Aunque ha tratado de mantener las ventas con envíos a domicilio, a David Fajardo se le ha complicado sostener su joyería en el centro de la ciudad y una más que tiene en una plaza comercial. Por ambos locales, paga una renta mensual de 35 mil pesos. Sin ingresos, y aunque le darán tiempo para pagar los dos meses que han permanecido cerradas, dice que es el gasto que más le preocupa. Por ello, este martes decidió abrir el local que tiene en la calle Trujano, en el centro de la capital.
Ahí, mientras limpia y acomoda las cadenas, artes y otros artículos de plata, cuenta que el negocio familiar vive un momento muy difícil. Primero por tener que cerrar ante las medidas establecidas para evitar la propagación del Covid-19, luego porque aunque ha intentado vender, la entrega se ha complicado por la negativa de empresas de transporte o los cierre carreteros en comunidades de residencia de sus clientes. Antes, dice, estos venían a la ciudad.
El periodo de suspensión “ha sido difícil porque no hemos tenido ventas”, expone quien a las rentas suma los gastos personales y otros para el negocio. Desde su perspectiva, comercios como el suyo carecen de apoyos. Y aunque sabe de los programas federales de créditos, estos “no son para todos”. Su caso no califica para acceder al crédito de 25 mil pesos, al ser un negocio familiar y no tener a personal dado de alta en el Seguro Social.
Para Fajardo, las rentas son las que más han pesado en la crisis. “La renta no se perdona; nos van a esperar, pero no se perdona”. Reconoce que aun con la reapertura y un horario reducido, no hay ventas.
“Farmacias o tiendas de conveniencia siguen vendiendo, no como antes, pero venden. Para nosotros, como no es un artículo de primera necesidad, esto representa más problemas”.









































