Un terremoto de magnitud 7.6 sacudió Panamá la mañana de este viernes y activó una advertencia internacional por posible tsunami para nueve países con costas en el océano Pacífico, entre ellos México. Aunque inicialmente se contempló la posibilidad de olas peligrosas, las estimaciones posteriores redujeron el nivel de amenaza para territorio mexicano.
El movimiento telúrico ocurrió a las 11:56 horas, tiempo del centro de México, con epicentro aproximadamente a 10 kilómetros al suroeste de Pitaloza Arriba, Panamá, y una profundidad de 10 kilómetros, de acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS).
El sismo fue percibido con fuerza en Ciudad de Panamá, donde habitantes evacuaron edificios ante las sacudidas. La magnitud inicial del terremoto se reportó en 8.0, pero posteriormente fue ajustada a 7.6.
Tras el movimiento, el Centro de Alerta de Tsunamis del Pacífico (PTWC), perteneciente al Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos, emitió un boletín para advertir sobre la posibilidad de variaciones peligrosas en el nivel del mar.
MÉXICO, ENTRE LOS NUEVE PAÍSES BAJO ADVERTENCIA
El primer aviso del PTWC se emitió a las 12:01 horas, tiempo del centro de México. El organismo señaló que el terremoto podía generar olas de tsunami con capacidad para propagarse por distintas zonas del Pacífico durante las horas posteriores al sismo.
La advertencia incluyó a Panamá, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Perú, Nicaragua, Guatemala, El Salvador y México.
Sin embargo, estar incluido en una advertencia regional no significa que todos los países enfrenten el mismo nivel de peligro. Los posibles efectos dependen de la ubicación, las características del movimiento telúrico y las condiciones de cada tramo de costa.
En el caso mexicano, el pronóstico inicial identificó a Puerto Madero, en Chiapas, como uno de los puntos donde podrían registrarse los primeros efectos del fenómeno.
¿A QUÉ HORA PODRÍAN LLEGAR LAS OLAS A MÉXICO?
El primer pronóstico estableció las 15:01 horas de este viernes como posible horario de llegada de las primeras olas a Puerto Madero, Chiapas.
Posteriormente, el organismo redujo la amenaza prevista para México y estimó que las olas podrían alcanzar una altura inferior a los 30 centímetros por encima del nivel habitual de la marea.
Esta previsión representa un escenario de menor intensidad respecto de la amenaza inicial, aunque no significa que deban ignorarse los avisos oficiales. Las variaciones del nivel del mar pueden generar corrientes peligrosas en determinados puntos, especialmente en zonas portuarias, playas y sectores costeros expuestos.
Por ello, las autoridades recomendaron mantenerse atentos a las actualizaciones y respetar las indicaciones de Protección Civil.
PANAMÁ, ENTRE LAS ZONAS CON MAYOR RIESGO
Mientras que para México se redujo la estimación de las olas, el primer boletín del PTWC contempló efectos más importantes en otras áreas del Pacífico, particularmente en algunas costas de Panamá.
En esos puntos se consideró la posibilidad de olas de entre uno y tres metros, una altura que puede representar un peligro considerable para las personas que se encuentren cerca de la costa.
La diferencia entre los pronósticos para Panamá y México evidencia que los efectos de un mismo terremoto pueden variar significativamente de una región a otra.
El riesgo tampoco depende únicamente de la altura de las olas: las corrientes generadas por un tsunami pueden ser peligrosas incluso cuando el aumento del nivel del agua parece reducido.
LLAMAN A SEGUIR LOS AVISOS OFICIALES
El terremoto y la posterior advertencia pusieron bajo vigilancia a las comunidades costeras incluidas en los boletines internacionales. Para México, la atención se concentró en el litoral del Pacífico, particularmente en Chiapas.
El PTWC recomendó a la población mantenerse informada mediante las autoridades nacionales y locales, así como atender cualquier instrucción preventiva emitida para las zonas costeras.
Hasta el momento, la información proporcionada no detalla daños en territorio mexicano relacionados con este posible tsunami. Tampoco permite establecer que las olas previstas hayan llegado efectivamente a las costas nacionales.
La evolución de este tipo de fenómenos exige consultar los avisos más recientes, ya que los pronósticos pueden modificarse conforme se obtienen nuevos datos sobre el comportamiento del mar.










































