Los problemas suscitados los días jueves y viernes de la semana pasada, que dieron lugar a conatos de violencia, generados por grupos y organizaciones de comerciantes en la vía pública, empeñados en ocupar el Paseo Juárez “El Llano” para instalar su vendimia del Día de Reyes, debe ser un tema que no debe ser soslayado por el Cabildo y la administración del presidente Oswaldo García Jarquín. El comercio ambulante, los grupos que controlan los chachacuales y puestos en ferias y romerías religiosas, son una seria amenaza a la paz social. Insistimos: no se trata de cuestionar la manera en la que dichos comerciantes o verbeneros se ganan la vida, que al final del día no es deshonesto, sino de evitar que las calles de la capital oaxaqueña se conviertan en un gigantesco mercado que hagan parecer al llamado Patrimonio Cultural de la Humanidad en un pueblo sin ley. En la reunión de Cabildo del pasado viernes 5 de enero, los concejales ratificaron su decisión de no permitir más puestos ambulantes ni vendimias en el citado parque público y sitio de esparcimiento de los oaxaqueños. El Llano es de todos y no de unos cuantos dirigentes que manejan a su arbitrio la venta de espacios. El comercio informal o en la vía pública ha crecido de manera indiscriminada. De muy poco sirvió la farsa de suspender los días miércoles su presencia en el Centro Histórico. El problema es mucho mayor, pues tal parece que luego de suspenderse por un día, el directorio de comerciantes se multiplicó. Durante la ausencia del ex presidente municipal, José Antonio Hernández Fraguas, que de manera atípica dejó el cargo días antes de entregar la estafeta, tal parece que motivó la proliferación de más comerciantes en la vía pública. Por lo pronto y luego de resolverse favorablemente en retorno de los mismos a los lugares que con antelación les fueron asignados en los rumbos del Barrio de Jalatlaco, esperamos que el gobierno de la ciudad proponga alternativas de solución. Ya no podemos seguir bajo la amenaza permanente de que si no los dejan instalarse en tal o cual lugar, tengamos que tolerar cierre de calles, avenidas o incluso violencia. Las autoridades tienen que ponderar por encima de todo, la vigencia simple y llana de la ley. Las ordenanzas municipales deben tener estricta observancia, más allá del respeto a los derechos humanos y demás trabas.
Estadística mortal: hecho irreversible
Al día siguiente en que el presidente Andrés Manuel López Obrador cuestionó la portada del diario capitalino “Reforma” en torno al número de homicidios y ejecuciones que se han registrado en sólo un mes de gobierno, la masacre de 24 personas en diversas ciudades de Guanajuato en una sola jornada violenta, vino a concederle la razón al diario. En la “Cuarta Transformación”, tal parece que se quiere tapar el sol con un dedo. Solamente en Oaxaca se habla en este inicio de año de al menos diez ejecutados. Es pues, un hecho irreversible que es imposible ocultar. La violencia se ha exacerbado en el país no obstante discursos, promesas, llamados a integrar la Guardia Nacional, aunque no tenga el reconocimiento del Congreso. En nuestra entidad, está por demás insistir en la inoperancia, incapacidad y torpeza de quienes están al frente de la seguridad pública. Nada habrá de convencer a quien manda en el estado, que dichos funcionarios ya no operan a dos años de que fueron designados como titulares de las áreas respectivas. La crítica ciudadana; las expresiones de descalificación en las redes sociales y otros, no han tenido el menor impacto en la decisión gubernamental.
Los crímenes de este inicio de año, si bien no imputables al gobierno estatal, sí se convierten en instrumentos para desacreditarlo, descalificarlo y convertir dichos ilícitos en acicates para el golpeteo mediático. La pregunta de la controvertida diputada federal, Tatiana Clouthier: “¿Qué pasa en Oaxaca?”, puede no tener la menor importancia, sin embargo, tomada de donde viene sí representa un golpe a nuestro gobierno pues nos hace ver como un pueblo de salvajes. Es pues necesario ubicar el tema de la seguridad pública en la agenda de prioridades del gobierno de Alejandro Murat, al mismo tiempo ser prudente en las declaraciones en entrevistas formales o banqueteras, para que el sobado argumento de que todo está bien y el Oaxaca en paz, no se convierta en una especie de burla a los oaxaqueños y a quienes de alguna suerte han padecido la pérdida de un ser querido. No hay que omitir asimismo, que los feminicidios siguen a tambor batiente en la entidad, sin que haya de momento, una respuesta enérgica y contundente de parte de la autoridad. Las muertes violentas y por ejecuciones de la delincuencia organizada sigue al alza, aunque en el gobierno de la Cuarta Transformación se nieguen a ver la realidad.
































