Documentar abusos que se cometen en contra del turismo llevaría mucho espacio. Basta decir que hay quienes sin recato alguno aprovechan las fiestas de julio para hacer su agosto, como se dice vulgarmente. Se dice por ejemplo que los radio-taxis dejaron de funcionar en esta temporada. Y hay razón: no es lo mismo trasladar a un paisano que conoce las tarifas que a turistas, a los que les sacan un ojo de la cara por una “dejada”. Los abusos más notorios se dan por ejemplo en restaurantes y fondas; mercados y ferias. ¿Cómo se explica que el kilo de barbacoa se venda en 500 pesos? Hay negocios que con el argumento de que es cocina prehispánica y que los moles se hacen en metate de piedra, con ingredientes poco conocidos, los propietarios venden el platillo más caro que en cualquier restaurante de lujo en la capital del país. Hasta las empanadas de amarillo cuyo precio no rebasa los 20 pesos son vendidas hasta en 50 pesos. Un restaurante de Zaachila, muy socorrido por los guías de turistas que llegan ahí en autobuses, el plato de mole cuesta 400 pesos. Es decir, es un abuso; una barbaridad la forma tan ruin en la que se aprovechan de los visitantes.
Otro de los productos cuyo encarecimiento es inexplicable es el mezcal. Hay sitios que se dicen son exclusivos para relax de los extranjeros y nacionales que nos visitan, en donde una copa de mezcal cuesta 300 pesos o más. Y son de los más comunes que hay, pero cotizados como la bebida más cara, que lo puede ser en Europa o los Estados Unidos, pero no en Oaxaca, en donde ya existen cientos de marcas de la bebida. Se sorprende a los visitantes que el mezcal puede ser del maguey espadín, tepestate, cuishe, tobalá o madre cuishe. Más aún, lo que es la moda, que la copa a servir es “un ensamble” de dos o tres tipo de maguey. No son pocos los turistas que se van en verdad sorprendidos de lo caro que resulta nuestro estado en esta temporada. Hasta las fondas de los mercados abusan de manera brutal, tratando de sacarle al visitante más de lo debido. En ciertos lugares la lista de precios no está disponible en la carta, violando las reglas de operación de los expendios de alimentos y bebidas. O le salen con el ardid de que el mezcal es “bebida de la casa” y con ese argumento cobran en exceso. En fin, documentar los abusos es penoso. En ninguna parte del mundo se mata así a la gallina de los huevos de oro. Pero aquí no hay regulación y cada quien hace lo que quiere.
¿Cuál autenticidad?
Una de las tareas urgentes que tienen que hacer las autoridades y responsables de las fiestas de Lunes del Cerro o Guelaguetza, es convocar a conocedores de las tradiciones y folklore oaxaqueños y renovar el llamado “Comité de Autenticidad”. Al menos por los comentarios que se han hecho en redes sociales y a los medios de comunicación, las dos emisiones de nuestra fiesta máxima del pasado lunes 22 de julio, dejaron mucho qué desear. Bailes desconocidos, estilizados, fuera de la tradición, etc. El citado comité recibió muchas críticas. Ya es común cada año, precisamente porque se privilegian otras cosas y no precisamente la esencia de nuestra fiesta máxima: el folklore. Los bailes y las danzas fueron desde sus orígenes lo que le dio colorido y autenticidad, no eventos adicionales que resultan aburridos para el espectador. En su pretensión de querer incluir a todos, sean auténticos o no, los miembros del citado comité han pecado de parcialidad y miopía. Han perdido de vista la esencia de ese encuentro entre etnias y culturas con que se iniciaron los Lunes del Cerro, con el nombre de “Homenaje Racial”, en 1932.
Para los oaxaqueños “nacidos y criados en este solar”, como dice “El Nito”, fue una verdadera sorpresa que se hayan eliminado de la fiesta de 2019, a delegaciones tradicionales, como Santo Domingo Tehuantepec; Juchitán de Zaragoza; San Melchor Betaza y San Antonino Castillo Velasco, entre otras. Los argumentos que lo justifiquen pueden ser muchos y variados, pero hay uno que demuele a los demás: Desde sus orígenes dichas poblaciones han estado presentes, porque además son emblemáticas del folklore oaxaqueño. Ello era motivo suficiente para no eliminarlos de la presentación de este año. Lo dicho pues: es urgente una renovación del citado Comité, cuyo trabajo a la fecha ha sido motivo de cuestionamientos y crítica. Pero más aún, porque las presentaciones de las dos primeras emisiones resultaron seriamente cuestionadas por los asistentes. Desde luego que Oaxaca brilló como cada año, en este espectáculo único en su género, pero pudo hacerlo más si se hubieran privilegiado las muestras del folklore que nos distinguen en el mundo. Pocos conocen de qué suerte se integra o integró en multicitado comité o la metodología usada para calificar o descalificar. Todo es un misterio que, por ahora, habrá que sorberlo sin hacer gestos.



































