La evolución humana estuvo marcada por transformaciones anatómicas profundas, pero pocas resultaron tan decisivas como la que permitió a nuestros ancestros caminar erguidos.
Un estudio publicado en la revista Nature a mitad de semana sugiere que nuestros primeros antepasados se volvieron bípedos a medida que los genes antiguos comenzaban a realizar nuevas funciones.
EL HUESO ILÍACO
Los científicos reconocen desde hace tiempo que una característica clave para caminar erguido es el hueso ilíaco. Es el hueso más grande de la pelvis; al apoyar la mano en la cadera, se palpa el ilíaco.
Tanto el íleon izquierdo como el derecho están fusionados a la base de la columna vertebral. Cada íleon rodea la cintura hasta la parte frontal del abdomen, creando una forma de cuenco. Muchos de los músculos de las piernas que usamos al caminar están anclados al íleon. Este hueso también sostiene el suelo pélvico, una red de músculos que actúa como una cesta para nuestros órganos internos al ponernos de pie.
CAMBIO GENÉTICO EN LA PELVIS HUMANA
Un equipo internacional de científicos, liderado por Terence Capellini, profesor y director del Departamento de Biología Evolutiva Humana de la Universidad de Harvard, identificó dos cambios genéticos y de desarrollo que reestructuraron la pelvis humana, diferenciando a los primeros homínidos de otros primates y haciendo posible la locomoción bípeda.
La pelvis, considerada la piedra angular de la marcha erguida, experimentó una transformación radical a lo largo de millones de años. En los simios africanos —como chimpancés, bonobos y gorilas— los huesos ilíacos son altos, estrechos y orientados de adelante hacia atrás, mientras que en los humanos estos huesos se han girado hacia los lados y forman una estructura ensanchada.
El estudio revela cómo la evolución de la pelvis humana facilitó el caminar erguido y explica ciertas enfermedades óseas.
A LA CAZA DE PRUEBAS BIOLÓGICAS
Para alcanzar estas conclusiones, el equipo analizó 128 muestras de tejidos embrionarios humanos y de casi dos docenas de especies de primates procedentes de museos de Estados Unidos y Europa. Las colecciones incluían especímenes centenarios conservados en portaobjetos de vidrio o en frascos, además de tejidos embrionarios humanos recolectados por el Laboratorio de Investigación de Defectos Congénitos de la Universidad de Washington.
Se utilizaron tomografías computarizadas, análisis histológico y métodos de multiómica unicelular y transcriptómica espacial para desentrañar la anatomía y los procesos moleculares implicados en las primeras etapas del desarrollo pélvico.
SELECCIÓN NATURAL
El esqueleto de Lucy, de 3,2 millones de años, también descubierto en Etiopía, muestra una pelvis con láminas ensanchadas adaptadas a la marcha bípeda. Diferentes fósiles ilustran la progresiva adquisición de rasgos humanos en la configuración pélvica a lo largo de la evolución.
En “El origen del hombre”, publicado en 1871, Darwin argumentó que los humanos surgieron de los simios. Y uno de los cambios más profundos que experimentaron fue convertirse en seres erguidos.
LA HUMANIDAD Y EL BIPEDALISMO
«Solo el hombre se ha vuelto bípedo», escribió Darwin. El bipedalismo, declaró, era una de las características más conspicuas de la humanidad.










































