Ricardo Salinas Pliego, uno de los empresarios más poderosos y controvertidos de México, volvió a incendiar las redes sociales con una declaración que ha sido interpretada por muchos como un ataque directo a los programas sociales del Gobierno Federal.
A través de su cuenta en X —antes Twitter—, el dueño de Grupo Salinas sugirió que los comercios privados deberían dejar de aceptar las tarjetas del Bienestar como forma de pago. En su publicación, Salinas cuestionó el valor real de estos plásticos emitidos por el gobierno y, en tono provocador, escribió:
“Se les está acabando el dinero y la confianza de la gente. ¿Deberíamos más empresarios no aceptar las dádivas como forma de pago?”
La frase, cargada de intención política, dividió opiniones y generó un intenso debate digital que cruzó las barreras de las redes y alcanzó la esfera pública.
¿QUÉ HAY DETRÁS DE ESTA DECLARACIÓN?
Las tarjetas del Bienestar son el medio a través del cual millones de mexicanos reciben apoyos económicos de programas federales como la pensión para adultos mayores, personas con discapacidad, becas estudiantiles y subsidios para madres trabajadoras. Rechazarlas como forma de pago implicaría una barrera directa para algunos de los sectores más vulnerables de la población.
En paralelo, Salinas Pliego enfrenta una batalla legal con el Servicio de Administración Tributaria (SAT), que le exige el pago de 73 mil millones de pesos en impuestos pendientes, cifra confirmada por la actual administración de Claudia Sheinbaum. Para algunos analistas, su reciente posicionamiento podría leerse como un intento de presión política en medio del litigio fiscal más cuantioso del sexenio.
¿EXISTE UN RECHAZO REAL A LAS TARJETAS DEL BIENESTAR?
Aunque usuarios en Facebook y X han compartido denuncias sobre presuntos rechazos a las tarjetas del Bienestar en establecimientos como Bodega Aurrerá o Walmart, no hay evidencia de una política oficial en este sentido. De hecho, las cadenas han reiterado que los plásticos siguen siendo aceptados.
Las causas más comunes reportadas por los propios usuarios son de orden técnico: fallas en el chip, fondos insuficientes o bloqueos temporales de seguridad.
¿UN DISCURSO ANTISISTEMA CON AMBICIONES PRESIDENCIALES?
Esta nueva controversia se da en un contexto político peculiar. En semanas recientes, Salinas Pliego no ha descartado públicamente la posibilidad de postularse a la Presidencia en 2030. El tema incluso llegó a la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien, sin cerrar la puerta a esa posibilidad, le recordó al empresario que “antes debe cumplir con sus obligaciones fiscales”.
Sheinbaum fue contundente:
“Debe cumplir con sus obligaciones como ciudadano, para presentarse ante la gente. ¿Y cuál es una de las obligaciones como ciudadano? Pues pagar impuestos, ¿no? La gente pues que lo juzgue.”
¿LIBERTAD DE EXPRESIÓN O IRRESPONSABILIDAD EMPRESARIAL?
La postura de Salinas, aunque amparada en su derecho a la libre expresión, plantea una disyuntiva compleja:
¿hasta qué punto un empresario puede usar su plataforma para deslegitimar instrumentos oficiales que sostienen el tejido social más frágil?
Sus declaraciones, lejos de ser inocuas, tienen peso real en un país donde la línea entre influencia económica y poder político es cada vez más difusa.
Mientras tanto, millones de beneficiarios siguen utilizando sus tarjetas del Bienestar, ajenos a los pulsos de poder entre élites empresariales y autoridades.










































