El agujero negro supermasivo en el centro de nuestra galaxia, Sagitario A*, despertó de su letargo hace aproximadamente 200 años, según revela un estudio basado en los datos recopilados por el telescopio IXPE de la NASA.
Sagitario A* es un agujero negro excepcionalmente masivo, calculado en ser cuatro millones de veces más grande que nuestro Sol. A pesar de su tamaño, ha sido menos luminoso en comparación con otros agujeros negros en galaxias lejanas, lo que llevó a la especulación de que no estaba activamente absorbiendo material circundante.
Sin embargo, los datos recopilados por el telescopio IXPE han revelado que Sagitario A* tuvo un período de actividad hace aproximadamente 200 años. Durante este tiempo, el agujero negro consumió objetos cósmicos que pasaban cerca de él. Después de este período de intensa actividad, Sagitario A* volvió a su estado de tranquilidad, según explicaron los científicos del Centro Nacional de la Investigación Científica (CNRS) de Francia.
Aunque no se sintieron efectos en la Tierra, los astrónomos han captado un eco de rayos X emitido hace unos 200 años. Utilizando los datos del telescopio IXPE, se descubrió que gigantescas nubes de gas cerca de Sagitario A* emitían rayos X de manera notablemente brillante. Se cree que estas nubes reflejaban un destello de luz de rayos X de hace mucho tiempo, indicando que el agujero negro supermasivo no estaba en un estado tranquilo hace siglos.
El equipo de investigación concluyó que los rayos X de las nubes moleculares eran en realidad una luz reflejada generada por un breve y poderoso resplandor en las proximidades de Sagitario A*. Este resplandor se cree que fue causado por la acreción de parte del gas de las nubes por el agujero negro. Los datos del telescopio IXPE fueron fundamentales para estimar la luminosidad y la duración del resplandor original, lo que sugiere que el evento ocurrió hace aproximadamente 200 años, a comienzos del siglo XIX, según explicó Steven Ehlert de la NASA.
El próximo objetivo del equipo de investigadores es repetir las observaciones y profundizar en la comprensión de los mecanismos físicos que causan la transición de un agujero negro de un estado de “somnolencia” a uno de actividad. Este hallazgo brinda nuevas perspectivas sobre la naturaleza y el comportamiento de los agujeros negros y su influencia en el cosmos.










































