En la Ventosa, al progreso se lo llevó el viento - El Imparcial de Oaxaca
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En la Ventosa, al progreso se lo llevó el viento

En La Ventosa los beneficios de la renta de tierras a empresas eólicas obedecen a la misma ley que la reforma agraria: “al que le tocó tierra le tocó, al que no, no”


En la Ventosa, al progreso se lo llevó el viento | El Imparcial de Oaxaca

Son ellos y nosotros. Nosotros, dice Constantino López Guzmán, no tenemos tierras. Ellos, los que rentan a las eólicas, son muy pocos, quizá 5 o 10 por ciento de quienes viven en esta agencia municipal de Juchitán, La Ventosa. Tienen tierras, las rentan y ganan, no demasiado. El negocio de la energía eólica vale miles de millones de dólares en el mundo y en Oaxaca, uno de los lugares privilegiados del mundo por la fuerza de sus vientos se queda muy poco de ese dinero.

El pasado 15 de noviembre el gobernador Alejandro Murat durante su informe de gobierno expuso su intención de que el modelo de La Ventosa se replique en más zonas del Istmo de Tehuantepec. De acuerdo con cifras del Inegi, subrayó el gobernador, “los oaxaqueños que viven en La Ventosa tienen tres veces más ingresos per cápita que cualquier otro oaxaqueño y si pensamos que la política tiene que cambiar vidas, sin duda la inversión eólica está cambiando la vida de muchos oaxaqueños”.

Ambos grupos, los que tienen tierra y los que no, están en desacuerdo con esta afirmación. Con 24 parques eólicos instalados, Oaxaca genera aproximadamente el 83 por ciento de la energía eólica del país, 3 mil 259 megawatts anuales. Actualmente están en marcha proyectos por mil 800 millones de dólares para instalar tres nuevos parques eólicos en El Espinal, Unión Hidalgo y en La Ventosa, Juchitán. El incentivo de los gobiernos es generar energía limpia, no obstante, si los aerogeneradores ayudarán a alcanzar el objetivo de que en 2030 el 30 por ciento de la energía producida provenga de fuentes renovables, como establece la Agenda 20-30 de la ONU, otro de los objetivos de ese documento, disminuir la pobreza, está quedando marginado.

Levantarse de la parálisis

Para Constantino, de 79 años, los beneficios de las empresas eólicas en La Ventosa obedecen a una ley que rige la posesión de la tierra desde la Revolución y su reforma agraria: “al que le tocó le tocó y al que no, no”. A sus hermanos, Baltazar y Octavio, les tocó, a él no. Su casa, que comparte con doña Delfina, 20 años menor que él, se cayó el 7 de septiembre y el quedó mudo, paralizado.

“No se podía mover, no decía nada”, cuenta doña Delfina. Ahora han levantado una habitación y media y con las tercera y cuarta ministraciones del apoyo del Fonden esperan concluir dos cuartos más. El hombre es la contradicción del Estado de bienestar que crearon los gobiernos nacionales de mediados del siglo pasado. Empezó a trabajar a los 24 años en los astilleros del puerto de Salina Cruz y 30 años más tarde se jubiló, estado en el que ha pasado prácticamente el mismo tiempo que el que trabajó. Por un año trabajado uno descansado, ese era el tiempo de las prestaciones laborales. Su pensión de 5 mil pesos la complementa con la recolección de leña de en los montes de la zona. Del temblor, dice, “nadie tuvo la culpa”, de la reconstrucción tampoco. Los apoyos que han recibido de las empresas eólicas, asegura, son nulos.

Constantino duda sobre comprar o no el material restante, los precios están por las nubes. Hace un mes compraron una tonelada de cemento en 2 mil 200 pesos, hoy vale 3 mil 300. Doña Delfina es más decidida, “hay que comprar, si no van a venir a revisar y no hemos acabado”.

Los precios son un problema también para su vecina, Florisa Castillo, a quien el maestro le cobra 500 pesos diarios y 350 pesos por el chalán, quienes ya no pueden trabajar por falta de material.

El desarrollo de las eólicas no es el del pueblo

“Qué van a dar esos” es la primera frase que expresa la agente municipal de La Ventosa, Etelvina López Valdivieso, cuando se le pregunta qué ayuda han recibido de las eólicas tras el sismo. Su discurso son minutos ininterrumpidos en los que da un diagnóstico certero de la situación que atraviesa su comunidad. A los conflictos por la instalación de las eólicas se suman los problemas del sismo.

La Secretaría de Desarrollo Territorial (Sedatu) realizó mal el censo, escribió con errores los nombres de varios pobladores que ahora no pueden usar sus tarjetas; inscribió en la lista de daños parciales casas inservibles y, además, se olvidó del segundo sismo, el del 23 de septiembre, con el que se terminó de caer lo que había quedado de pie.

