Un hombre identificado como L.C.C. fue vinculado a proceso por el delito de crueldad animal. Después de que se documentara el maltrato infligido a un perro de aproximadamente tres años, en un domicilio de este municipio de Valles Centrales.
El caso salió a la luz el 29 de septiembre de 2025. Cuando el imputado llevó al animal a un establecimiento local. Ahí, el personal observó que el perro presentaba una laceración de cerca de 40 centímetros en la zona cervical, resultado —según la investigación— de haber estado amarrado por un periodo prolongado en el patio de su casa.
UN CASO QUE EXPONE LA NORMALIZACIÓN DEL MALTRATO ANIMAL
Este hecho, más allá del proceso penal abierto, vuelve a poner sobre la mesa una realidad alarmante: el maltrato animal sigue normalizado en muchos hogares oaxaqueños. Amarrar a un perro todo el día, sin espacio, sin agua suficiente o bajo el sol, no es “disciplina” ni “cuidado”, es crueldad. Y en este caso, esa crueldad dejó huellas físicas que podrían haber sido fatales.
Aunque el Código Penal del estado contempla sanciones por este tipo de actos, son pocos los casos que llegan ante un juez, y aún menos los que terminan con una sanción ejemplar.
VINCULACIÓN A PROCESO: UNA SEÑAL, PERO AÚN NO UN CASTIGO
Tras la denuncia y la investigación, un juez determinó la vinculación a proceso de L.C.C. y estableció medidas cautelares. Además de otorgar un plazo de un mes para la investigación complementaria. Esto significa que aún no hay sentencia ni pena definitiva, pero el caso sí ha sido admitido como suficientemente grave para ser juzgado.
Es un paso importante en la lucha contra la violencia hacia los animales. Aunque aún falta camino por recorrer para que la justicia sea también disuasiva y preventiva.
LA CRUELDAD ANIMAL, UN DELITO INVISIBLE Y POCO DENUNCIADO
La mayoría de los casos de maltrato animal en Oaxaca no se denuncian. Se esconden en patios traseros, se justifican con frases como “así se cuida” o “es un perro, no una persona”. Pero el maltrato sistemático a los animales refleja una sociedad que tolera la violencia en sus formas más cotidianas, y que muchas veces la reproduce en otros ámbitos.
Organizaciones defensoras de los derechos animales han insistido en que el combate al maltrato debe ser prioritario y que los castigos no deben ser simbólicos.
¿JUSTICIA O EXCEPCIÓN?
Este caso representa un avance. Pero también plantea una pregunta:
¿Cuántos animales más están sufriendo en silencio sin que nadie lo documente?
Que haya una vinculación a proceso no debe verse como un logro aislado, sino como una oportunidad para construir una cultura de protección animal real y sostenida.







































