El lunes pasado en conferencia de prensa, dirigentes de algunos membretes, como el que encabeza Jesús López Rodríguez, conocido como “Chucho FALP”, lanzaron amenazas de bloqueos, toma de oficinas y protestas, a partir del 20 de julio, si el gobierno –dicen- no cumple con su compromiso de apoyar obras sociales. Desde hace tiempo hemos insistido en dicho tema. ¿Qué representación oficial tiene el aludido o quién lo designó intermediario de comunidades que requieren obras sociales? Uno de los aciertos del presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, es haber decidido que los apoyos a comunidades y sectores desfavorecidos sean directos y sin intermediarios. Ni funcionarios de gobiernos estatales ni, mucho menos cabecillas de grupos acostumbrados a lucrar con la pobreza ajena. Sin embargo, tal parece que dicha medida no aplica en Oaxaca. Aquí seguimos tolerando a esos falsos redentores sociales y vividores del erario, que en su afán de obtener dinero fresco, el que consiguen lanzando amenazas como las que anotamos arriba, doblegan a las autoridades. Lo que estos pillos merecen es todo el peso de la ley. De ninguna manera mesas de diálogo o negociación.
En la medida en que el gobierno de Alejandro Murat no aplique una política de rigor ante esta serie de amenazas, los oaxaqueños seguiremos a merced de una gavilla de farsantes que con la careta de la lucha social, se atreven a poner al pueblo y al gobierno contra la pared. Están perfectamente identificados. Todo mundo los conoce y saben de qué pie cojean. El emplazamiento que hacen al gobierno merece de éste una respuesta. El gobierno como representante legítimo del Estado no debe estar sujeto a presiones ni amenazas. Debe actuar en consecuencia y no doblegarse. Porque no sólo son vividores sino oportunistas. Saben que el mes de julio es el de mayor afluencia del turismo nacional y extranjero y que es una bocanada de aire fresco a nuestra difícil situación económica. No se vale que una runfla de hampones nos echen a perder la fiesta y afecten duramente al comercio establecido y a los miles de familias que viven de la industria sin chimeneas. El gobierno estatal no debe perder de vista lo anterior y debe impedir excesos en esta temporada. Ante las amenazas la respuesta debe ser enérgica. Desde el lunes, primero de julio, ya vimos algunas muestras de oportunistas que tomaron casetas y bloquearon vialidades.
Despidos y protestas
Mientras el gobierno de la mal llamada Cuarta Transformación echó la casa por la ventana el pasado primero de julio para festejar el triunfo del presidente Andrés Manuel López Obrador en las urnas, en dicha fecha pero de 2018, miles y miles de mexicanos marcharon para protestar por las absurdas medidas económicas que tienen al país frente a la economía global, al borde del colapso. Uno de los sectores más afectados es la salud. Los recortes, la supuesta lucha contra la corrupción y otros han dejado al país sin la protección de los servicios sanitarios, sin medicinas y sin médicos. Los servicios de salud es donde se han volcado las malas ideas del presidente de México y de sus cercanos, plagando el escenario de contradicciones y medias tintas, tanto que la imagen de AMLO va en caída libre. No tarda en que caigamos en recesión y más de cien millones de mexicanos tengamos que pagar los platos rotos de políticas erráticas, sinsentido y unipersonales. Los caprichos y los empecinamientos personales no habrán de conducir sino al desastre. Se percibe en el horizonte un soterrado culto a la personalidad y un aislacionismo enfermizo que, como comentan notables analistas políticos, hacen parecer que México es autosuficiente y que no necesita de nadie. Una visión torpe, burda e ignorante.
Las cifras no mienten y reflejan hasta el día de hoy una preocupante contracción en la generación de empleos. Como decimos líneas arriba, resulta una insultante contradicción que se tenga a miles de médicos en la calle; que se haya reducido el presupuesto a los institutos, una referente mundial de la medicina mexicana; que se hayan cancelado programas sociales que buscaban atender a los más pobres, como Oportunidades, Prospera y las estancias infantiles.
En Oaxaca, una y otra vez salta la protesta de médicos que fueron despedidos sin más de lo que era el Seguro Popular, que alivió los males de millones de personas de escasos recursos, a quienes no les interesaba si ello beneficiaba a unos cuantos corruptos. En las oficinas de los Servicios de Salud de Oaxaca (SSO) se han registrado protestas y bloqueos. La semana pasada ocurrió algo similar con personal de Caminos y Puentes Federales de Ingresos (Capufe), cuando trabajadores enviados a la calle sin más, o quienes laboran en la actual Secretaría de Desarrollo Rural (Sader), que están en la tablita luego de haberle entregado a la dependencia muchos años de trabajo.


































