Francisco J. Sánchez
Durante décadas, los periodistas aprendieron a convivir con el dolor ajeno sin mirar el propio; a narrar tragedias con precisión quirúrgica, sin permitirse el temor ni la lágrima porque, simple y sencillamente, “era parte del oficio”.
Hoy, gracias a los nuevos hallazgos de investigaciones científicas se confirma que generaciones enteras de reporteras y reporteros en Oaxaca, México y el mundo arrastran heridas invisibles.
Pero no son aquellas cicatrices de los golpes o de las amenazas -aunque abundan-, sino las que deja la mente después de años de exposición al trauma, la precariedad y el miedo.
Según The Self-Investigation, una organización internacional dedicada al bienestar emocional en el periodismo, que este miércoles inicia su segunda Cumbre Mundial de Salud Mental, seis de cada diez periodistas —hombres, y en mayor proporción mujeres— presentan síntomas de ansiedad o agotamiento crónico; y uno de cada cinco muestra señales de depresión.
Estas cifras reflejan un problema estructural que durante años se ignoró. Las consecuencias de esa omisión hoy son visibles: algunos periodistas de esa generación enfrentan trastornos postraumáticos no diagnosticados, dependencias, aislamiento social o un retiro prematuro del oficio, pero lo más grave es que nunca recibieron atención psicológica porque el tema, simplemente, no se hablaba.
Frente a esta crisis silenciosa, comienzan a surgir algunas respuestas, aunque insuficientes, pero respuestas al fin y al cabo: por ejemplo, redacciones de distintos países -pocas en México y menos en Oaxaca- han empezado a incluir protocolos de bienestar emocional, talleres de autocuidado y acompañamiento psicológico.
Y aunque el periodismo se ha definido históricamente por su vocación de servicio y resistencia, hoy sabemos que ninguna vocación justifica el sufrimiento permanente.
Por eso, cuidar la mente de quienes narran el mundo es, en realidad, cuidar la calidad de la información que consumimos porque, sin lugar a dudas, sin periodistas sanos las sociedades pierden su voz más valiente: la que se atreve a contar lo que otros callan.


































