. Cuando vemos escenas dantescas en televisión como la incineración de dos presuntos roba-chicos en Acatlán de Osorio, Puebla o un caso similar en Hidalgo, nos causa terror, sin saber que en la entidad hay casos bien documentados de sucesos similares, aberrantes y sádicos, que se han dado en territorio estatal. Hace al menos tres años, un supuesto ladrón de casas-habitación fue asesinado a golpes y quemado con gasolina en Matatlán. Ninguno de los responsables fue detenido. El sujeto quedó como una pira humana en medio de la calle, sin que nadie, absolutamente nadie le prestara auxilio. El año pasado, tres personas del sexo masculino, habían asaltado presuntamente a una persona de la tercera edad en la comunidad de Macuilxóchitl, Tlacolula. Los tres fueron llevados al basurero municipal en donde les prendieron fuego. La Policía Estatal los rescató tardíamente. Ninguno sobrevivió. Culpables o responsables de algún delito, el linchamiento es una forma rupestre de hacerse justicia. Es una afrenta al sistema de justicia penal adversarial en vigor, pero sobre todo, un insulto a nuestro Estado de Derecho.
En donde se observa esta actitud de la sociedad enconada es en el Mercado de Abasto. Ladrones de carteras, aretes o celulares, que han sido detenidos en flagrancia, son amarrados a cercas, postes o tirados al piso como animales. Una vez que la turba se enajena con hacer justicia por mano propia, se apodera de la misma un sentimiento criminal difícil de controlar, salvo por la fuerza pública. En efecto, los casos se han hecho más constantes ante la falta de confianza en las instituciones que procuran e imparten justicia. Ladrones y delincuentes que han sido detenidos en flagrancia, son algunos carne de presidio. Han estado en prisión y reinciden. El pasado lunes circuló en las redes sociales un video que habría tomado una persona desde la ventana de su casa. Se trata de una tríada de jóvenes que asaltan al operador de un autobús del servicio urbano. No contentos con esta acción, la emprenden con un joven tipo cholo, a quien pretenden despojar de sus pertenencias. Uno de los mozalbetes aún agrede a golpes a la víctima. Ésta se echa hacia atrás, hurga en el bolsillo de su pantalón y desenfunda un arma de fuego con la que dispara. El herido, un joven que ha estado al menos dos veces en prisión, ingresó de emergencia al Hospital Civil “Aurelio Valdivieso”.
































