Hoy es el último día del 2018. Un año sin duda alguna complejo. En el ámbito político el país dio un viraje fundamental, que sólo Dios sabe si el gobierno por el que votaron al menos 30 millones de mexicanos será el que espera México o no. Nos seguimos desangrando en ejecuciones, muertes masivas, ajustes de cuentas. Nuevos fantasmas aparecieron además del narcotráfico y sus negocios afines: trata de personas, secuestros y extorsiones, sino que hay más: el robo de gasolina y a trenes. En este entorno, la inseguridad se sigue perfilando como uno de los rubros más graves en el país, que seguramente no se habrá de resolver por decreto o con la creación de la Guardia Nacional, mucho menos con amnistía o llamados a la cordura y unidad a los grupos criminales, sino con solidez en las instancias de justicia y leyes más severas. La carestía asoma a la puerta, ante el no cumplido decremento en el precio de las gasolinas. Estamos pues ante escenarios nunca vistos, que políticamente podrían traducirse en serio riesgo para los mexicanos y, particularmente para los oaxaqueños, que estamos supeditados –como ya lo hemos comentado- al apoyo de la Federación.
En el ocaso de 2018 y el inicio de 2019, esperamos que nuestros gobernantes tengan la mesura y madurez necesarias para conducir al país y al estado por caminos menos sinuosos, sino al contrario, cumplir fielmente con las expectativas que han forjado, con las que obtuvieron el voto popular, con las que convencieron de que las cosas podrían ser diferentes. Es tiempo de hacer votos para que el país no se siga desmoronando en violencia, en sadismo criminal, porque ahora las embocadas y las ejecuciones son video-grabadas por los grupos criminales. Esperamos que en el año que inicia podamos vivir con país civilizado. Oaxaca, es una pena decirlo, se ha inscrito entre los estados de la República con un índice de homicidios dolosos y ejecuciones más elevados. Simplemente Tuxtepec, la antes tranquila capital de la Cuenca del Papaloapan, de las mujeres hermosas y la abundancia, es hoy una de las ciudades más violentas de México. Y esto no es fortuito, aunque quiera ocultarse con argumentos como el que afirma que se trata de la cercanía con Veracruz. En fin. Esperamos pues que el 2019 traiga nuevas expectativas, paz y tranquilidad para todos. Que nuestros buenos se hagan realidad.
Impunidad insultante
El viernes se dio un hecho en verdad deleznable. Y no se trata de que en este diario asumamos sin más el papel de jueces y fiscales, sino desde la perspectiva de un periódico que se ha pronunciado en sus páginas en contra de los excesos y la impunidad de maestros, organizaciones sociales, líderes y políticos corruptos. La historia es ésta: hace cinco años se dio el secuestro de dos menores de edad, los hermanos Álvarez Benfield, quienes estuvieron privados de la libertad y retenidos en una forma infrahumana, en una cisterna vacía de agua, ubicada en una casa de Cuilapan de Guerrero. Grupos especiales de la Unidad Anti-secuestros de la Policía Federal, la Procuraduría General de la República (PGR), el Ejército Mexicano y la Marina, dieron con los responsables y los detuvieron en flagrancia. Dado que se trató de un delito grave, tipificado en el sistema penal como delito federal, los presuntos responsables fueron remitidos a penales federales. La administración del ex presidente Enrique Peña Nieto, no cedió a las presiones de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y los aspavientos del Cártel 22, que quisieron encubrir un delito del fuero federal con lucha social.
Se trata pues de una verdadera bofetada al sistema de justicia en México, pero sobre todo la muestra más burda de impunidad en Oaxaca, es la liberación contra derecho, del maestro Lauro Atilano Grijalva Villalobos y los “activistas sociales”, Leonel Manzano Sosa, Sara Altamirano Ramos y Damián Gallardo Martínez. De todas las torpezas que se han cometido en la llamada “Cuarta Transformación”, en sólo 31 días que lleva de gestión el gobierno federal, calificar a delincuentes comunes como presos políticos es una de las canalladas más infames. No fue fortuito que se mantuvieran hasta el pasado jueves, en el Centro Federal de Readaptación Social (CEFERESO) de Puente Grande, Jalisco. Por lo visto pues, la impunidad es el componente idóneo de radicales y enfermos que han buscado refugio en la CNTE/Cártel 22. Aunque éstos festinan la liberación de los detenidos, en la sociedad oaxaqueña queda una sensación de molestia e indignación, sobre todo entre quienes padecieron en carne propia la privación ilegal de la libertad. Se trata pues de una pésima lectura y una no menos cuestionada resolución del Poder Judicial y del Ejecutivo federal. La impunidad tiene pues carta de naturalización en Oaxaca y en el país.
































