La relación entre analizar un deporte que amas y poder predecir lo ocurrirá en él es algo que resulta implícitamente lógico. De hecho, muchas veces son precisamente los aficionados más metidos en el mundo deportivo quienes terminan interesándose por las apuestas.
Tomemos como ejemplo el portal especializado Legalbet, centrado en el mercado del juego. Si te preguntas ¿qué es Legalbet?, se trata de una plataforma donde expertos en apuestas elaboran pronósticos, análisis y comparaciones de operadores. Buena parte de estos especialistas sigue de cerca varios deportes, no solo uno. Pero aun así, las apuestas forman un ámbito que trasciende la mera afición deportiva, y de ahí surge la duda: ¿realmente es necesario amar el deporte para ser bueno apostando?
Las matices que puede tener un buen apostador
Aunque muchos crean que todos los buenos apostadores son similares, en realidad cada uno de ellos tiene sus métodos o cualidades para ser efectivo. Podríamos dividir al buen apostador por dos cualidades esenciales:
La gestión de las probabilidades y el uso de un buen bankroll
Este tipo de apostador se centra en el manejo de las estadísticas, las probabilidades y en la planificación a largo plazo de sus apuestas. Este analista matemático se centra en los datos ya conocidos, y los usa para predecir los posibles desenlaces. Además, este tipo de apostador planifica las pérdidas y usa las victorias y la gestión de los montos de las apuestas para mejorar sus chances de conseguir balances positivos a mediano o largo plazo.
El conocimiento detrás de las estadísticas
Aunque las estadísticas y las probabilidades son el respaldo de las cuotas, muchos de los expertos apostadores son fanáticos que saben leer los deportes de una manera menos numérica y sí más técnica o práctica. Este tipo de “amantes” del deporte ven las sorpresas cuando las casas de apuesta no, y así logran aprovechar las cuotas más altas al apostar en contra de los favoritos o predecir resultados inesperados.
En ambos casos, vemos que existen dos formas de apostar correctamente. En una se necesita un buen dominio de las probabilidades y de los números detrás de cada deporte, mientras que en el otro se saca provecho de la pericia y el fanatismo. Sin embargo, hay que destacar que una no es excluyente de la otra, siendo que, aunque no es necesario ser un gran amante del deporte para apostar bien, sí que es un plus realmente útil. Así, muchos expertos que elaboran pronósticos gratuitos para distintos eventos deportivos combinan un estudio minucioso de estadísticas y mercados con el conocimiento interno y el instinto propio de los aficionados con experiencia.
También es necesario puntualizar que las apuestas son una actividad de entretenimiento, lo cual le da aún más sentido al hecho de apostar sobre un deporte que se disfruta.
Algunos de los errores de los fanáticos
A pesar de que claramente un amante de los deportes puede tener ventaja sobre quien no es tan experto, esto también puede suponer desventajas. Lo primero que todo fanático debe evitar es caer en sesgos, aunque pueda resultar difícil. La pasión por los colores o por el deporte puede llevarlo a “querer” u “odiar”, lo que puede sesgar sus elecciones. Por ejemplo, un fanático del Real Madrid seguramente evitaría las apuestas a favor del FC Barcelona, y esto se replica en todas las rivalidades. La terquedad puede jugar en contra de las apuestas, por lo que se vuelve una enemiga de los pronósticos de resultados.
Además de evitar los sesgos, un apostador también debe tener un plan y no asumir demasiados riesgos. Algo que puede también jugar en contra de un amante de un deporte es que se atreva a predecir más de lo que debe, al añadir más resultados, se aumenta el riesgo de la apuesta, por más seguro que se sienta. En consecuencia, debe existir un equilibrio entre la pasión y la gestión de las apuestas para que se pueda ser realmente un apostador destacado en un deporte o incluso en una competencia en particular.
Claro, puedes no amar el deporte en absoluto y aun así acercarte a las apuestas desde una perspectiva puramente analítica, no para añadir emoción al partido, sino, por ejemplo, para poner a prueba tus capacidades de análisis. Pero al realizar todo el trabajo necesario – revisar estadísticas, estudiar numerosos partidos y seguir de cerca el rendimiento en deportes como el fútbol o el tenis – se vuelve casi inevitable ir enganchándose poco a poco y terminar apreciando ese juego que al principio te dejaba completamente indiferente.











































