La Virgen de la Soledad es una de las imágenes religiosas más veneradas en Oaxaca. Al igual que la Virgen de Juquila y la de Guadalupe, convoca cada año a miles de fieles que el 18 de diciembre acuden a su santuario para rendirle homenaje, pedir favores o agradecer milagros atribuidos a su intercesión.
Considerada la patrona de la ciudad, su devoción está profundamente arraigada en la vida espiritual y cultural de los oaxaqueños. Su imagen está envuelta en relatos que mezclan fe, tradición y hechos históricos que han marcado la memoria colectiva.
UNA DEVOCIÓN NACIDA DE LA LEYENDA

La historia más difundida sobre la llegada de la Virgen de la Soledad a Oaxaca se remonta a los años de 1617 a 1620. La leyenda narra que un arriero que viajaba de Veracruz a Guatemala descubrió, al llegar a la ciudad, que una mula de su recua cargaba una pesada caja de madera que no le pertenecía.
Al detenerse en la ermita de San Sebastián, el animal cayó al suelo y murió debido al peso de la carga. Por orden de las autoridades, la caja fue abierta y en su interior se hallaron una imagen de Jesucristo Resucitado, así como la cabeza y las manos de una Virgen, acompañadas de un rótulo que decía:
“Nuestra Señora de la Soledad al pie de la Cruz”.
El suceso fue interpretado como un designio divino para que la imagen permaneciera en ese lugar, lo que dio origen a la construcción de la actual basílica.
SIGNIFICADO Y SIMBOLISMO
La Virgen de la Soledad es una advocación de Nuestra Señora de los Dolores y se le representa vestida de negro. Esto, como símbolo del luto y la tristeza de María tras la muerte de Jesús. Fue coronada canónicamente en 1904 como patrona de la ciudad de Oaxaca y también es patrona de Irapuato desde 1812.
Su festividad principal se celebra el 18 de diciembre. Fecha en la que los fieles acuden a su santuario para pedir consuelo, fortaleza y protección espiritual.

Llama la atención en la entrada principal de la iglesia, la roca de la mula, un afloramiento pétreo que, según la tradición, marca el sitio donde la mula que llevaba la imagen de la Virgen se detuvo y murió. Este lugar, ubicado a la derecha de la entrada y resguardado con una estructura de hierro, es visitado por personas que deslizan monedas con la intención de tocar la roca y pedir un deseo.
EL ROBO QUE MARCÓ A OAXACA
Uno de los episodios más dolorosos en la historia de esta devoción ocurrió la madrugada del 10 de enero de 1991. Cuando la basílica amaneció con la noticia del robo de las joyas de la Virgen. Un hecho que generó indignación y consternación entre la ciudadanía.
Los delincuentes sustrajeron la corona de oro, con un peso aproximado de dos kilos y adornada con más de 600 diamantes. La cual fue donada por el pueblo en 1959 para conmemorar el 50 aniversario de su coronación. También fueron robados el rostrillo con una esmeralda de gran valor y una azucena de oro que la imagen sostenía en sus manos.
UNA HERIDA ABIERTA EN LA MEMORIA COLECTIVA

A pesar de las investigaciones oficiales, las piezas originales nunca fueron recuperadas. El caso quedó marcado por la impunidad, pues aunque se manejaron hipótesis sobre el modo en que los ladrones se ocultaron en el templo, el crimen no fue esclarecido.
Durante años, la imagen portó una corona provisional hasta que el 18 de diciembre del año 2000 se le colocó una nueva, financiada nuevamente por donaciones de los fieles. El suceso es recordado como el “robo sacrílego más grande de Oaxaca”. Una herida que permanece en la memoria de sus devotos, pero que no ha debilitado la fe ni la devoción hacia su patrona.










































