Con dolores en la espalda, problemas para escuchar, dificultades en uno de sus ojos, Doña Esperanza tiene más de 40 años vendiendo dulces en el primer cuadro de la ciudad donde es conocida por los transeúntes, pero ignorada por programas sociales ante la carencia de una estructura política pública para atender de manera integral a los adultos mayores.
De caminar pausado, con una gorra de beisbolista azul seminueva de los Dodgers de Los Angeles, Doña Esperanza lleva una canasta entretejida de mimbre prácticamente llegan de dulces, paletas, galletas, uno que otro cigarro, bombones, cacahuates y fritangas “que lleno cada semana o cada tres días, de acuerdo como esté la venta”.
Acepta que recibe apoyo del gobierno “de López Obrador”, indica, pero no me alcanza debo salir a vender y lo hago desde hace 30 o 40 años, “no doy caro”. Antes, indica “los chamacos se me juntaban, vendía mucho, pero ahora es diferente. Veo a gente de afuera, de chiapas, que venden dizque artesanía, pero no son de aquí”, advierte.
Doña Esperanza hace un alto en su incesante caminar por el zócalo, la Alameda de León y Catedral. Ella ya se ha ganado un merecidos descanso por el trajín y el trabajo diario, pero con la insuficiente ayuda oficial, debe salir a vender, a ofrecer sus productos, aunque ella se lo explica con la frase “me gusta traer mis centavitos”.
Madre soltera, explica a EL IMPARCIAL, ha visto pasar la historia de Oaxaca ante sus ojos, que ahora ya padecen un dolor agudo y problemas para ver, “ya fui al seguro, me dicen que si hay operaciones, pero tarda”, reconoce.
El un día lluvioso, días como este en el que debe resguardarse de la lluvia en los portales o regresas a su vivienda. Soy madre soltera y con la venta eduque a mis hijos, “tengo una nieta”, relata.
Doña Esperanza es una mujer de la tercera edad de 72 años, la venta de dulces es su única fuente de ingresos; reitera que tiene acceso a la pensión universal del gobierno federal pero con la venta se permite comprar lo necesario para vivir.
“Voy a seguir vendiendo hasta que tenga fuerzas”, indicó pues “si me quedó en la casa, pues no voy a comer todo lo que yo quiero, mucho menos me voy a sentir bien”. Lo que debería de ser un derecho, el descanso, pero la necesidad económica y laboral los obliga a salir a las calles.
A falta de políticas públicas, los adultos mayores deben buscar genera recursos por la insuficiencia de sus pensiones o por el deseo de mantenerse activos y productivos.
Para este 2025, el Consejo Nacional de Población (Conapo) estima que 12.8% de la población en México es adulta mayor. Para el Inegi, con datos de 2022 indicabaque representaban el 14% de la población.
Las proyecciones para 2050 sugieren que esta proporción podría alcanzar el 23% de los habitantes del país.






































