Este primero de diciembre, hay cambio de estafeta en el gobierno estatal. Termina su ciclo sexenal Alejandro Murat y entrega el mando del Poder Ejecutivo a su sucesor, Salomón Jara Cruz. Es parte del ritual que mucho hemos visto. Nada de qué sorprenderse. Los discursos, buenos propósitos y anhelos del que llega, con un tema recurrente: los pobres y el pueblo oaxaqueño. El gobernador saliente no pudo concretar del todo su gobierno de resultados. Deja en suspenso obras prometidas, pero nunca concluidas. Es cierto, su administración fue una especie de vertedero de tragedias. Sismos, huracanes, pandemia. Hasta los últimos días inauguró las pocas obras emblemáticas por las que se le recordará tal vez. Al menos dos: la Avenida Símbolos Patrios y el llamado Circuito Interior, con justificados o injustificados cuestionamientos.
Si el político actuara con madurez y no con protagonismo; si viera la realidad, no bajo el prisma ideológico o partidista, seguramente la tarea empezada sería terminada con humildad. Parte de la desgracia en que vivimos los mexicanos es que un gobierno que empieza, no se aparta de la tentación de demoler lo que el anterior hizo. Como dijera el gran Gabriel García Márquez: “lo que nosotros hicimos con las manos, otros lo despedazan con los pies”. Murat seguramente soñó con inaugurar las carreteras a la Costa y al Istmo. No lo logró. Hizo lo que pudo, pero cuestiones fortuitas como un conflicto agrario hicieron abortar ese propósito. Seguramente pronto las terminará el nuevo gobernador. Y cumplir ese viejo anhelo de los oaxaqueños. Vías añejas que hacen suponer que, para la Federación, somos el pueblo estoico que se empeña en seguir viajando en el furgón de cola de la modernidad.
Esperemos pues que el legado, pobre o limitado que deja el gobierno que termina tenga continuidad con el que inicia. Con una nueva estructura orgánica, con nuevas leyes para regir la marcha de un régimen que emerge; con planes y programas que marquen las directrices de un proyecto político emanado de un partido diferente, pero que, no se pierda de vista que la divisa debe ser Oaxaca, con sus pobres y clases medias; con sus recursos y limitaciones; con sus inercias y sus vicios. Oaxaca, con su historia milenaria y sinfín de retos y desafíos, es mucho más grande que sus períodos sexenales, transiciones o cambios de estafeta. Iniciamos pues un nuevo ciclo, bajo la premisa de que si le va bien a su gobierno le irá bien a los oaxaqueños.
Factores del atraso
Alguien dijo que las carreteras más caras del mundo son las de Oaxaca. Y no le hizo falta razón. Hoy en día, la carretera a la Costa está prácticamente terminada. Salvo un tramo que está en medio de un añejo conflicto agrario entre San Vicente Coatlán y Sola de Vega. Desde hace cerca de 15 años que dicho proyecto arrancó se ha encontrado con uno y mil obstáculos. Situación semejante a la que libra la del Istmo, con 20 años sin concretarse. La vía a la Costa ha quintuplicado su costo. O fue el pago de derecho de vía que cada autoridad municipal o comisariado de bienes comunales cobra a su arbitrio, o las viejas rencillas entre comunidades. Todo ello concita una realidad irrebatible: no hay conciencia de lo que implica el desarrollo y la comunicación. Tercos como mulas, los que animan estas diferencias quieren, o dinero o simplemente echar por tierra el beneficio social.
Y no son los sobados usos y costumbres o los ya trillados derechos indígenas. Serlo no implica andan con taparrabos o penachos con plumas y vivir en reservas. No. Manipulados a veces por sujetos extraños a su propia identidad, caen en el juego de ponerle precio a todo. Pasar por su territorio es un desafío. Piden el oro y el moro: escuela, auditorio, iglesia, cancha municipal, camino de acceso, etc. Es correcto cuando se trata de incorporarlos a los beneficios de las nuevas vías, pero no cuando responden a un interés bastardo. En el mensaje que recientemente rindió el ex gobernador Alejandro Murat, a la ciudadanía oaxaqueña, en el marco del VI y último informe, dejó en claro que la carretera a la Costa se concluirá en los primeros meses de 2023. Hay un gran avance. Sin embargo, reconoció que no se pudo concluir en los tiempos marcados, justamente por el citado conflicto agrario. Recordemos que no es el primer gran proyecto que echan abajo las citadas comunidades.
En 2007 se emprendieron los estudios para asegurar el suministro de agua potable a la Ciudad de Oaxaca y municipios conurbados, al menos los próximos cincuenta años. Era un proyecto ambicioso de construir un acueducto que fuera en paralelo a la vía a la Costa, hasta traer el vital líquido a la capital. Y se inició la construcción de la cortina de lo que sería la presa y el gran proyecto llamado “Paso Ancho”. Tengo entendido que se gastaron muchos millones de pesos. Pero, ¡oh, desgracia! El sitio también está ubicado entre ambas jurisdicciones: San Vicente Coatlán y Sola de Vega, que llevan tal vez medio siglo o más velando armas y enterrando muertos.




































