Uno de los ejes de lucha en una ciudad colonial como es Oaxaca de Juárez, es proteger su identidad histórica; sus edificios de los Siglos XVI al XIX; acotar la fiebre de proliferación de negocios destruyendo, transformando o quitando la esencia y originalidad de viejas casonas, remanentes de un pasado único y excepcional. Hemos visto la transformación de espacios y la demolición de casas antiguas, incluso catalogadas como monumentos históricos, sin que haya una protesta de ambientalistas o costumbristas. Todo se hace al tenor de los recursos con los que cuente el propietario, algunos de ellos despojados de sus propiedades u obligados a vender, ante el elevado costo de la rehabilitación. A cambio de esos remanentes históricos, nos han dejado construcciones modernas que, si bien conservan la fachada, todo lo demás contrata con su pasado.
Barrios antiguos de la capital, como Santo Tomás Xochimilco y San Matías Jalatlaco, dejaron atrás su propia identidad como territorio de artesanos que elaboraran textiles en telares tradicionales, en el primero, como la curtiduría de pieles en el segundo, para transformarse en sitios de antros, cantinas, cafés, pizzerías, sólo para el disfrute de extranjeros, ante lo inaccesible que representa para el consumidor local. El servicio, al igual que algunos restaurantes de moda, parece estar reservado exclusivamente para el turismo foráneo. Para hacer atractivos los lugares, en dichos barrios parece no existir de parte del ayuntamiento de la capital, restricciones para el uso del suelo. Las viejas casas de Xochimilco, que antiguamente fueron talleres familiares para la elaboración de manteles, sarapes, servilletas y demás, hoy son cafés, hostales, departamentos, etc.
Muchos piensan hacerse ricos de la noche a la mañana y dan en usufructo sus propiedades, para que les hagan las remodelaciones ocultas que se les antojen a quienes las explotan. Casas de dos o tres patios y de una sola planta, han devenido en su interior edificios de tres pisos, con costos elevadísimos por el hospedaje. Es decir, el modernismo y el esnobismo nos está quitando lo poco que aún nos queda de originalidad en esa identidad perdida poco a poco. El gobierno de la ciudad, que preside Francisco Martínez Neri, debe asesorarse de expertos para evitar que ese boom turístico, no nos siga dejando sin espacios históricos que muchos oaxaqueños añoramos.
Deudas y quejas
Lo único que hemos escuchado del gobierno de Oaxaca de Juárez, desde el primero de enero de 2022, cuando inició funciones el nuevo Cabildo, han sido quejas y denuncias de deudas. Es decir, hay todo un directorio de cuentas por pagar para sanear las finanzas municipales, habida cuenta de que el antecesor, Oswaldo García Jarquín omitió durante su gestión, pagos elementales como el Impuesto sobre la Renta (ISR), la contribución al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), los laudos obligados a liquidar por el ayuntamiento y, obviamente, muchos compromisos no cumplidos. En pocas palabras, este gobierno local está en la más vil indigencia, lo cual le impide llevar a cabo sus promesas y compromisos de campaña, ante la camisa de fuerza que representa no tener recursos para poder operar libremente.
Con certeza también habrá deudas con las empresas que arrendaron o arriendan los camiones recolectores de basura y patrullas; con las que surten o surtieron gasolina para que pudieran operar. En fin. Todo un desgarriate administrativo del anterior edil que, al parecer, se dedicó a todo menos a instrumentar un buen gobierno. Por ello, la ciudadanía de la capital estará muy al pendiente de que las denuncias en contra del aludido ex presidente municipal lleguen hasta las más altas autoridades de procuración e impartición de justicia, pues con todo cinismo ha declarado recientemente, que los señalamientos que se le han hecho del quebranto financiero por más de 386 millones de pesos, son infundios de Martínez Neri, cuando los regidores y síndico que repitieron en este Cabildo, se han deslindado ya de él, para que la lumbre no les llegue a los aparejos.
Por lo que se ha difundido en las páginas de EL IMPARCIAL. El Mejor diario de Oaxaca, el edil y su equipo tienen que bogar contra corriente y subir una dura cuesta, habida cuenta que la administración municipal de plano no cuenta con un presupuesto sano, pues debe mucho más de lo que tiene y, al parecer, estaría comprometiendo incluso las participaciones que por ley le corresponden, sólo para equilibrar el gasto municipal. Todo lo anterior fortalece la urgencia de que vaya con todo en contra de su antecesor, pues actuó con irresponsabilidad haciendo de su gestión una caricatura, digna del más oscuro anecdotario. Los citadinos de todos los sectores, nada, absolutamente nada tienen que agradecerle a García Jarquín, menos a su superficialidad y frivolidad.



































