Una red de contrabando de combustible con operaciones multimillonarias y presencia en varios estados del país fue desmantelada tras una serie de investigaciones que revelaron un complejo esquema de evasión fiscal, simulación empresarial y logística sofisticada.
El caso expone no solo la magnitud del llamado “huachicol”, sino también la capacidad de estas estructuras para infiltrarse en sistemas legales y regulatorios.
UN OPERATIVO QUE DESTAPÓ LA RED
Las indagatorias se desprenden de un aseguramiento ocurrido en marzo de 2024 en Altamira, Tamaulipas, donde fue interceptado un buque con 10 millones de litros de diésel ilegal.
A partir de ese hecho, se abrieron nuevas líneas de investigación que permitieron rastrear una red más amplia.
El fiscal especial, Ulises Lara, señaló:
“En una acción sin precedentes… se han desarrollado diversas líneas de investigación que han permitido identificar y desmantelar una de las más importantes redes de contrabando de combustible”.
EMPRESAS FANTASMA Y DOCUMENTOS FALSOS
El esquema operaba mediante compañías que simulaban actividades comerciales legales. Según las investigaciones:
“Usaron documentos falsos o con datos inexactos… empresas fachada y aprovecharon áreas de oportunidad en sistemas de control”.
Estas prácticas permitieron encubrir operaciones que, en conjunto, habrían alcanzado los 23 mil millones de pesos.
Además, los cargamentos eran disfrazados como otros productos para evadir controles:
“Eran etiquetados como aditivos, lubricantes o aceites… mediante declaraciones falsas y facturas apócrifas”.
UNA RED LOGÍSTICA A GRAN ESCALA
El funcionamiento de la red combinaba distintos medios de transporte:
“Un esquema logístico multimodal que combina transporte marítimo, ferroviario y terrestre”.
Este modelo facilitaba fragmentar la trazabilidad del combustible desde su ingreso al país hasta su distribución final, dificultando su detección.
Las operaciones se extendían a entidades como Tamaulipas, Querétaro y Jalisco.
CATEOS, DETENCIONES Y ASEGURAMIENTOS
Como parte de las acciones, se realizaron múltiples operativos en distintas entidades, con cateos y detenciones de presuntos integrantes de estas redes.
Entre los resultados destacan aseguramientos de hidrocarburos, pipas, autotanques, tractocamiones, así como dinero en efectivo, equipo tecnológico y armamento.
También se identificó la capacidad operativa de uno de los grupos: podía extraer hasta 1.5 millones de litros de combustible por semana.
UN DELITO QUE PERSISTE Y SE RECONFIGURA
El desmantelamiento de esta red revela la evolución del robo y contrabando de combustible en México, que ha pasado de prácticas rudimentarias a estructuras empresariales complejas.
Aunque el golpe representa un avance, también deja ver las debilidades en los sistemas de control que estas organizaciones han sabido explotar durante años.
El reto, advierten especialistas, no solo es desarticular estas redes, sino cerrar los espacios que permiten su operación dentro de la economía formal.











































