Cada jornada, el llamado para atender una urgencia pone en alerta al personal de la Cruz Roja Mexicana, que como a Ana María García Martínez y Daniel Bohórquez, formados como técnicos en urgencias, dan todo de sí en casos de gravedades. Ayudar a los demás y llevar a una persona con vida hasta el hospital “es una satisfacción que te llena mucho”, cuenta Ana María, quien hace siete años se unió a esta institución de más de un siglo de historia en el país.
Su interés inicial en el ámbito médico era estudiar una carrera, pero la muerte de una de sus tías la marcó y la llevó a ingresar a la Cruz Roja. Ahora es parte del equipo de socorros, el que ante un reporte canalizado desde el número de emergencias 911 acude a llamados en la zona conurbada de Oaxaca.
Un accidente en la carretera 190 la impresionó por la fortaleza de una menor que, junto con su hermano, perdió a sus abuelos, pero que a pesar de ello se mostró fuerte y tranquila.
Fue el 21 de febrero de 1910 cuando en tiempos del expresidente Porfirio Díaz se expide el decreto que reconoce oficialmente a la Cruz Roja Mexicana en el país. Aunque la institución de asistencia había trabajado desde hace algunos años en emergencias como la tromba que azotó en agosto de 1909 a Monterrey.
Instalada en Oaxaca desde 1926, la institución ha pasado los últimos dos años con retos marcados por la pandemia. Contagios, temor ante los traslados de personas contagiadas y la constante de llamados falsos enmarcan este aniversario. Pero también la convicción y el compromiso de servir.

Daniel Bohórquez, técnico en urgencias médicas, tiene 22 años de edad y cuenta que en Oaxaca la institución estuvo inicialmente sobre la avenida de la Independencia, donde ahora opera una antigua funeraria. Actualmente, se ubica en la calle Armenta y López; además de esta delegación cuenta con sedes en Puerto Escondido, Huajuapan, Miahuatlán, Tlacolula, Salina Cruz, Tehuantepec y Huatulco.
En un primer momento, la pandemia obligó a la disminución de voluntarios, de guardias, de cambios en dinámicas de trabajo y cierres en áreas como la de Juventud, que se enfoca en acoger a infantes y jóvenes de entre 8 y 18 años de edad. Se tuvieron que resguardar, y se priorizó la atención prehospitalaria, explica Bohórquez.
Las emergencias no iban a parar, aunque sí íbamos a enfrentar a un nuevo tipo de emergencias; choques combinados con personas enfermas de Covid. Entonces nuestro personal tenía que estar protegido con medidas de bioseguridad”.
El personal no fue ajeno a los contagios, ya que estos se vivieron en todas sus áreas.
Por otra parte, las y los voluntarios disminuyeron a causa de las condiciones de salud que padecían. En los últimos meses, la cifra de estos se está recuperando, al igual que el personal, pues quienes egresan de la escuela de técnicos en urgencias médicas se suman a las filas.
Es muy bonito ayudar a las demás personas, en los accidentes, a personas grandes como pacientes clínicos y que te den las gracias es una satisfacción muy grande”, apunta Ana María, quien recuerda que en momentos de tragedia también hay fortaleza.





































