Cada vez se hace más tangible para todas y todos: las consecuencias del calentamiento global están aquí y están generando estragos a nuestra vida diaria mucho antes de que lo que la gran mayoría lo esperaba.
Más calor, menos agua, menos alimentos del campo. Todo ello hace una vida más difícil, más riesgosa y más cara. Es momento de la organización social para impulsar medidas urgentes que nos permita remediar el daño que colectivamente hemos hecho a nuestro entorno y que ahora nos amenaza con mayor claridad.
Pero aun cuando logremos poner freno a la devastación que impulsa estos fenómenos climáticos, dar reversa a sus consecuencias llevará un tiempo de reajuste que tardará algunas décadas.
Ello implica que las nuevas condiciones climáticas que generamos —en el mejor de los escenarios— estarán vigentes por un tiempo, son nuestra la nueva normalidad. Si fracasamos en detener los procesos que generan el cambio climático, será una realidad perpetua y en declive.
Por ello es fundamental impulsar una nueva cultura de la protección civil.
La tragedia de Nuevo León, la caída de granizo en Puebla, la sequía extrema en el país y la histórica ola de calor que azota durante estos días nuestro país serán cada vez más la nueva normalidad, en el mejor de los casos, por un tiempo si actuamos.
Nuestros actuales protocolos de prevención y atención no se encuentran nada preparados para hacer frente a estas nuevas condiciones. Los estándares en los que se basan muchos de los criterios de protección civil hoy en día ya no se encuentran vigentes ante el cambio de las condiciones climáticas.
Hoy existen más riesgo de incendios, inundaciones, erosión de los suelos y ráfagas de viento de alta peligrosidad en comparación al pasado y existen variaciones sustantivas en los factores que los causan.
En consecuencia, se necesita replantear los protocolos de protección civil para nuestros tiempos. Existe urgencia en que la aplicación de medidas en esta materia deje de verse como algo accesorio que “hay que hacer porque hay que cumplir”, sino porque nos encontramos en un contexto más adverso en el que la prevención es crucial para salvaguardar las vidas.
Presupuestalmente también nos encontramos en una encrucijada. El destino del gasto público de igual manera debe mutar para hacer frente a los nuevos tiempos.
Pero esto será desarrollado en este espacio en las próximas semanas. Basta decir por el momento que toda esta transformación de la protección civil deberá ser financiada como prioritaria en las agendas públicas.
@GalateaSwanson
































