La ciudad capital y el área conurbada de Santa Cruz Xoxocotlán, Santa Lucía del Camino, Santa Cruz y San Jacinto Amilpas, entre otras, han padecido en los últimos tiempos un crecimiento irracional en antros, burdeles y bares, disfrazados de “centros botaneros”. La complicidad de concejales para la autorización de esos giros negros ha contribuido a que cuenten con la complicidad de las autoridades, por lo tanto, no llegan ahí los operativos. Tienen una especie de patente de corso para operar, a veces sin vigilancia de las autoridades sanitarias, no obstante tener mujeres en calidad de prostitutas sirviendo. Algunos de dichos “giros negros” han sido escenario de hechos de sangre. Pero siguen abiertos. En otros se han detectado actividades de trata de personas, pero tampoco se sancionan. Es decir, pareciera que dichos centros de vicio están blindados en contra de las acciones que los tres órdenes de gobierno pueden aplicar. En algunos, inclusive en colonias citadinas como la Reforma, se venden bebidas adulteradas; en otros, se han cometido excesos de parte de los vigilantes. Lejos de actuar de manera enérgica con ellos, las autoridades han doblado las corvas.
Los hay asimismo, que venden bebidas embriagantes a menores de edad o que combinan en hielo con éter, de tal manera que quienes consumen alcohol están condenados a padecer períodos largos de embriaguez e inconciencia. Otros, reciclan las bebidas, depositando en recipientes “las colas” de personas que consumieron y dejaron residuos, para posteriormente darlas como bebidas recién abiertas o preparadas, tratándose de desperdicios. Una persona alcoholizada difícilmente podrá distinguir entre una cerveza recién abierta y otra servida de desperdicios. Sin embargo, no obstante que las autoridades conocen este tipo de anomalías, no realizan acciones enérgicas en materia sanitaria, para acotar este tipo de prácticas. Baños malolientes, mal servicio y bebidas adulteradas es lo común, con lo cual son motores de accidentes mortales y hasta homicidios. Ahí se generan asimismo, otras actividades como el tráfico de estupefacientes. Por ello, hay que reconocer que en los últimos días, la Fiscalía General del Estado ha llevado a cabo cateos en diversos centros de consumo de alcohol y antros, detectando en ellos, sustancias prohibidas y armas. Dichos operativos, con el apoyo de la Guardia Nacional, el Ejército, la Marina y las corporaciones estatales deben ser más constantes.
Casetas: ¿Por qué tanta impunidad?
Durante el mes de julio, no hubo un solo día en que la caseta de cobro de Huitzo operara con normalidad. Un día tras otro era objeto de atracos por parte de vecinos, comuneros, colonos, etc., de decenas de membretes que se apersonaban ahí para cobrar a los automovilistas el derecho de peaje. “Una cuota voluntaria”, que no tiene más objeto que pasar a los bolsillos de estos vivales. La situación se hizo tan común que la toma de casetas en Oaxaca ya es considerada como un atractivo turístico, una eterna postal. Es evidente que al no tener recibo de cobro, el automovilista o transportista está en total indefensión en caso de accidente o siniestro. Nada lo ampara con el seguro de quien ya pagó su cuota a Caminos y Puentes Federal de Ingresos, Similares y Conexos (CAPUFE). La situación para los miles de turistas del país y el extranjero que llegaron para La Guelaguetza o aún en los últimos días se hizo de peligro, habida cuenta de que los sujetos que se han apostado ahí lo han hecho armados de palos y machetes, con los cuales han intimidado y hasta golpeado a quienes se niegan a cumplir sus exigencias.
La pregunta que nos hacemos muchos ciudadanos es: ¿cuál es el motivo, razón o móvil para que las autoridades tanto federales como estatales no intervengan para desalojar a estos atracadores y rateros? Está claro que quien argumenta una inexistente lucha social como aquellos que lo hacen con armas en la mano, cometen un ilícito. El asalto en carreteras está tipificado en el Código Penal en vigor. Nada hace la diferencia entre quien porta un machete a quien lo hace con un arma larga, como los asaltos que se cometen en la ruta Tehuacán-Puebla, en donde los operadores de camiones cargados de mercancía viven un infierno cotidiano. Los atracos en la caseta de Huitzo no son nada nuevo. Insistimos, se han convertido en una especie de institución, es más, en un negocio muy peleado. Visto así, cualquier ciudadano desempleado, que no tiene recursos para llevar la comida a su casa o simplemente el flojo que no le gusta trabajar, puede acudir a dicha caseta y atracar, para llenarse los bolsillos. Lo hará con una causa, igual que los que ahí asaltan día a día sin que autoridad alguna, por torpeza, temor o apatía no intervienen. Autoridades timoratas y pusilánimes han hecho del robo, una institución y no un delito que debe castigarse con penas corporales.



































