La investigación en torno al ataque registrado en la zona arqueológica de Teotihuacán avanza hacia la reconstrucción del pasado de Julio César Jasso Ramírez, identificado como el presunto agresor. Autoridades y testigos coinciden en un elemento inquietante: la aparente normalidad que rodeó su vida antes de los hechos.
UN INQUILINO SIN ALERTAS PREVIAS
En la colonia La Purísima Ticomán, en la alcaldía Gustavo A. Madero, se ubica uno de los lugares clave para entender su historial. Ahí, en 2018, el joven alquiló una habitación dentro de una vivienda destinada a estudiantes. Tenía entonces 19 años.
El encargado del inmueble lo recuerda como un inquilino sin conflictos. Durante los tres meses que permaneció en el lugar, no generó reportes negativos ni situaciones fuera de lo común. Su conducta, según el testimonio, se alineaba con la dinámica habitual de quienes habitan este tipo de espacios en la capital.
“Era tranquilo, platicador y no causaba problemas”, relató el casero, quien además aseguró haberlo reconocido de inmediato tras la difusión de su imagen.
RASGOS QUE LLAMARON LA ATENCIÓN
Aunque su comportamiento no encendió alertas, algunos detalles personales sí resultaron distintivos. El encargado lo describió como alguien con inclinaciones intelectuales, interesado en la lectura y en cuestionar su entorno.
También destacó su forma de hablar, que le pareció inusual. Incluso llegó a pensar que no era originario del país. Sin embargo, el joven aseguró ser de Guerrero.
Su rutina era simple: salía y regresaba con mochila y libros, lo que reforzaba la percepción de que se trataba de un estudiante más.
UNA SALIDA SIN SOSPECHAS
La estancia concluyó sin incidentes. El joven notificó su salida tras encontrar otro lugar donde vivir. No hubo conflictos ni señales que anticiparan un desenlace violento años después.
El encargado incluso señaló que desconocía que esa dirección hubiera sido utilizada para documentos oficiales, como su identificación.
OBJETOS Y POSIBLES INFLUENCIAS
Tras el ataque, las autoridades aseguraron diversos objetos en posesión del agresor: un arma calibre .38, más de medio centenar de cartuchos, documentos personales, boletos de transporte y un teléfono móvil.
Además, se encontraron escritos, imágenes y material relacionado con ataques armados previos, incluyendo referencias a la masacre de Columbine.
El fiscal del Estado de México, José Luis Cervantes Martínez, indicó que estos elementos abren una línea de investigación centrada en el fenómeno “copycat”, es decir, la imitación de actos violentos ocurridos en otros contextos.
INVESTIGACIÓN ABIERTA Y SIN MÓVIL DEFINIDO
Hasta ahora, las autoridades no han determinado el motivo del ataque. El análisis de los objetos, junto con los testimonios recopilados, busca esclarecer no solo los hechos, sino también el entorno que pudo influir en el comportamiento del agresor.
El caso pone sobre la mesa una problemática compleja: cómo perfiles aparentemente ordinarios pueden evolucionar hacia conductas extremas sin señales evidentes en su entorno inmediato.











































