Siempre nos hemos preguntado quién o quiénes asesoran al ejecutivo estatal, Alejandro Murat, al juzgar por sus declaraciones temerarias y a veces, desafiantes. La semana anterior los homicidios y ejecuciones fueron al menos 15. En menos de 24 horas se registraron 8. Es decir, pese a que a nivel nacional nos califiquen -¿quién sabe por qué?- como una entidad segura, lo que hemos visto en los últimos tiempos no son los ribetes de la seguridad sino de una entidad peligrosa e insegura. Es evidente que, como dice la conseja popular: no hay peor ciego que quien no quiere ver. ¿Cuáles son los razonamientos para insistir en la seguridad de la entidad, a sabiendas de que el mapa criminal en la entidad va en ascenso y que ahora no se trata de estadísticas o mediciones sino que al momento las redes sociales dan cuenta de la situación? Pero no solamente de la seguridad podemos hablar u opinar, sino de la constante y permanente efervescencia de marchas y manifestaciones; bloqueos carreteros y a vialidades. La entidad pues no está ni mucho menos en paz. Existe un clima de violencia pero además de ingobernabilidad e inestabilidad social.
La semana anterior se dieron al menos 15 homicidios dolosos, muchos de ellos ejecuciones. La semana anterior dimos un recuento de los homicidios, aunque nos faltaba incorporar los de la Ciudad de Oaxaca, luego de que el sábado 26 de enero, las corporaciones descubrieran los cadáveres de dos sujetos atados de manos y dos mujeres en un pequeño vehículo, ejecutados. Y en este entramado de ejecuciones van de la mano los intereses de sindicatos del transporte, de mafias locales, de cárteles comunitarios y del regenteo de intereses oscuros en el Mercado de Abasto. Resulta paradójico que luego de que cierta corporación policial junto con el Ejército Mexicano hicieran un operativo en dicha zona, de inmediato se presenten hechos lamentables de sangre. Esto es, los grupos criminales no se tientan el corazón para privar de la vida a quienes se les pongan enfrente. En lenguaje menos coloquial: grupos locales, además de delincuencia organizada se están disputando la plaza denominada Oaxaca. Así de simple. Pero tal parece que a los órganos competentes del gobierno estatal eso no interesa. Ven sólo el lado económico y no la seguridad que exige la sociedad civil.
Oaxaca no es pues, ni con mucho, la entidad segura que algún día disfrutamos los oaxaqueños. Nada pues, de ficciones ni demagogia.
Cártel 22: Movilización perpetua
Si bien es cierto que el gobierno de la Cuarta Transformación asumió el compromiso de abrogar la Reforma Educativa y desaparecer al Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE) pues le genera mucho ruido a la mafia magisterial enquistada en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), no hay duda que sus miembros, sobre todo del llamado Cártel 22, se cebaron ya en movilizaciones y chantaje. Desde la semana pasada empezaron los normalistas del sistema estatal, con sus mecanismos vandálicos de secuestrar autobuses y realizar marchas. Quienes los mueven saben –por supuesto que no lo ignoran- que todo lo relativo a salarios, nóminas, mejoras al programa de estudios, etc., se tienen que ver a nivel central, es decir, en la Secretaría de Educación Pública (SEP). Desde aquel 20 de julio de 2015, cuando la Federación recuperó el control que desde octubre de 1992 estuvo de manera ilegal en manos del Cártel 22, todo tiene que verse en el entorno federal. No obstante lo anterior, desde la semana pasada, la Secretaría de Trabajo y Conflictos de la Sección de Formadores de Docentes, estuvo llamando a un paro indefinido de labores, lo que infiere movilizaciones en la capital.
No existen pues demandas satisfechas que no tengan como respuesta la movilización o las afectaciones a terceros. Nada satisface a este sector parasitario de la clase trabajadora. Los maestros –ya se vieron las afectaciones a la economía en Michoacán gracias a las presiones de la Sección 18- se han convertido en un cáncer social. Pero si éstos actúan con los métodos tradicionales de bloqueos y marchas; toma de oficinas y secuestro de camiones, quienes se perfilan para ser maestros, es decir, los que se forman en el sistema de normales del estado, son algo peor. Hemos visto en las redes sociales los saqueos a camiones de mercancía, la toma de casetas, el secuestro de unidades utilitarias que transportan refrescos o incluso, electrodomésticos. Y todo ello en absoluta impunidad. Es decir, se han rebasado los parámetros de la simple protesta, convirtiéndose ésta en un pretexto para delinquir. Es lamentable que las autoridades se hagan de la vista gorda y solapen acciones delictivas como las que señalamos, principalmente en Oaxaca, en donde existe una especie de terror a usar la fuerza pública, pues aún nos sigue afectando el Síndrome del 2006 y nadie quiere llevar el Sambenito de represor.

































