En sus “Memorias”, el general Porfirio Díaz reconoció que el 3 de octubre de 1866, en Miahuatlán, Oaxaca, se celebró una de las batallas más cruentas y bien planeadas desde el punto de vista militar, en contra del Ejército de Intervención, que él mismo consideró como uno de sus triunfos más notables en su carrera militar. En efecto, en esta fecha hubo un importante y determinante enfrentamiento entre el recién reorganizado ejército de Oriente, al mando del general Díaz, con refuerzos de pobladores oriundos del lugar, comandados por el capitán Apolinar García, en contra del ejército francés. Los republicanos contaban apenas con mil hombres, en su mayoría vecinos de la población, mal armados y mal entrenados, mientras las fuerzas de los invasores suman más de dos mil efectivos, que por el contrario, habían sido bien entrenados y muy bien armados. Es importante subrayar que las fuerzas republicanas, leales el gobierno constitucional establecido aunque itinerante de don Benito Juárez, no dejaron de luchar para recuperar y liberar al país de los invasores. La batalla de Miahuatlán fue la que habría de allanar el camino para el establecimiento legítimo del gobierno juarista.
Gracias al gran conocimiento del terreno y la exitosa estrategia utilizada por el aguerrido general, en la conocida como “Batalla de Miahuatlán”, los republicanos derrotaron significativamente a las fuerzas imperiales en un lugar llamado “Loma de Los Nogales”. Esta fue la primera batalla de tres, en las que el brillante general fue el vencedor indiscutible, y a partir de la cual comenzó la caída definitiva del ejército invasor. Las otras dos de suma importancia en esta guerra fueron: La Batalla de la Carbonera, el 18 de octubre de 1866 y la batalla del 2 de abril de 1867 en Puebla. Tiempo después –como decimos al principio- el general Díaz, consideraría a esta batalla como la acción militar de mayor brillantez de todas en las que estuvo envuelto. “La caballería enemiga cargó resueltamente sobre la mía en su retirada y cuando pasaron por donde yo estaba, y cuando ya comenzaba a hacer uso hasta de arma blanca contra los soldados de retaguardia, apareció en momentos oportunos una partida de paisanos de Miahuatlán armados y organizados por su cuenta, sin que yo tuviera antecedente ni noticia de ello, dentro de un sembradío y a la izquierda del enemigo, le hacían fuego casi a quemarropa” –dice el general Díaz en sus “Memorias”-.
Zonas Económicas, ¿otra vez a la cola?
Los oaxaqueños quedamos sorprendidos de la omisión de Oaxaca, hoy afectada duramente por siniestros, sismos y lluvias, durante la firma del decreto de inicio de las tres Zonas Económicas Especiales (ZEE), que el jueves 28 de septiembre realizó en Tapachula, Chiapas, en presidente Enrique Peña Nieto. Uno de los argumentos es que a la fecha, el gobierno de Alejandro Murat no ha podido concretar el asunto de la seguridad del polígono territorial, lo que implica que de nueva cuenta la situación jurídica de la propiedad de la tierra nos vuelve a poner a la cola de las grandes prioridades nacionales, así sean sólo sexenales. En efecto, históricamente el hecho de que las tierras que podrían disponerse para tal proyecto sean comunales e impliquen un verdadero lío su destino para proyectos de industrialización, sigue siendo un cuello de botella para éste o para cualesquier intento de sacar a Oaxaca del letargo en que se encuentra en materia industrial, no obstante contar con una situación geográfica estratégica única en su género. Esta situación le ha sido reconocida desde hace siglos, sólo hay que leer entre líneas el Tratado Mac Lane-Ocampo, para darse cuenta de lo que Oaxaca y el Istmo de Tehuantepec han significado para el mundo.
No obstante los argumentos que sin duda ponen en riesgo una vez más que Oaxaca se inserte en las prioridades nacionales como es el caso de las ZEE, hay otros factores que inciden en esta situación y es la manipulación que durante décadas han llevado a cabo dirigentes de organizaciones sociales, con las comunidades indígenas de la zona. Son contados quienes han incidido de manera negativa en que el Istmo de Tehuantepec se proyecte a futuro, como un pivote del desarrollo regional, generador de empleos y riqueza. Sin embargo, más que ello ha sido la falta de consistencia del gobierno para hacer valer el Estado de Derecho y la ley. En la zona istmeña es común el bloqueo carretero, el cual se impone aún por cosas domésticas. El Puente de Fierro de Tehuantepec está tomado a diario, hoy por transportistas mañana por mercaderes, etc. El paraje denominado Canal 33 padece una situación similar. No hay un solo día en que el paso franco de vehículos sea una realidad. Si a todo ello le añadimos la labor de zapa que realiza el magisterio, podemos entender que lo único que nos queda es ver el paso de los que triunfan, mientras nosotros sólo rumiamos nuestra frustración.


































