Hoy se celebra la tradicional Nochebuena, que está registrada en nuestra historia judeo-cristiana como uno de los días más sagrados del Cristianismo, dado el nacimiento de Jesús. La Navidad es tiempo de guardar, de solidaridad y de paz. Ayer domingo 23 de diciembre celebramos nuestra tradicional Noche de Rábanos, otra de las celebraciones que nos ubican en México y el mundo como un lugar lleno de costumbres ancestrales únicas en su género. Como cada temporada, EL IMPARCIAL. El Mejor diario de Oaxaca, hace votos porque en el seno de los hogares de nuestros lectores, colaboradores, reporteros, columnistas y directivos reine la paz y la felicidad. Pero también en todos los hogares oaxaqueños, habida cuenta que este diario refleja en sus páginas el sentir de todos quienes tuvimos la fortuna de nacer y crecer en esta tierra. Nuestras felicitaciones y buenos deseos pues, a todos los oaxaqueños, esperando que estas fechas sean de regocijo, unión familiar y solidaridad. Que las diferencias habidas entre nosotros por asuntos de corte político, religioso, desavenencias económicas u otros no empañen la armonía familiar que hemos aprendido del Advenimiento de Cristo.
Que esta noche sea de alegría y sano esparcimiento, ante un mundo que cada día es más material y complejo; un mundo que vive en la inmediatez del momento y en donde parecen haberse olvidado los valores más trascendentales de la vida. En esta casa editorial y como trascendió en nuestro aniversario número 67, hacemos votos por ser cada día el Mejor diario de Oaxaca y cumplir a cabalidad con los principios rectores del buen periodismo: la verdad, la oportunidad y el profesionalismo. No podemos soslayar que nos hemos regido por estrictos códigos de ética, que nos llevan a cumplir con el compromiso de informar sin maquillajes, sin buscar otros fines que no sean los de transmitir la verdad tan cruda como es. Es importante subrayar que conscientes del repliegue de los medios impresos en México –que no en el mundo- estamos buscando cada día alternativas que permitan fortalecerlo e instrumentos adicionales para complementar lo que hoy más que físicamente, se busca en el ciberespacio. A todos nuestros lectores, amigos, colaboradores, trabajadores, críticos y admiradores, nuestras felicitaciones y reconocimiento. Que esta Nochebuena sea de regocijo familiar y votos para ser mejores.
Chairos al ataque
En México, la cultura política del golpeteo sigue prevaleciendo sobre cualquier intento de civilidad. Al adversario político no hay que verlo como tal, sino como enemigo. Tundirlo en la primera oportunidad, exhibirlo, humillarlo si se da el caso. El fanatismo es el pan de todos los días. Golpeadores contratados ex professo arremeten en contra de quien se les ponga enfrente. Durante su pasada visita a Oaxaca y en el primer acto que presidió, el ejecutivo federal, Andrés Manuel López Obrador, pudo percatarse que el discurso del odio que se ha sembrado ha germinado a placer. La rechifla, los gritos e insultos al gobernador Alejandro Murat en el evento de inicio del Programa de los Pueblos Indígenas, mostró la faceta de un grupo de fanáticos sumergidos en odio. Si bien se dice que llegaron del Estado de México, nada justifica una acción de esa naturaleza. AMLO, se presume, es presidente de los mexicanos no del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena). La campaña ya terminó y el pacto federal enseña que se tiene que gobernar para todos, con respeto a la autonomía de cada estado y de su respectivo gobierno. Los ataques a la prensa, las descalificaciones para mostrar músculo frente al presidente y otros arrebatos, muestran la patética figura del fanatismo sin rumbo.
Había que ver la cara de sorpresa de AMLO ante esta infame muestra de vejación pública a un gobernador. Y mucho tiene que ver, desde luego, la falta de organización en eventos de esta naturaleza. Nada más importante que proteger la integridad física y moral del ejecutivo estatal ante desfogues y frustraciones como las que vimos el viernes pasado en el Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca (CCCO). Escenas como éstas definitivamente no deben repetirse. Hay que reconocer que las protestas también no ayudan mucho a la buena imagen gubernamental. Lo importante de todo es que contra viento y marea y, no obstante el ambiente pernicioso que sólo un grupo minoritario propició, Murat Hinojosa fue puntilloso en el discurso, sobre todo al apelar de la historia que Oaxaca ha construido y la forma en la que su gobierno abreva día a día, de los pueblos indígenas. Por su parte, una vez transcurrida esta muestra de intolerancia e ignorancia supina, el presidente reiteró su compromiso con Oaxaca y los programas que aquí pretende poner en marcha la Federación.
































