Oaxaca ha estado en el ojo del huracán mediático durante algunas semanas. No es nada fortuito. Hay un escándalo que, extrañamente, se ha dejado correr. Se trata de las operaciones del llamado “Cártel del Despojo”. Para quienes hemos conocido los entretelones de gobiernos anteriores, no es nada nuevo. Lleva ya algunos años que se desarrolla con una impunidad insultante. Sin embargo, en los últimos tiempos llegó a niveles en verdad aberrantes. Apropiarse de un inmueble de manera ilegal, con documentos falsos o, inclusive, usado artificios legales para anexarse de manera ilícita propiedades o regatear identidades, con el apoyo de funcionarios de áreas claves de la estructura estatal para dicho objeto, es una acción penada por la ley. Conlleva detrás estigmas como tráfico de influencias, conflicto de intereses, corrupción, connivencia y complicidad.
Lo que ha llamado la atención es que, pese a ser hoy en día un escándalo nacional, en el ámbito oficial estatal se siga guardando profundo hermetismo. ¿Acaso los fedatarios públicos están en otro estatuto y el gobierno que les otorga la patente tiene que solapar sus desvíos o corruptelas? Es decir, si usted cuenta con un patrimonio ganado con el sudor de su frente o el de sus ancestros, y el mismo se pone en la mira de la banda de depredadores del patrimonio inmobiliario, ¿no hay ley que lo proteja? Pues así parece. Cada gobernador antes de irse deja a sus favoritos, con una beca ad perpetuam que pueden explotar a placer. De acuerdo, pero que lo hagan en estricto apego a la ley, sin que sus acciones estén permeadas por la ilegalidad o la sospecha de estar en operaciones dignas de los cárteles criminales.
En los últimos días, la ciudadanía se ha enterado de hechos sangrientos en los que, presuntamente, hay fedatarios involucrados. Si vemos casos de despojo con personas que pueden o tienen los recursos para poder denunciar o hacer públicos hechos de que son víctimas, ¿qué pueden hacer aquellos paisanos nuestros, gente humilde que, en total indefensión son despojados de sus predios, de donde viven y es patrimonio de sus hijos? Lo que en Oaxaca y a nivel nacional se ha exigido es una acción enérgica y contundente de parte del poder ejecutivo, que termine de una vez por todas, con esta insultante impunidad, bajo la premisa de que nadie, absolutamente nadie, está por encima de la ley. Es decir, poner a buen recaudo de la justicia, al llamado “Cártel del Despojo” antes de que termine esta administración.
Ambiente festivo
La capital oaxaqueña está inmersa ya en las festividades de julio. Por todos lados se observa el colorido y el ambiente festivo de la temporada, en cuyo entorno se llevará a cabo nuestro más reconocido evento folklórico, el mismo que inició en 1932 como “Homenaje Racial” y siguió durante décadas como “Lunes del Cerro”, hasta devenir hoy en día, a los noventa años de su celebración, como “Guelaguetza”. Julio es uno de los meses más socorridos por la afluencia del turismo nacional y extranjero, hoy esperado por los prestadores de servicios turísticos para resarcirse de más de dos años de pandemia. Aunque es evidente que el mal no se ha ido y que el repunte de contagios está a todo vapor, gracias al relajamiento en la aplicación de los protocolos sanitarios que a muchos ya les valen. Esperemos que las autoridades tomen sus precauciones, para evitar que las concentraciones de personas, no sean un festín de propagación.
Mientras algunos ven con optimismo la temporada, hay otros que se afilan las uñas. Ahí está el comercio en la vía pública presto a llevarse su tajada de la derrama que deja el turismo y de ser posible, invadir de nueva cuenta el Centro Histórico. Ahí están también los dirigentes de organizaciones sociales, listos para esgrimir amenazas de boicot y chantaje, para que el gobierno les otorgue canonjías y prebendas. No se escapan de este escenario, los restaurantes caros de la llamada comida “fusión” o tradicional, que entre poco tiempo pondrán su lista de precios en dólares o en euros. Y también los comerciantes abusivos o los prestadores de servicios que no cumplen con las expectativas de sus clientes. No son pocos, lamentablemente, que durante julio quieren hacer su agosto e intentan a toda costa, matar a la gallina de los huevos de oro, que es nuestra industria sin chimeneas.
No es descabellado el rumor de la especulación con los boletos para La Guelaguetza. La reventa. La venta del Palco “C” que, hasta hace unos tres años, era gratuito, confinado para el populacho, incapacitado por su precaria economía para comprar el boleto de entrada. En fin, en las fiestas de julio nunca faltará el prietito en el arroz. Esperamos que las autoridades estatales y municipales hagan su mejor labor para evitar los abusos, la inseguridad y hacer que los propios y extraños vivan con intensidad este ambiente festivo único y excepcional. Dicen que la mejor promoción a un destino turístico es la que se da de boca en boca. La hospitalidad y la buena atención deben ser siempre el mejor referente.



































