SEGÚN la Real Academia Española, la mitomanía, en una de sus acepciones, es la “tendencia morbosa a desfigurar, engrandeciéndola, la realidad de lo que se dice”, es la afición por mentir, pues.
RECIENTEMENTE, el gobierno de la presidente, CLAUDIA SHEINBAUM, afirmaba con jactancia que 8.3 millones de mexicanos habían salido, en los último dos años, de la pobreza multidimensional que implica a personas cuyo “ingreso es inferior a lo mínimo indispensable para cubrir necesidades alimentarias y no alimentarias (…) y, simultáneamente, presenta carencias en “educación, acceso a servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, acceso a servicios básicos en la vivienda y acceso a una alimentación nutritiva y de calidad)”.
ESTOS DATOS, los dio a conocer el INEGI a través de sus mediciones, mismas que antes, con mayor confiabilidad realizaba el CONEVAL (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social), el cual, además de medir la pobreza, evaluaba los programas de desarrollo social.
DE ACUERDO con un análisis publicado en La Crónica (18/agosto/2025) estas métricas de batallas ganadas a la pobreza, pueden derivar de “incrementos en los ingresos de los hogares, mejoras en las carencias sociales, o cambios en las fuentes de información y metodologías utilizadas” y EN ESTA ÚLTIMA, se habrían montado los guindas, lo que implica mentir en el número de personas que realmente salieron del umbral de la pobreza, ya moderada, ya extrema.
EN POBREZA MODERADA (personas con al menos 1 tipo de carencia) el conteo englobaba, en 2024, a 31.5 millones de personas (6,2 millones menos que en 2022).
EN EXTREMA POBREZA (personas con tres o más carencias y con ingresos que no le alcanzan ni para alimentarse) el conteo, en 2024, englobaba a 7 millones de personas (2.1 millones menos que dos años antes).
CANTIDADES, digamos importantes y significativas si el INEGI hubiera aplicado la misma metodología que usaba el CONEVAL para la medición de la pobreza; el problema es que hubo cambios en los factores a tomar en cuenta, algo que genera una falsa sensación de avance en el combate a la pobreza y según expertos, más que “mejoras reales en las condiciones de vida, (…) hubo mejoras en los instrumentos de medición estadística” (La Crónica 18/agosto/2025).
POR EJEMPLO, La Crónica ejemplifica el acceso al agua, una carencia que, bajo el criterio del CONEVAL, afecta a 16.3% de la población (21.2 millones de personas) (…) mientras que con el criterio del INEGI la proporción se reduce a 3.5% (4.5 millones de personas).
¿Por qué? “EL CONEVAL consideraba carentes de acceso al líquido vital a quienes obtenían el agua de un pozo, río, lago, arroyo, pipa, acarreo desde otra vivienda o llave pública/hidrante”. ¿Se acuerda de los hidrantes (tinacos gigantes) que como solución a la falta de proveimiento de agua a través de la red pública instaló el gobierno de SALOMÓN JARA? Este hecho el CONEVAL lo calificaba como carencia. Para este extinto Consejo, esas improvisaciones (andar acarreando agua con cubetas) no contaban como indicador de que usted ya tiene acceso al agua potable, ni que estuviéramos en África.
PERO el INEGI consideró que, el acto de acercarte un hidrante ya era válido para eliminar la carencia de agua potable. Faltaba más. Solo “clasificó como carentes a las personas en viviendas sin agua entubada independientemente de que su fuente sea un pozo, pipa o de otra vivienda”.
CON MENTIRAS o maquillajes es fácil decir que la pobreza disminuyó, lo difícil será que nuestros ojos lo vean plasmado en la realidad.
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