¡Discursos de oropel, prensa a golpes y trampas mortales!
Oaxaca se debate entre la retórica de paz que no protege a nadie y a 494 años de ser ciudad, las calles de la ciudad que, literalmente, se tragan a los visitantes.
“De lengua me como un taco”, dicen los abuelos, y parece que ese es el manual de operación de nuestras autoridades. Esta semana, el Centro Cultural y de Convenciones se vistió de gala para el Encuentro Sur-Sureste del SIPINNA; puras palabras bonitas, “gobiernos humanistas” y “territorios de paz”. Pero mientras ellos brindaban con café de altura, la realidad en las aulas les aventaba el cubetazo de agua fría. Oaxaca no es un territorio de paz; es un territorio donde el uniforme docente y la burocracia ministerial sirven de escudo perfecto para los depredadores sexuales.
El aula: de santuario a jaula de horrores
“A cada capillita le llega su fiestecita”, y a las autoridades les estalló la suya. Mientras en el foro presumían sus “intervenciones focalizadas”, en la Primaria “María Lombardo” de Cotzocón y en la Secundaria “Jaime Torres Bodet” de Tehuantepec, las niñas vivieron un infierno.
El caso de María Lombardo es de escalofrío: el profesor Félix M.G. haciendo de las suyas frente a los alumnos, normalizando el abuso, mientras la directora Amada Montor, con su “sensibilidad local” (ese eufemismo barato para decir complicidad), callaba y dejaba huir al agresor. Y en Tehuantepec, el profesor J.M.J.S. jugaba a las “revisiones” de bolsillos para tocar a las menores. ¿Y el IEEPO? ¿La Sección 22? ¿La FGEO? Brillan por su ausencia hasta que el escándalo les explota en la cara.
Lo más cínico: el privilegio de la plaza. Mientras los padres de Tehuantepec se endeudan con 47 mil pesos en terapias privadas porque el Estado no les da ni una aspirina, el agresor sigue cobrando su salario íntegro. “Si los maestros protegen, entonces si hay un ratero, todos son rateros”, dicen los padres, y tienen toda la razón. Mantenerle el cheque al verdugo no es justicia, es complicidad con dinero del pueblo.
Periodismo a golpes: la soberbia de los bloqueadores
Y como si no fuera suficiente, la semana nos dejó otro capítulo de intolerancia. El personal de apoyo de la Sección 22 (PAEE), en su afán de asfixiar a la ciudad con bloqueos, decidió que también tienen derecho de censura. Agredir a Adrián Gaytán, reportero de El Imparcial, no es “lucha social”, es cobardía.
“El que nada debe, nada teme”, ¿verdad? Si su causa fuera tan justa, ¿por qué les arde tanto que se documente? Arrebatar un celular, jalonear y golpear a un reportero que solo hace su trabajo es pisotear la libertad de expresión. Cuando la protesta cruza la línea hacia el ataque físico contra la prensa, deja de ser una demanda y se convierte en autoritarismo puro. ¿Dónde está la Defensoría de los Derechos Humanos? ¿O es que para ellos, los periodistas no tienen derechos cuando los agrede el bloque de siempre?
494 años de… ¡Cuidado con el hoyo!
Para cerrar con broche de oro esta tragicomedia, celebramos 494 años de que a nuestra querida Antequera le dieran rango de ciudad. ¡Bombo y platillo! Pero mientras el turismo es el aparador, el pavimento es una trampa.
Un turista norteamericano cayó en una alcantarilla abierta en la calle Jesús Carranza; un peligro constante para propios y extraños. Faltan tapas en el cruce de Fiallo y Artega, así como en otras calles del centro histórico. Es la metáfora perfecta de esta administración: una fachada bonita para la foto del turista, y una gestión de alcantarilla donde la gente termina cayendo literalmente en el vacío. “Mucho ruido y pocas nueces”, mucho aniversario y mucho evento, pero no pueden ni tapar un hoyo que pone en riesgo la vida de la gente.
Oaxaca no aguanta más discursos de papel ni funcionarios que solo actúan cuando la vergüenza los alcanza. ‘Arrieros somos y en el camino andamos’, y este huarachazo va tronado para que recuerden que la justicia y la responsabilidad no se decreta en foros elegantes, se demuestra en el salón de clases, en la calle libre y en el mantenimiento de lo que es de todos.
¡Pásenle a lo barrido, que aquí la verdad no pide permiso… y mucho menos perdón!































