Libertad de expresión bajo amenaza
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Editorial

Libertad de expresión bajo amenaza

 

Ya son legendarios los discursos oficiales que ponderan la libertar de expresión. Aquellos que afirman defender la libre prensa y el trabajo periodístico. Hasta conmemoraciones se llevan a cabo. Lo cierto es que México y, Oaxaca no se queda atrás, siguen figurando entre los países y los estados, en donde cualquier baba de perico agrede a periodistas, muchas veces en multitud. Recordamos muchas agresiones, pero ninguna con tal impunidad, cinismo y cobardía, como la que se llevó a cabo el pasado miércoles, cuando un grupo de sujetos, sicarios o porros, arremetió a golpes, patadas y bajezas, en contra de compañeros periodistas que cubrían una audiencia y la toma de las oficinas del Tribunal Agrario Unitario (TUA), ubicado en la calle de Díaz Quintas, casi esquina con Calzada de Niños Héroes de Chapultepec. Un reportero gráfico fue obligado a golpes a borrar las fotografías que había tomado. Aunque, hay que reconocerlo, la defensa de los comunicadores fue valiente.
Las luces de alerta se encendieron entre el gremio. Las “benditas” redes sociales difundieron las fotografías y videos de los agresores. Luego trascendió la detención de cuatro agresores. Hasta bien entrada la tarde de ese día no se había dado ningún pronunciamiento o posición al respecto, de parte de la Fiscalía General del Estado, a diferencia de la Defensoría de los Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca (Ddhpo), que urgió aplicar medidas cautelares a los compañeros agredidos. Sabemos que existen protocolos para garantizar el derecho a la información y que nadie, con el argumento que quiera, puede limitar o acotar la libertad de expresión. Los compañeros que fueron agredidos pusieron su denuncia ante el Ministerio Público, exigiendo se haga justicia y se aplique todo el peso de la ley en contra de los agresores.
Desde este espacio editorial, EL IMPARCIAL. El Mejor diario de Oaxaca, reitera su rechazo e indignación por estas acciones de sicarios o porros. Hacemos un llamado a la unidad del gremio, sin etiquetas ni fijaciones, a hacer un frente común para exigir a las autoridades se aplique la ley. Si en realidad se quiere pasar del discurso a la realidad, que esta agresión a nuestros compañeros no quede impune. La Fiscalía General de la República (FGR), a través de la Fiscalía Especial en torno a Delitos en contra de la Libertad de Expresión, al igual que su homóloga estatal, deben realizar las pesquisas necesarias para detener a los agresores y fincarles responsabilidades penales.

¿Otro atractivo turístico?

Las autoridades locales deben instrumentar medidas, sin afectar los derechos humanos, para limitar la mendicidad que ha proliferado en la ciudad, particularmente en el Centro Histórico. Resulta en realidad una violación a todo orden legal, que haya adultos que llevan consigno niños para hacer más patética su situación de mendicidad o como un anzuelo para captar más dinero poniendo en evidencia la vulnerabilidad infantil. Se trata a veces de menores de edad que deambulan por la calle, justo cuando deberían estar en la escuela, es decir, por la necesidad en que viven, sus padres explotan su naturaleza, negándoles el derecho a la educación. En los tianguis que se establecen cada semana en la Colonia Reforma, en la Calle de Derechos Humanos y otros rumbos, pasan niños con mochila pidiendo la moneda o el mendrugo de pan, mientras la madre está agazapada esperando el resultado de la incursión de los menores.
Por fortuna, hace al menos dos años que fue desmantelada una red de trata y explotación infantil, por parte de vivales de la etnia tzotzil, que provenientes de Chiapas, explotaban a niños y niñas, pidiendo limosna en las calles y avenidas. La Fiscalía General del Estado, en coordinación con el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), devolvió a los menores a sus sitios de origen, luego de encontrarlos viviendo en condiciones infrahumanas en una vecindad de Santa María Atzompa. Sin embargo, la trata y explotación por parte de padres y madres drogadictas y alcohólicas, se ha vuelto algo común. Gente sin escrúpulos, incluso familiares en línea directa, como padres y abuelos, han encontrado una mina de oro al enviar a los menores a pedir caridad en calles, parques, restaurantes o cafés.
Insistimos: hace falta legislar para acotar este “atractivo turístico”, pues los menores están en el Andador Turístico, luciendo sus dotes artísticas con el acordeón o con el sombrero para recibir la dádiva ciudadana. Por la zona del Mercado de Abasto o la Central Camionera, la situación es en realidad preocupante. Menores de edad dormidos o deambulando por pasillos o bodegas, completamente drogados, fuera de la realidad y pidiendo la moneda para probar alimento. Es obvio que se trata de uno de los males que corroen las entrañas de nuestra sociedad y que no es fácil erradicar. El problema es que no se han conocido hasta el momento, medidas de las autoridades para limitar o acotar el grave problema de la mendicidad.