Flores de Cempasúchil, herencia de un amor prehispánico | El Imparcial de Oaxaca
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Flores de Cempasúchil, herencia de un amor prehispánico

Mientras hay colibríes en los campos dos enamorados permanecerán juntos por la eternidad


Flores de Cempasúchil, herencia  de un amor prehispánico | El Imparcial de Oaxaca
Desde tiempos ancestrales las flores amarillas adornaban las tumbas por que guardaban en su centro el calor brindado por los rayos del sol.

Día de muertos es de las festividades más emblemáticas del país, miles de personas se reúnen para honrar a sus muertos por medio de ofrendas, una de ellas es la flor de Cempasúchil.
Dos niños, Xóchitl y Huitzilin, jugaban juntos y crecieron transformando su amistad en un profundo amor. Todos los días subían a una colina para llevarle flores a Tonatiuh, Dios del Sol.
Un día, la guerra llegó y Huitzilin, como buen guerrero, tuvo que separarse de su amada Xóchitl para defender las tierras aztecas.
Huitzilin falleció en batalla, por lo que Xóchitl rogó con todas sus fuerzas a Tonatiuh que le permitiera estar con su amor por toda la eternidad.
El Dios del Sol, la libraría de su sufrimiento y la reuniría con su amado, agradecido por las ofrendas que los jóvenes llevaban a su montaña, decidió cumplir la petición: dejó que sus rayos cayeran sobre Xóchitl, en el momento en que su piel se iluminó, la chica se transformó en una flor de color amarillo intenso con el botón cerrado, como la luz del mismo sol.
Así permaneció durante mucho tiempo hasta que un día un colibrí, guiado por el olor de la flor se acercó y sus 20 pétalos se abrieron.
Eran Xóchitl y Huitzilin.
Mientras hay colibríes en los campos de Cempasúchil estos dos enamorados permanecerán juntos por la eternidad.
La flor de cempasúchil (“cempoaxóchitl” en náhuatl) es conocida como la flor de los 20 pétalos, y se cree que su uso en los altares de Día de Muertos es una herencia de los rituales prehispánicos que se realizaban en el pueblo de Malinalco, Estado de México.
En esta región, cuando una persona moría, los familiares adornaban sus tumbas con ramos de tonalxóchitl, flores amarillas de diminuto tamaño que, según las creencias, guardaba en su centro el calor brindado por los rayos del sol.
Los aztecas al ver este ritual, comenzaron a decorar sus ofrendas con flores de cempasúchil (más grande y llamativa), pues era considerada como un símbolo de vida y muerte.

Dato:
La flor de cempasúchil (“cempoaxóchitl” en náhuatl) es conocida como la flor de los 20 pétalos, y se cree que su uso en los altares de Día de Muertos es una herencia de los rituales prehispánicos que se realizaban en el pueblo de Malinalco, Estado de México.