A tres meses de que inicie la implementación gradual de la nueva jornada laboral en México, el panorama empresarial muestra un bajo nivel de preparación. Pese a que las modificaciones a la Constitución y a la Ley Federal del Trabajo (LFT) ya están en vigor, solo una de cada cuatro organizaciones ha comenzado a ajustar sus operaciones de cara al 1 de enero, fecha en que arrancan los primeros cambios obligatorios.
POCA PREPARACIÓN EMPRESARIAL ANTE EL NUEVO MARCO LEGAL
A pesar de que los cambios en la legislación no son opcionales, diversos estudios confirman el rezago en la adopción de medidas:
- Estudio de EY en México: Señala que solo el 27% de las empresas ha emprendido acciones concretas para reestructurar sus procesos. El resto reconoce la reforma, pero no ha ejecutado planes específicos.
- Informe de tendencias de Kelly: Indica que únicamente el 18% de las empresas se encuentra totalmente preparada, mientras que un porcentaje idéntico (18%) está parcialmente listo para los ajustes de inicios de año.
En un país con alrededor de 5.4 millones de empresas, este rezago representa un reto operativo crítico ante el avance del calendario.
¿QUÉ CAMBIOS ENTRAN EN VIGOR EL 1 DE ENERO?
La transición gradual contempla dos acciones inmediatas para el arranque de año:
- Registro electrónico de horas de trabajo: La puesta en marcha del control de tiempo laborado por empleado (coloquialmente conocido como el regreso del “reloj checador”). Queda pendiente que la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) publique las reglas operativas, excepciones y ámbito de aplicación.
- Reducción a 46 horas semanales: Este es el primer paso de cuatro ajustes anuales progresivos para pasar de 48 a 40 horas semanales rumbo al año 2030.
ESTRATEGIAS Y PREOCUPACIONES: COSTOS, HORARIOS Y TECNOLOGÍA
El ajuste de la jornada exige a las organizaciones realizar una radiografía operativa previa para identificar áreas con concentración de horas extra, tipos de jornada y puestos con necesidad de cobertura continua.
Posteriormente, las empresas deberán evaluar alternativas tácticas:
- Pago de tiempo extraordinario: En la fase inicial (reducción de dos horas), a ciertas organizaciones les resultará más viable costear horas extra que reestructurar turnos.
- Modificación de procesos: Otras optarían por reorganizar horarios o ampliar la plantilla laboral.
- Inversión tecnológica: Automatización e integración de sistemas para mantener los niveles de eficiencia.
De acuerdo con el informe de Kelly, el 36% de las empresas anticipa una reorganización de horarios y turnos, el 21% prevé un incremento en costos laborales, y el 18% considera necesaria la inversión en tecnología y automatización.
UN RETO INTEGRAL PARA LA ALTA DIRECCIÓN
La implementación de la reforma va más allá de un ajuste administrativo y demanda la intervención directa de la alta dirección, no solo del área de Recursos Humanos. Aspectos clave como productividad, presupuestos, rediseño de procesos y tecnología requieren decisiones estratégicas al más alto nivel.
Con cerca de 90 días de margen, postergar el diagnóstico y la planificación hasta enero implica desaprovechar el periodo de transición fijado por la ley. La reforma es irreversible; el desafío actual para cada empresa es evitar un impacto operativo por falta de preparación oportuna.










































