A ti, que “toleras” a la comunidad LGBTIQ+ | El Imparcial de Oaxaca
Oaxaca
La Capital Los Municipios
El Imparcial del Istmo El Imparcial de la Costa El Imparcial de la Cuenca
Nacional Internacional Súper Deportivo Especiales Economía Estilo Arte y Cultura En Escena Salud Ecología Ciencia Tecnología Viral Policiaca Opinión

Opinión

Sin cuentos chinos

A ti, que “toleras” a la comunidad LGBTIQ+

 


Cuando creces en un mundo binario, que se sigue rigiendo bajo paradigmas establecidos hace años (añísimos) atrás, es difícil salir. Sí, es complicado escapar de un sistema que nos ha adoctrinado para ser lo que quiere que seamos sin saber que una sociedad, como un rompecabezas, está hecha de piezas únicas que usan esas diferencias para tejerse y configurarse como algo más grande; algo mejor. ¿De qué serviría tener un montón de piezas iguales? Jamás podrían entrelazarse, jamás podrían dar como resultado, una obra de arte digna de enmarcar.

Sin embargo, hoy, luego de que como humanidad hayamos atravesado sucesos como guerras y pandemias -que nos obligan a detenernos, repensarnos y valorarnos- aún sigue habiendo un grueso importante que se aferra a una moral obsoleta y contradictoria; que por un lado dice “Amén” ante al mandamiento de amar al prójimo pero al salir del templo, discrimina. Se jactan de promover el amor como medio y fin, pero cuando dos personas del mismo sexo lo celebran, entonces lo condenan. Y ahí es cuando entiendo que aunque hemos avanzado, nos queda un largo trecho.

“Los tolero pero no comparto su manera de ser y expresarse”, “lo tolero pero no quiero fomentarlo con mis hijos”. No señor, no señora, nadie les está pidiendo que lo toleren, les estamos pidiendo que los respeten y los dejen ser. Que no señalen ni intenten empacar a la gente que los rodea en su (pequeña) esfera de nieve. Si ustedes decidieron vivir bajo los principios que la sociedad y la religión marcan, está bien, pero así como ustedes tomaron esa decisión, dejen que el resto de las personas, tomen la suya. Como dice una de mis consignas favoritas del Día del Orgullo, “el amor no hace daño, el odio sí”. 

Y es que últimamente parece que la tolerancia, desapegándose de su definición real, se ha convertido en ese escudo que protege a quien no quiere ser juzgado por no comprender que existe un universo fuera de hombres y mujeres enamorándose entre sí. Es como si tolerar los eximiera de ser socialmente sentenciados, pero aún teniendo la mente llena de “peros” y el alma llena de odio. 

Hoy es el Día Internacional del Orgullo, y para esta comunidad, es un día (y un mes) en el que es forzoso celebrar todas las batallas ganadas, pero para quienes no nos asumimos parte de ésta, debe ser concebido como un espacio de reflexión, de autocrítica, de cuestionarnos qué hemos hecho para llevarlos hasta aquí, a este punto en el que sienten la urgencia de hacer ruido, de descubrirse, de mostrarse y de vivirse con entera libertad. Nos cuesta aceptar que nosotros somos parte del problema, que hay conductas inherentes y reprobables que aunque nos negamos a identificar, perpetúan un mal sistemático que no nos deja ser y hacer ese gran rompecabezas.

Tener un amigo gay o una amiga lesbiana y aceptarlo o aceptarla, no significa que estás haciendo las cosas bien. Es decir, sí, gracias por no darle la espalda, pero ve un poco más allá. ¿Sabías que la comunidad LGBTIQ+ tiene más letras por un razón? ¿Sabes qué otras partes las conforman? ¿Te has preguntado si la persona que conoces que forma parte de esta comunidad, se siente cómodo con el lenguaje que utilizas? ¿Si se siente incluido y experimenta igualdad de oportunidades y derechos? La discriminación tiene muchas caras, algunas más evidentes que otras, pero lamentablemente, se sigue viendo y escuchando por doquier. Se ve en una cadena de antro que no quiere dejar pasar a quien quiso cambiar su pantalón por sus licras; se escucha en cada “no seas maricón” que le dices a tu amigo de ‘broma’ pero que refiere a una manera despectiva de hablar de debilidad y de asociarla con personas que si algo no son, es débiles.

Me lastima lo que somos pero me motiva que hay un mar de gente tanto dentro como fuera de la comunidad, generando huracanes para hacer que cada vez haya menos personas que sientan que no pertenecen a un mundo que tiene espacio para todos; para que sepan que lo “normal” es solo una imposición abstracta y arcaica que ellos nacieron para reconstruir, pues de nuevo, cada pieza de este gran rompecabezas es diferente y por lo tanto, fascinante.

Eduquémonos, informémonos, y enseñémosle a nuestros hijos, amigos, hermanos y conocidos, que la diversidad sexual, racial, cultural y de todo tipo, existe. No tengas miedo de que eso provoque que quieran ser homosexuales o transexuales, ten miedo cuando por ignorancia, se conviertan en lo que hoy queremos erradicar. Ten miedo cuando se sientan acorralados por ser quienes nacieron para ser y tomen decisiones drásticas para liberar su frustración. Ten miedo cuando veas a alguien renuente a aceptar que los miembros de esta comunidad no son un fenómeno, son seres humanos. Y no, los “raros” no son ellos por salirse de la norma, son quienes se empeñan en seguir viviendo en ella.