Una de las etapas más bellas en nuestra capital –y creemos que en todas partes- es la temporada decembrina. En principio porque es una de las de mayor afluencia de visitantes del país y el extranjero que representa un gran respiro para la industria sin chimeneas. En el ocaso del Siglo XX, la Nochebuena tenía dos vertientes: por un lado, aquellas familias que tenían posibilidades de preparar el pavo, los romeritos o el bacalao, en el mejor de los casos o el pozole, en los más modestos, se quedaban en casa a disfrutarlo. Pero había familias completas que no tenían esa posibilidad y para festejar la Navidad, acudían a las famosas calendas que circulaban por la ciudad a medianoche, para terminar en la casa de la madrina del Niño Dios. Y ahí disfrutaban de la cena, las piñatas, el ponche y los buñuelos. Lamentablemente dicha tradición se perdió con el paso de los últimos años.
Hoy, la carestía ha hecho mella en miles de hogares. Según se ha publicado en algunos medios, una cena de medio pelo tiene un costo de al menos cinco mil pesos. Ello gracias al incremento brutal en los precios de los productos básicos, más aún en la carne, arroz, frijol y el pan, por decir algunos. Hace un año, cuando la pandemia nos seguía azotando con dureza, aún teníamos la esperanza de una cena modesta pero completa. Hoy no. Sin embargo, el advenimiento del Redentor va más allá de la degustación de platillos suculentos, sino que es momento para la convivencia en familia; el acercamiento con quienes amamos y tiempo de perdonar o resarcir heridas, cuando se hayan cometido. Es tiempo también de agradecer por haber transcurrido al menos doce meses, en medio de tanta incertidumbre, lacerados los mexicanos por un discurso de odio que nos recetan a diario, que sólo nos ha polarizado y enconado aún más.
Por ello, desde este segmento editorial, también es propicio agradecer a los lectores de EL IMPARCIAL. El Mejor diario de Oaxaca, por su preferencia; a nuestros suscriptores, anunciantes y colaboradores, y desearles una Feliz Navidad. Nobleza obliga mencionar que los medios de comunicación enfrentamos tiempos difíciles, de linchamiento, descalificación y amenazas. Sin embargo, nuestra vocación de servir es firme y lo seguiremos haciendo pese a las vicisitudes y adversidades. Hay un compromiso tácito con los oaxaqueños y de seguir estando presentes en los hogares y los corazones de quienes nos siguen a diario. ¡Feliz Navidad!
Evitar abusos de temporada
Como ya es tradicional, nuestras calles y parques lucen abarrotados por visitantes del país y el extranjero que vinieron a pasar en la capital y nuestros destinos de playa, las fiestas de fin de año. Se trata de una de las temporadas de mayor afluencia de turistas, aunque menos que en los festejos de julio que son los que dejan una mayor derrama económica y representan un importante respiro para los miles de familias que viven de la industria sin chimeneas. El gran atractivo que tiene nuestra capital y los Valles Centrales, como destino cultural, sigue atrayendo cada vez más visitantes. Como mucho se ha dicho, Oaxaca es una entidad completa desde el punto de vista turístico, habida cuenta que tiene todo: monumentos históricos, zonas arqueológicas, destinos de playa, sitios de ecoturismo, gastronomía, artesanías, etc. No es fortuito que haya en nuestra capital y sus barrios ampliamente conocidos como Xochimilco o Jalatlaco, cientos de extranjeros que se han venido avecindar aquí por largas temporadas.
Sin embargo –y eso hay que decirlo- no existe en amplios sectores de los prestadores de servicios, una cultura para cuidar, proteger y salvaguardar al turismo. Cada temporada vacacional los abusos están a la orden del día. Cobros indebidos por parte de taxistas; mala atención en restaurantes; sobreventa de boletos en líneas aéreas o terrestres; hoteles con pésimo servicio etc. A todo ello hay que agregar la escasez de módulos de atención para aportar información de primera mano a los visitantes, además de un fantasma que lacera duramente a nuestra industria: la inseguridad. Hace años existía la Policía Turística que, por decisiones burdas de los gobiernos estatales, desapareció. Ya hemos dicho: siete de cada diez citadinos se sienten inseguros. El turismo, por tanto, es una presa fácil de ladrones y especies similares.
En este entorno, hace falta cimentar la coordinación entre las secretarías de Turismo estatal y municipal, pues en ese entorno de competencias, no se sabe dónde empiezan las responsabilidades de una y dónde terminan las de la otra. Si lo que se trata es de no matar a la gallina de los huevos de oro –así literal- la única forma de aprovechar de manera óptima la derrama económica y afluencia de visitantes, es trabajar de manera coordinada, sin el traslape de competencias. Por lo pronto, ya está a todo vapor la temporada decembrina. Y hay que evitar que los abusos sean una mancha en nuestra vocación turística.




































