Son muchos los políticos del PRI, Morena y de otros partidos que se resisten a la regla que recomendaba el clásico: “para tener el pico largo hay que tener la cola corta”. Es decir, lucen tremendo rabo de corrupción, pero insisten en ser candidatos sin recato en lo que dicen y hacen. Su futurismo es inocultable.
Eso pasó con el clan de los priistas motejados “cartel de la Cuenca” después del apresurado destape de Alejandro Avilés como candidato ¿a qué? Yo creo que a nada porque lo único que los movió fue la victoria de otros, la de los priistas de Coahuila e Hidalgo que demostraron que con activismo real, no con “grillas”, su partido arrasó en las elecciones.
No pasa desapercibida la afinidad que une al clan que armó el intento de “madruguete” político en Tuxtepec. El convocante Eduardo Rojas usando su encargo como presidente del PRI estatal; el chamaqueado titular de la Sedaf Gabriel Cué Navarro; el discutido diputado Gustavo “El Gato” Díaz y el “chacal” Alejandro Avilés, entre otros. Ya lo dijo el gobernador Murat: mientras esos andan “chacaleando” yo hago gobierno. Ayer seguían circulando en las redes sociales duros reproches, lo menos que les dicen es: “recua de desleales”.
Pero como dice el dicho: estos de la Cuenca “fueron por lana y salieron trasquilados”. Además de la dura crítica del “primer priista” del estado, la militancia tricolor reacciona con duras reprensiones y descalificaciones contra los que tantearon el albazo. Les echan en cara que no tienen calidad moral, que el PRI los repudia. Dicen que las nuevas reglas del INE no permitirían, por ejemplo, que algunos impresentables aspiraran siquiera a repetir como diputado. No hay que olvidar que las dos últimas curules las alcanzó Avilés vía dedazo. Es decir, fue diputado plurinominal. No ganó en las urnas.
En la hipotética posibilidad de que políticos de esta laya fueran impuestos como candidatos, sería difícil que el electorado vote por ellos o que pasaran las nuevas reglas del INE como: “no estar señalado por violencia familiar y/o doméstica, no estar involucrado en delitos sexuales ni tener adeudos alimentarios, etc.
Estos requisitos del INE podrían limpiar un poco la reputación de los políticos que aspiren a puestos de elección popular.
EN MORENA, LO MISMO
Así como en el PRI, en el partido Morena también hay algunos que aspiran por alguna candidatura sin reparar en su personalidad de violadores de la ley.
El mismo Sesul Bolaños, impuesto por Salomón Jara como dirigente estatal del Morena, aceptó que su tío anda en adelantada campaña electoral para hacer realidad su anhelo de ligar la candidatura a gobernador. Ante colegas reporteros que con evidencias cuestionaron al líder Morenista, tuvo que aceptar que si alguien denuncia al senador y probara su dicho (hay miles de videos y fotografías de la adelantada campaña) de que andan en campaña anticipada “podría perder sus aspiraciones a la gubernatura del estado”. Las sanciones podrían ser desde una amonestación hasta su inhabilitación para poder participar en algún puesto de elección popular”.
“Si ya está haciendo eso (proselitismo), nosotros como instituto tenemos estatutos, tenemos lineamientos. El hecho de que estén haciendo actividades y se están promoviendo, es un tema que se debe de denunciar, y la sanción es que no pudieran competir, pero eso es una determinación que toman instancias dentro del partido y órganos electorales “, remarcó.
Sostuvo que esta advertencia no es sólo para Salomón Jara, sino también para todos aquellos personajes que busquen un cargo de elección en el 2021, incluidos los presidentes municipales o diputados que quieran reelegirse en el cargo.
REBELIÓN EN LA CÁMARA
La declaración sacudió las entrañas de Morena y avivó el canibalismo político tan acendrado en este partido.
La primera manifestación abierta de la rebelión Morenista surgió de una fracción de diputados del partido de AMLO en el Congreso local.
Algunos legisladores me dicen que esta es una más de las revueltas contra la “Sosa nostra” (en referencia a la mafia italiana). Hace estragos en el (peor) Congreso del estado la intromisión de Flavio Sosa Villavicencio quien, con su hermano Horacio presidente de la JUCOPO, se despachan con la cuchara grande. Manejan el presupuesto, imponen funcionarios, comisiones, ponen y controlan administradores municipales. Verdaderos gandallas.
La rebelión crece contra los Sosa por ejercer un gobierno dual en el llamado poder legislativo. Algo nunca visto. Entre los disidentes firman los diputados Arcelia López Hernández, hermana del líder del cartel 22, Pavel Meléndez, Griselda Sosa con todo y su parentesco con los miembros de la “Sosa nostra”, Luis Alfonso Silva, Othón Cuevas, entre otros. La conjura va en serio y pone a temblar a Salomón Jara el patriarca titiritero de los Sosa.
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