¡Centurión, llévense a este hombre y hagan lo que el pueblo pide!, Pilatos, el gobernante de Judea, había enviado a Jesús para ser juzgado por Herodes, pero este se lo devolvió. Ambos habían encontrado inocente a aquel hombre, pero la presión popular hizo ceder a Pilatos, quien finalmente lo entregó a aquellos que pedían castigo para aquel que había hecho milagros.
¡Vamos, camina nazareno! Los gritos del centurión conducían a Jesús a su viacrucis y tras él iban también los dos ladrones Dimas y Gestas.
Antes, Barrabás, considerado un peligroso delincuente, había conseguido su libertad cuando se le preguntó al pueblo si liberaba a Jesús o a éste.
Cargar pesadas cruces era parte del castigo en un recorrido que se relata en la biblia y que este Viernes Santo se volvió a vivir en Tlalixtac de Cabrera.
Encarnado por Alberto García Zárate, quien cumplía una promesa al representar al nazareno, Jesús padeció su viacrucis en las calles de este municipio cercano a la capital oaxaqueña, donde la fe y la solemnidad han tenido que convivir con la afluencia turística y con la verbena instalada para la ocasión.

Entre la representación a cargo del Grupo Pasión de Cristo y la participación de los apóstoles de la iglesia que llevan otra cruz e imágenes, se escuchaba el constante ofrecimiento de sombrillas de 100 pesos, de paletas de hielo, de frituras, matracas y todo tipo de productos vendibles.
A unos pasos del parque central y de la iglesia, en los que se recreaban los últimos momentos de Jesús, estaban los puestos de venta de comida, de aguas frescas, de tejate y otros tantos que conformaban la verbena.
Fe y tradición se fundían entre la vida cotidiana, entre el llamado a respetar al contingente y el desacato de cientos de personas que buscaban ir a un lado de los actores a toda costa para ser parte de la conmemoración. También de otras que aun con la representación en curso seguían ofreciendo sus productos entre los cientos o miles de asistentes y el operativo de seguridad.
Al fondo se escuchaba el constante sonar de las matracas en el templo católico y en la capilla, en señal del momento de dolor que se estaba viviendo por la pasión y muerte de Jesús.
Desde las 9 de la mañana y hasta la tarde, la población y visitantes llegaban al parque, a las calles marcadas para el recorrido y a la unidad deportiva para ser testigos del Viacrucis, una representación viviente que se realiza desde el año 1975, junto con la representación por parte de la parroquia.







































