Después de más de seis meses de que al menos cinco áreas fundamentales del gabinete estatal se encontraran acéfalas, el gobernador Alejandro Murat Hinojosa realizó el pasado lunes 22 de octubre, algunas designaciones, las cuales fueron calificadas de menor trascendencia. Se trata de la designación de la nueva titular de la Secretaría de Cultura y Artes (Seculta), Adriana Aguilar Escobar, quien se sabe, no tiene una trayectoria reconocida en la materia más que ser empresaria del ramo de la gastronomía y ahora ex funcionaria del gobierno de la ciudad. La aludida relevó en el cargo a Ignacio Toscano, éste sí más reconocido en el mundo de las artes y la cultura, que fue designado hace algunos meses, “encargado del despacho”, luego del enroque de la anterior titular, Ana Isabel Vásquez, como Secretaria de la Mujer Oaxaqueña. Toscano será a partir del pasado lunes, director del Centro Cultural Oaxaca, de cuya existencia pocos conocen, pues no se sabe si se trata del mismo Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca (CCCO) o de un organismo de nueva creación. La duda en torno a dicho órgano prevalece, aunque el ejecutivo estatal afirmó que se trataba de una instancia autónoma. Nada en claro. Más confusión.
Lo que llamó la atención fue la designación de Marco Antonio Hernández Cuevas, quien fuera en esta administración director de Icapet y, posteriormente, coordinador de la campaña al Senado de la República, del hoy senador Raúl Bolaños Cacho Cué, como Coordinador General de Delegaciones de Gobierno. Vale la pena subrayar que esta figura existió en los tiempos de Heladio Ramírez López (1986-1992), continuó en el de Diódoro Carrasco (1992-1998), vino a menos durante los de José Murat (1998-2004) y de Ulises Ruiz (2004-2010) y prácticamente desapareció en el de Gabino Cué (2010-2016). Al inicio de la actual administración se mencionó su creación, pero no pasó de ser sólo buena intención, pues desapareció. No obstante, con la designación de Hernández Cuevas, se espera que dichas instancias, que en principio fueron creadas para resolver los problemas políticos en las regiones del estado y evitar que llegaran hasta la sede del poder ejecutivo, sean una realidad y no sólo un mecanismo para darles chamba a los muchos desempleados que han quedado desamparados. De ser así no esperemos mucho de que la problemática sea resuelta sólo a nivel regional, sino que la ciudadanía seguirá fustigada por bloqueos y marchas.
FGEO: Labor de asepsia
Ante la serie de denuncias de extorsiones, de cobros por derecho de piso y otros ilícitos, varios comandantes de la Agencia Estatal de Investigaciones (AEI) fueron relevados de las regiones y plazas a donde habían sido asignados. El Fiscal General del Estado, Rubén Vasconcelos, asumió su papel de jefe superior de la AEI. Un caso emblemático de corrupción se estaba dando en el Istmo de Tehuantepec, en donde el comandante regional apodado “El Toto” no sólo cobraba cantidades considerables a las bandas que ordeñan los ductos de Petróleos Mexicanos (PEMEX), llamados huachicoleros, sino asimismo a los traficantes de indocumentados. En la costa se daba una situación similar. Los mismos elementos que se presume deben cumplir una tarea fundamental en la investigación de ilícitos, coludidos con diversos grupos de sicarios o ladrones. ¿Cómo se explica que los presuntos responsables del robo de vehículos en la entidad, hayan sido vinculados con los propios elementos de la corporación? Es increíble que el mismo jefe del ejecutivo no haya tomado cartas en el asunto, a sabiendas de que la inseguridad es uno de los capítulos más delicados en su administración.
Fueron éstas entre otras algunas de las razones que motivaron a que el titular de la Fiscalía General, tomara el papel de relevar a varios mandos regionales y locales, para darle a la AEI una limpieza general. Este fenómeno no es nada nuevo, desde luego. Es factor indiscutible de la corrupción que permea en los cuerpos policíacos federales, estatales y locales del país. Y Oaxaca no está al margen. Ya lo hemos dicho en este mismo espacio editorial. Hoy mismo en la entidad se ha dado un crecimiento inédito en el número de homicidios dolosos, sin que las autoridades parezcan reparar en dicho fenómeno. Lo anterior contrasta con el discurso del gobernador Alejandro Murat, en torno a que Oaxaca es una entidad segura, en donde la gobernabilidad está asegurada. Obviamente no se percibe lo que ocurre en las regiones o ciertos funcionarios del área de seguridad le dan información falsa o torcida. Y uno de los ejes de dicho fantasma está, justamente, en la corrupción que permea en los cuerpos policiales, particularmente en la citada AEI. Hay que aplaudir pues la medida que instrumentó el Fiscal para alinear de manera institucional a la multicitada corporación, pero sobre todo, para evitar más descomposición.


































