Con el argumento de cuidar las celebraciones del Día de Muertos, las autoridades desplegaron un operativo de seguridad masivo en todo el estado, con presencia de corporaciones de los tres niveles de gobierno. La medida busca prevenir delitos y mantener el orden durante los días de mayor afluencia turística, pero también exhibe una respuesta reaccional y temporal frente a un problema estructural: la inseguridad que persiste una vez que los reflectores se apagan.
El despliegue —vigente del 25 de octubre al 3 de noviembre— contempla filtros de control, patrullajes, vigilancia aérea con drones y recorridos en zonas concurridas, como mercados, cementerios y la Central de Abasto. En lo que parece ser, una estrategia integral; pero, en la práctica, una operación de temporada que deja sin atención a las comunidades más alejadas y vulnerables del estado.
UNA MOVILIZACIÓN CON EFECTO ESCENOGRÁFICO
El operativo involucra a la Policía Estatal, Guardia Nacional, Bomberos, Policía Vial y Municipal, entre otros cuerpos, que realizan recorridos coordinados en regiones como Valles Centrales, Costa, Mixteca e Istmo.
Sin embargo, más allá del despliegue mediático, según expertos en seguridad, acontecimientos como la violencia desbordada en el Istmo, alimentan la percepción de que el operativo es más una vitrina política que una estrategia de seguridad sostenible.
“Cada año es igual: llegan cientos de policías, pero el miedo sigue en los barrios donde nunca entran”, comentó una vendedora del Mercado de Abasto, donde la vigilancia se reforzó desde el fin de semana.
EL RETO: MÁS ALLÁ DE LA FOTO Y EL DRON
La contradicción es evidente: mientras drones sobrevuelan la capital y policías patrullan zonas turísticas, algunos puntos de la ciudad de Oaxaca, municipios conurbados y comunidades rurales continúan sin presencia permanente de las autoridades en seguridad. Ahí, donde no hay turistas ni cámaras, los delitos menores y la violencia comunitaria siguen sin atención.
Especialistas en la materia y ciudadanos inconformes, coinciden en que la prevención no puede improvisarse cada temporada festiva. Oaxaca arrastra una deuda profunda en materia de seguridad pública, con déficit de personal, falta de capacitación y escasez de recursos en policías municipales.
“Los operativos masivos sirven para contener el momento, no para transformar las condiciones que generan el delito”, señala un analista consultado, que pidió reserva de su nombre por trabajar en el sector.







































