De acuerdo al análisis de la académica de la UNAM, Karina Caballero, “si se reporta una disminución significativa en la cantidad y calidad disponible de agua dulce necesaria para satisfacer las necesidades dentro de una región, puede estar relacionada con el estrés hídrico”.
En su opinión, el estrés hídrico en gran parte de la República, es impulsado por el crecimiento demográfico y económico, así como por el cambio climático y la degradación de los ecosistemas.
Por ejemplo, la presa Miguel Alemán se encontraba hasta hace unas horas al 46.1% de su capacidad y con una variación de almacenamiento del 26.5%, con una capacidad de 8 mil 119 millones de metros cúbicos.
Asimismo la presa Miguel de la Madrid con capacidad de 2 mil 599 millones de metros cúbicos está al 67.1%, mientras que la presa Benito Juárez registra un 57.0% de total de llenado con capacidad de 720 millones de metros cúbicos y la Yosocuta tiene un 90.4% de un total de 46 millones de metros cúbicos.
Apunta que no es un problema exclusivo de los países en desarrollo, y de no haber un cambio en sus causas, parece que seguirá aumentando, lo que tendrá efectos nocivos para la vida humana, la seguridad alimentaria, la salud, y afectará las actividades económicas.
De igual forma, la investigadora comenta que este fenómeno incidirá en el desplazamiento de millones de personas en busca de lugares en los cuales puedan tener acceso al preciado recurso en los próximos años.
Alerta que la demanda de agua dulce continúa en aumento de manera significativa, debido al crecimiento poblacional, al desarrollo económico y a los patrones de consumo, lo que incrementa el uso del agua para las necesidades domésticas, industriales y agrícolas.
Subraya que la agricultura representa alrededor de 70 % del uso del agua dulce global, lo cual hace que la cadena de suministro de alimentos y bebidas sea altamente sensible al estrés hídrico.
Resalta que actualmente se observa una enorme desigualdad en la disponibilidad de agua en las sociedades, asociada, en primer lugar, a factores geográficos, pero también está presente la falta de infraestructura hídrica, la baja aplicación de tecnologías innovadoras y el hecho de no modernizar políticas, regulaciones y prácticas de gobernanza.
Ejemplifica que un hogar que no tiene el servicio de agua potable tiene que gastar en agua embotellada y camiones cisterna para satisfacer sus necesidades de consumo.
El agua, desde el punto de vista económico, puede considerarse una mercancía cuya valoración monetaria expresa su escasez; además, la apropiación privada y su precio se pueden usar como reguladores de su explotación intensiva, subraya.





































