María Guadalupe Ramírez habló públicamente sobre el ataque perpetrado por su hijo, Julio César Jasso, de 27 años, en la zona arqueológica de Teotihuacán. En entrevista televisiva, la madre reconstruyó los momentos previos al tiroteo y describió el desconcierto que vivió antes de recibir la llamada de las autoridades.
Según su testimonio, un día antes de los hechos se despidió de su hijo en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Él le aseguró que realizaría un viaje, sin especificar el destino. Horas después, ya instalado en un hotel, le informó que tomaría un taxi rumbo al aeropuerto. Esa fue la última comunicación directa entre ambos.
Con el paso del tiempo y sin noticias, la preocupación creció. Tras intentar localizarlo sin éxito, Ramírez contactó al hotel donde se hospedaba, solicitando información. La respuesta quedó pendiente. Minutos después, una llamada de la Fiscalía cambió el curso de todo: su hijo estaba involucrado en un ataque armado.
UNA IMAGEN DISTINTA DEL AGRESOR
La madre cuestionó las versiones difundidas en redes sociales, donde —aseguró— se han compartido datos que no corresponden a la personalidad de su hijo. Lo describió como un joven reservado, dedicado al estudio, interesado en la lectura y con una fuerte afición por la arqueología.
Afirmó que no consumía alcohol ni drogas, y que no tenía acceso a armas de fuego. También subrayó que era cuidadoso con su alimentación y que su principal interés eran las zonas arqueológicas, particularmente Teotihuacán.
ECOS DE UNA TRAGEDIA GLOBAL
En la entrevista, Ramírez recordó que años atrás su hijo le preguntó sobre el ataque ocurrido en una escuela de Estados Unidos en 1999. Aunque en su momento no dio mayor relevancia a la conversación, el dato ha generado cuestionamientos sobre posibles influencias o antecedentes en su interés por hechos violentos.
Sin embargo, la madre evitó establecer conclusiones y reiteró que, desde su perspectiva, no existían señales evidentes de conductas agresivas.
CONDOLENCIAS Y REPERCUSIONES
Visiblemente afectada, ofreció disculpas públicas y condolencias a las víctimas y sus familias, incluyendo a una joven de origen canadiense que perdió la vida. Reconoció que el daño no se limita a los heridos directos, sino que impacta emocional y socialmente a una amplia comunidad.
Además, denunció que su hija y sus nietos han sido objeto de ataques y señalamientos, pese a no tener responsabilidad en los hechos. Esta situación, dijo, agrava el dolor familiar.
ENTRE LA VIDA COTIDIANA Y LO INESPERADO
Ramírez enfatizó que ha dedicado su vida al trabajo para sacar adelante a sus hijos y que nunca imaginó un desenlace de esta magnitud. Su testimonio refleja una mezcla de incredulidad, duelo y necesidad de esclarecer la memoria de su hijo frente a la opinión pública.
El caso continúa generando preguntas sobre los factores que derivan en este tipo de violencia, así como sobre la responsabilidad social en la difusión de información no verificada.











































