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Falta de infraestructura frena movilidad de discapacitados

Rampas y calles en mal estado, puestos en banquetas o la obstrucción de ciclo vías son algunos de los problemas


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Martín Pedro Reyes dice que “es más fácil brincar la camioneta” que buscar al conductor y pedirle que libere el tramo de ciclovía que obstruye en la calle Macedonio Alcalá, a un costado del jardín Carbajal. Martín lo dice una mañana de sábado, alrededor de las 8:00 horas, cuando intenta desplazarse por el centro histórico de la ciudad de Oaxaca a bordo de su silla de ruedas. 

Aunque en otros casos habría subido a la banqueta o recurrido al arroyo vehicular para sortear esos obstáculos puestos por conductores, Martín y Jesús Ramírez siguen su paso por el carril confinado, luego de que el chofer los observa y con un “disculpe” se retira.

“Tanto conductores como personas, no contamos con esa sensibilidad hacia usuarios de sillas de redas”, señala el joven de 27 años, quien por un disparo de arma de fuego perdió la movilidad de sus piernas y desde hace dos años adquirió su discapacidad.

A sus 55 años, Jesús Ramírez lleva casi seis con discapacidad. Como originario y habitante de la capital, señala que uno de los mayores obstáculos es que los cajones destinados para vehículos de personas con discapacidad en todo el territorio suelen estar ocupados por “gente que puede caminar, que no tiene ninguna discapacidad”.

Ambos son parte del grupo Vida Independiente México-Oaxaca, que reúne  poco más de 20 personas con discapacidad y que usan sillas de ruedas. En el recorrido los acompaña también Arnulfo Monjaraz, quien señala que a la par de la falta de infraestructura o de la mala condición de estas, se carece de espacios accesibles. Encontrar un sanitario al que puedan ingresar sin dificultad alguna, por ejemplo, es otro de los retos. 

En el centro histórico de la ciudad, la obstrucción de banquetas por puestos del comercio informal es otro de los problemas que enfrentan, principalmente en las cuadras cercanas al Palacio de Gobierno y de los mercados Benito Juárez y 20 de Noviembre. 

Eso y la presencia de postes, zanjas o el que las banquetas sean reducidas y las rampas estén en mal estado los orilla a bajar al arroyo vehicular; en otros casos, a regresar hasta encontrar otro cruce y calles aptas para seguir.

“Esos son los obstáculos que nos pone la gente”, cuenta Ramírez en referencia a los puestos u otras obstrucciones. En su caso, el mal estado de las calles hizo que la llanta de su silla cayera en el acotamiento y lo arrojara al pavimento. “Siempre hay obstáculos para uno”, subraya.

En la pirámide de la movilidad, el primer lugar lo ocupan las y los peatones, incluidas las personas que usan una silla de ruedas, bastón u otro tipo de apoyo.

Sin embargo, la realidad contrasta con ese ideal, pues la condición de las banquetas no es la que se requiere para garantizar el andar por ellas. “Muchas veces las banquetas están obstruidas o en mal estado y lo que hacemos es irnos a la carretera para seguir”, explica Martín sobre la razón por la cual él y otros usuarios de sillas de ruedas aprovechan los pocos tramos de ciclovía en la capital.

Considerado patrimonio de la humanidad por su arquitectura colonial, el centro histórico de la ciudad no es del todo accesible con quienes usan sillas de ruedas, quienes tienen alguna discapacidad visual y requieren de un bastón o de las líneas guía para ubicarse. 

En el caso de Jesús y Martín, la cantera que caracteriza no solo a varios inmuebles sino a las calles y banquetas no son garantía de movilidad.

“A lo mejor son calles que para la ciudad se ven muy bonistas, pero para nosotros ese tipo de empedrados acorta la vida de tus baleros, llantas, las sillas. Es un poco desgastante andar en ese tipo de calles por la vibración y el material”, refiere Martín.

Por momentos, señala que su discapacidad no es más obstáculo, pues no extraña la movilidad de sus pies y se describe como una persona independiente. “Tengo una silla de ruedas con la que me desplazo muy bien; te vas adaptando al nuevo tipo de vida que adquieres”, explica.

Radicado en San Lorenzo Cacaotepec, a unos kilómetros de la capital del estado, las veces que Martín acude a la ciudad de Oaxaca lo hace en taxi colectivo. Al principio lo acompañaba un amigo que empujaba su silla de ruedas, pero poco a poco, animado por otras personas en su condición, aprendió a moverse por cuenta propia. En estos años, la gente de su comunidad y de otros lugares ha aprendido a ser empática con él, pero no siempre es así.

“En este caminar de dos años te vas acostumbrando a ver todo tipo de personas. Va a haber personas que te va a brindar ayuda, pero también a las que les da lo mismo”, cuenta.


 

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