El desarrollo en la generación de energía es paralelo a la permanencia de las carencias del pueblo. Una de las escuelas, la primaria Ignacio Allende, se derrumbó en el sismo, pero desde hace 15 años les advirtieron que era una infraestructura obsoleta. De las 12 escuelas de La Ventosa solo cinco están de pie. En el centro de salud no hay Paracetamol ni doctores. Las tuberías del pueblo se rompen con frecuencia porque hace décadas no se renuevan. “A pesar de las riquezas naturales que Dios nos dio aquí tenemos muchas necesidades”, asegura. “Nosotros queremos que la gente sepa que La Ventosa también es Oaxaca, también es México,

Los proyectos eólicos, explica, entraron con “autorización de Dios”, sin consulta a la comunidad ni estudios de impacto ambiental. Un aspecto adicional. La Ventosa determinó desde hace tres años dejar de pagar los recibos del servicio de la Comisión Federal de Electricidad. La razón: pagar “la luz” en un lugar donde generas energía es como “comprar granos de maíz cuando cosechas mazorcas”.

“En mi caso particular no veo claro el apoyo de los proyectos eólicos, no lo veo real, aquí no todos tenemos tierras para sembrar y que paguen un ventilador, a mí me parece injusto el trato que le dan a La Ventosa porque nos ponen como un pueblo agroindustrial, pero somos un pueblo agropecuario, somos un pueblo de campo”.

Para la agente municipal La Ventosa está lejos de ser un ejemplo de desarrollo. “Desgraciadamente el gobernador toma a La Ventosa como parte de un proyecto eólico que es rico, es obvio que el gobernador no ha venido a La Ventosa, no ha paseado en las calles de La Ventosa, no ha platicado con un vecino del pueblo, no es cierto, es una mentira que estemos mejor que en cualquier otro pueblo”.

Ni cielo ni estrellas

“Nos prometieron el cielo y las estrellas”, dice Ezequiel Ríos, uno de los propietarios de tierras arrendadas por Iberdrola para instalar aerogeneradores. Sus ingresos son hoy superiores a los del 70 por ciento de la población del país, millones de profesionistas incluidos. Por cada una de las 24 hectáreas que renta donde se ha colocado un aerogenerador recibe anualmente 13 mil pesos, 312 mil pesos en total.

Su empeño es reactivar el campo y hacerlo productivo. El campo, asegura, no lo dañan los aerogeneradores, lo dañan la historia y el país. Esa historia que viene desde la instalación de la refinería en Salina Cruz, consentida de la presa Benito Juárez, a la que dedica una parte importante del agua que colecta y que restringe al campo.

Antes en las tierras donde ahora las eólicas cosechan megawatts había arroz, caña y sorgo. Hoy don Ezequiel prepara su tierra para sembrar lo básico, maíz.

“Nos pasamos a la ganadería, pero por la sequía de tres años hoy tenemos la mitad del ganado que tuvimos el año pasado. Después llegó el eólico, sentimos una oportunidad para reactivar el campo, porque el gobierno no da apoyos, si los da se van a la política, Alianza para el Campo es alianza para los políticos”, asegura.

Del Procampo, el programa estrella de la Federación para apoyar a los campesinos, recibe mil pesos anuales por cada una de sus 34 hectáreas productivas y 90 pesos por hectárea de pasto.

-¿El dinero que recibe por la renta de tierras es suficiente para dejar el campo?

-No, se necesita más.

-¿Ha pensado dejar de sembrar?

-¿Y a qué más puedo dedicarme? ¿A ser cargador?

La renta de las tierras inició hace 13 años, la producción hace tres. Durante 10 años recibió 10 pesos por cada hectárea arrendada. Los conflictos iniciaron porque no hubo consulta con las comunidades, negociaron solo con los propietarios. De las promesas iniciales hoy hay muy poco, para la comunidad y para los propietarios.

Uno de sus hijos fue contratado por Iberdrola pero dejó el empleo cuando una eólica de Guatemala le ofreció un puesto en el área de mantenimiento, inaccesible en la empresa española por falta de un título universitario.

“No, en La ventosa no se gana más que en otros lugares, ahorita hay dinero por el sismo, porque si no la gente estuviera como carnívoros, ha habido desarrollo, pero decir que el pueblo vive bien, no es cierto”.

-¿Cuántas personas de la comunidad tienen tierras para rentar a las eólicas?

-Si llegamos al 10 por ciento, 5 por ciento es mucho.

EL PROYECTO EN OAXACA:

  • 24 parques eólicos hay en Oaxaca
  • 1,444 aerogeneradores
  • 3,259 megawatts produce la entidad
    5,443 megawatts produce Alemania, el principal productor de Europa
  • 83% de la energía eólica producida en el país proviene del Istmo
  • 1,800 mdd cuestan los proyectos que se desarrollan en el Istmo
  • 1,200 mdd invierte Mitsubishi para construir paraqués eólicos Juchitán y El Espinal
  • 600 mdd invertirá en el parque eólico GunaaSicarú la empresa Électricité de France
  • 2020 se prevé que esté lista la primera línea de transmisión de eléctrica directa de las centrales eólicas, de cogeneración e hidroeléctricas del Istmo de Tehuantepec hacia el centro del país. La inversión será de mil 700 millones de dólares