Cuando subió al escenario la delegación de Cuilapam de Guerrero, con sus coloridos penachos de pluma, huarache, calzón de manta y la personificación de Moctezuma, de Hernán Cortés, de personajes como Malinche, Pedro de Alvarado los teotiles, reyes y capitanes, comenzó a bajar la nostalgia desde lo alto de la gradería, esa sensación envolvente que nos indicaba que la festividad de los Lunes del Cerro, en su Octava, estaba ya en cuenta regresiva.
La añoranza de lo que está por llegar a su fin se acentuó inmediatamente después con el arribo de la delegación de Huajuapan de León, esa que trae tatuado en la piel, en su voz, el Dios Nunca Muerte, que pone de pie a los oaxaqueños pues es nuestro himno y que contagia a la audiencia del sentimiento de pertenencia.
¡Salta por los aires, danzante de la pluma! ¡Muestra tu agilidad! Relata esa versión libre de la conquista y de encuentro de personajes que, quizá, nunca se encontraron juntos. Pero esta es una danza, una representación de entre las cinco más emblemáticas de la Guelaguetza.
Centéotl, hija del Sol y del Maíz
Ya habían transcurrido más de dos tercios de la emisión vespertina de la Octava de los Lunes del Cerro cuya tarde había iniciado con la bienvenida ofrecida por una mujer de rostro broncíno, indígena y ataviada con el huipil propio de la sierra mazateca. “¡Yo soy Centéotl, hija del sol y del Maíz!” indicó Patricia Casiano Zaragoza al señalar que es la voz de las mujeres y demandó escuchar a la mujer indígena; empuñando el cetro de Centéotl indicó que “represento orgullosamente a la fertilidad y la abundancia, pero, sobre todo, represento a las mujeres; alzo la voz para que la mujer indígena sea escuchada. Somos las protagonistas de nuestra propia historia”.
El primer número estuvo a cargo de Loma Bonita con bailables acompañados por el son Sotaventino, muy cercano al son Jarocho. En segundo término, se presentaron los Chilolos de Chalcatongo de Hidalgo, de la mixteca oaxaqueña y en tercer término de San Andrés Huaxpaltepec, al interpretar el Fandango de Cajón.
También de la Costa se presentó la delegación de Santa María Huatulco y, acto seguido, la delegación de la mística Mitla. También subió al escenario Santo Tomas Ocotepec. Vistosa la representación de Sola de Vega, con la celebración de los 500 años de haber sido asignado San Miguel Arcángel como santo patrono de esa comunidad de la Sierra Sur
La comunidad de San Sebastián Tecomaxtlahuaca interpretó la muy tradicional y representativa Danza de los Diablos, con esa expresión cultural afrodescendiente, principalmente de la Costa Chica de Guerrero y Oaxaca en México, que combina elementos de resistencia, tradición y celebración; danza teatro para evangelizar a los Mixtecos al representar la lucha entre moros y cristianos, en donde estos últimos salen vencedores.
La Rotonda de la Azucena, a tope
Siguieron las delegaciones de San Pedro Ixcatlán y Santiago Llano Grande. En la Rotonda de la Azucena más de 11 mil personas atestiguaron el deslumbrante cierre de la Octava del Lunes del Cerro, manifestación viva de la cultura, música, canto, tradición, alegría, fraternidad y entrega del pueblo de Oaxaca.
Después llegó la representación de venta de la leche y labrado de la cera de la Vela de San Vicente Ferrer Goola de la Heroica Ciudad de Juchitán de Zaragoza, cuyas mujeres portaron su vestimenta con flores bordadas multicolores.
En tanto, la picardía de Santa María Huatulco, con sones y chilenas, fue acompañada por las luces de celulares del público, quien vivió el cerramiento de la palabra por San Pablo Villa de Mitla; San Pedro Ixcatlán, con Na Puta Chichí y la Borrachita con sus pasos sincronizados y balanceo rítmico; Santa María Zacatepec, con boda, fandango y carnaval Tacuate, cuyos hombres pintados de rojo bailaron con un torito a cuestas.
La noche se cerró en medio del ensueño
En esta edición 93 de la Guelaguetza se presentó Santo Domingo Tehuantepec con Saa Guidxi, fiestas titulares de Tehuantepec con el porte y alegría de sus integrantes; además, por primera vez, Santa Cruz Xoxocotlán subió a la rotonda con su fandango Xoxeño y ritual del guajolote.
Y la noche se nos vino encima y llegó la niña usileña, los huipiles de la cuenca del Papaloapan y Flor de Piña que, por enésima ocasión embelesó a Oaxaca y dejó deslumbrado a auditorio Guelaguetza.
Y el fin, la despedida con las anfitrionas, las Chinas Oaxaqueñas y el Jarabe del Valle. Apenas terminada la actuación el cielo de Oaxaca capital se tornó de múltiples colores con los juegos artificiales. Retumbaron los gritos al unísono de ¡Viva Oaxaca! ¡Viva la Guelaguetza!
Y las delegaciones subieron al escenario con un espíritu fraterno y con la gran promesa y esperanza de retornar el año próximo a la Rotonda de la Azucena con los nuevos y viejos amigos y danzar, bailar en honor de la Diosa Centéotl, revivir, revalorar y enaltecer a la cultura oaxaqueña y una sentida invitación
¡Nos vemos en 2026!







































