En el cálido mes de julio de 2009, la ciudad de Oaxaca recibió con los brazos abiertos a una de las más grandes estrellas del cine mexicano: Yolanda Ivonne Montes Farrington, mejor conocida como “Tongolele”, quien fue homenajeada por su inquebrantable legado artístico en el ámbito cinematográfico nacional. Este reconocimiento se llevó a cabo en las emblemáticas instalaciones del cineclub “El Pochote”, un espacio que, para ese entonces, aún vibraba con la magia del séptimo arte. La cobertura del evento fue realizada por El Imparcial, El Mejor Diario de Oaxaca, medio que estuvo presente para dar cuenta de esta emotiva ocasión.
LA DIOSA PANTERA
La coordinadora del cineclub, Claudia Jiménez, destacó que el ciclo fílmico proyectado en ese mes de julio llevaba por nombre “La Diosa Pantera”, un homenaje audiovisual dedicado exclusivamente a la figura de Tongolele. Este ciclo fílmico revivió la esencia de una mujer que, desde su llegada a México en 1947, impactó de manera irreversible a la industria del cine nacional. Con su presencia en pantalla, ya sea como actriz, bailarina, o tan solo como imagen en la portada de alguna película, Tongolele encarnó una de las fantasías más queridas y codiciadas por el público de la época.
Tongolele, nacida en los Estados Unidos y de ascendencia tahitiana, fue mucho más que una simple figura exótica. En la pantalla grande, dejó huella gracias a su singular estilo de baile y su enorme personalidad. Trabajó con algunos de los directores más importantes de la época dorada del cine mexicano, como Ismael Rodríguez en “Mátenme porque me muero”, Roberto Gavaldón en “Han matado a Tongolele”, y Gilberto Martínez Solares en “El Rey del Barrio”. Estas producciones se convirtieron en clásicos gracias a su presencia, pues la fuerza de su danza y su exótica belleza conquistaron a generaciones enteras.
EL HOMENAJE
El homenaje en Oaxaca alcanzó su punto más alto el sábado 11 de julio de 2009, cuando Tongolele se presentó en las instalaciones de El Pochote para participar en una mesa redonda en la que estuvo acompañada por el escritor mexicano Carlos Monsiváis y del anfitrión el pintor Francisco Toledo. La charla, que se llevó a cabo ante un público ansioso por conocer más sobre la vida y carrera de la estrella, fue un momento histórico, en el que los admiradores de la artista pudieron interactuar con ella de manera directa, mientras rememoraban los inolvidables días de su paso por el cine mexicano.
En ese mismo día, la proyección de la película “Han matado a Tongolele”, una producción de alto costo de 1952, dio inicio a una noche inolvidable. Esta cinta, que lleva el nombre de la actriz, fue filmada en el preámbulo de lo que sería una huelga de trabajadores en la cinematografía mexicana y se ha mantenido como una de las obras más representativas de la época.
FIESTA DE COLOR Y RECUERDOS
El regreso de Tongolele a Oaxaca no solo fue un evento cinematográfico; fue una fiesta de recuerdos y emociones para los oaxaqueños. A su llegada al aeropuerto, un nutrido grupo de reporteros y fotógrafos esperaban a la “Diosa Pantera” con la intención de capturar cada momento de su regreso a la ciudad. Nacho Toscano, encargado de la cobertura del evento, se encargó de generar gran expectación en los medios y en el público, para que la estrella se sintiera como lo que realmente era: una leyenda viviente.
El encuentro con el público oaxaqueño fue un espectáculo en sí mismo. Durante la velada, Tongolele no solo compartió su historia y anécdotas sobre su carrera, sino que, como si el tiempo no hubiera pasado, volvió a mostrar su legendario talento para el baile. En un histórico momento, Francisco Toledo, el gran maestro juchiteco, la observaba en silencio mientras ella danzaba al ritmo de los tambores, una imagen que conmovió a todos los presentes. Con una sonrisa amable, Tongolele atendió a sus admiradores que se formaron en largas filas en busca de un autógrafo o una foto con la diva. Así lo narraba José Luis Pérez Cruz en su cobertura del evento.
MÁS QUE UNA ESTRELLA DE CINE
La figura de Tongolele es mucho más que la de una estrella del cine; su presencia y personalidad rompieron barreras en una sociedad que veía con recelo a las mujeres fuertes, decididas y desinhibidas. Su llegada al cine mexicano estuvo marcada por un desafío a las normas de la época, pues fue una de las primeras en mostrar su sexualidad y empoderarse a través de su arte, convirtiéndose en una figura polémica y admirada. No en vano, la prensa de entonces la llamó “la encarnación del pecado”, título que no hacía más que resaltar su capacidad de romper con lo convencional.
El legado de Tongolele no solo se mantiene vivo a través de sus películas, sino también en la memoria colectiva de México, inspirando a artistas de diversas disciplinas, como los pintores Raúl Anguiano y José Luis Cuevas, e incluso a músicos como Beny Moré, quien dedicó a la estrella el famoso “Mambo Magolele”. La diva del cine mexicano sigue siendo un referente para generaciones de artistas y admiradores que, como en ese 11 de julio de 2009, se sintieron afortunados de compartir un momento con la leyenda viviente que conquistó Oaxaca.
Finalmente, este homenaje en El Pochote y el recibimiento cálido de los oaxaqueños son solo un recordatorio de que, para Tongolele, el cariño del público es tan inmortal como su carrera, aunque ahora ya no esté en cuerpo presente con nosotros.








































